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Vicente Villanueva. Todos somos Encarna (de Móstoles).

“Nacida para ganar” la segunda película de este cineasta valenciano residente en Madrid es una comedia tan divertida como crítica, repleta de guiños populares, situaciones delirantes y personajes muy reconocibles.

Tu segunda película es muy castiza y a la vez bastante fallera… Sí, jeje, cuando llegué a la capital me hacía mucha gracia el carácter madrileño, así que le añadí también al guión algo de mi origen. Además, es una comedia amarga, no muy al uso, con situaciones casi surrealistas pero a la vez con unos personajes que caen bien, los entiendes y con los que es fácil identificarse, como la protagonista: Encarna… de Móstoles, interpretada por Alexandra Jiménez, con quien hablando, mientras la rodábamos, nos dimos cuenta que la peli tenía elementos de cuento: incluye una maldición, ratoncitos, la bruja, su súbdita y hasta hadas madrinas…

Sí, esas Supremas, grupo pop kitsch donde los haya… Yo quería huir de la estética de barrio y las Supremas de Móstoles me hacían mucha gracia: les pedí que grabaran la banda sonora y hacer con ellas una particular “Dreamgirls”, con un rollo irónico que recuerda a Detroit y a las auténticas The Supremes… Así que, de este modo, introduje en la ficción personajes reales que se interpretan a sí mismos.

Como, también, Victoria Abril. Ella es muy abierta de mente y súper moderna, así que me dijo que sí enseguida y entendió perfectamente el tono de la película: le divirtió mucho que usáramos con humor su status de estrella. Ahora en EEUU hay muchas divas que usan su imagen para vender cremas o gimnasios, así que resultaba divertido hacer lo mismo a la española: ella, según el argumento, deja el cine porque gana más pasta en esa compañía.

Una empresa que se basa en la engañifa del negocio piramidal, ése que alguna cuñada listilla ha intentado colarnos enarbolando sus (falsas) maravillas… Parecía que ese tipo de engañabobos estaba desaparecido, pero ha vuelto con fuerza. Todo el mundo en el rodaje había conocido a alguien metido en esa historia. Es un referente muy cercano que nunca se había utilizado en el cine. Ese tipo de negocios proceden de una cultura motivacional muy americana, por eso cuando alguien de aquí cae en sus redes, se transforma como si se hubiera metido en una secta.

Sí, además, el rol de Cristina Castaño habla todo el rato empleando citas de libros de autoayuda: otra lacra actual. María Dolores es un personaje maravilloso: no para de soltarle soflamas a su propio cerebro porque cree que así va a cambiar su vida, pero va a ser que no, porque la existencia es como un tripi que no podemos manejar. El autoengaño es peligroso. En cambio, el personaje de Alexandra es sabio: ella quiere creer en algo que no acaba de encajarle, y eso nos provoca ternura. La película es también, en este sentido, un poco Quijote moderno.

Por último, el reclamo de la eterna juventud y la belleza resplandeciente aparece en la película como un cebo irresistible que todos picamos, más o menos. Es que siempre hay en el mercado un producto que se vende como el elixir de la eternidad: me apetecía reírme de esos mensajes publicitarios que nos aseguran que vamos a vivir lozanos hasta los 200 años. Todo esto de lo que estamos hablando en esta entrevista y otros asuntos, como esas convenciones de la empresa, donde la gente va vestida como de boda rancia, te van viniendo a la mente mientras escribes y van encajando muy bien en el guión, como elementos de un árbol de navidad. Texto de Alfonso Rivera. Fotografía de NPG Jacques Mezger.

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