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Edgar Cantero. El enigma de los Wells.

El novelista y colaborador de El Jueves presenta su primera novela en inglés, que puede leerse también castellano, al contrario que anteriores trabajos escritos en catalán. “El factor sobrenatural” es una intrigante novela de misterio con toques de humor acerca de una peculiar pareja de investigadores improvisados que reciben en herencia una casa aparentemente encantada.

¿En qué lugar se sitúa esta novela con respecto a las anteriores? ¿Responden todas a un mismo estilo o van cambiando?
Yo diría que es coherente con lo que venía haciendo estos años, pero claro, yo juzgo sabiendo todo lo que he escrito; en realidad sólo han visto la luz tres novelas y poco más. Quien venga de leer Vallvi, la última que saqué en 2011, quizá se lleve una sorpresa con El factor sobrenatural, pero creo que tiene mis marcas de fábrica: el humor a destiempo, los personajes coloridos, el pecar de exceso, nunca de prudencia. No reprimo mis tics.

Una de las características de la historia es mezclar el toque clásico con lo moderno, ¿prefieres situar tus historias en la actualidad?
Rechazo de plano situarlas en algún periodo histórico porque me aburre documentarme, pero tampoco soy partidario de la inmediata actualidad. EFS, por ejemplo, transcurre en 1995 porque si A. y Niamh tuvieran Internet desde el principio todo sería demasiado fácil. He sido riguroso con la tecnología que usan (Niamh compra una de las primeras grabadoras digitales que existieron), pero normalmente no lo soy. Prefiero utilizar un presente borroso en el que convivan máquinas de escribir por estética y móviles por conveniencia.

La estructura de la novela es particular y emplea diferentes formatos, además de numerosos juegos criptográficos. ¿Te divierte más escribir así o te complicas con este tipo de juegos?
Sorprendentemente, la estructura epistolar que tanto llama la atención no fue una decisión muy madurada por mi parte. Y sí me complicó bastante las cosas a la larga, porque había partes muy difíciles de narrar usando sólo diarios o cámaras de seguridad. Pero suelo plantearme retos arbitrarios como ese. Normalmente es porque comienzo a escribir teniendo sólo una idea muy vaga del total, y me dan un poco de vértigo todas las posibilidades. Imponerme una pauta (por ejemplo, “sólo puedes usar documentos encontrados”) me ayuda, al principio.

¿Crees que te es inevitable contar las historias con humor? ¿Te apetecería escribir algo totalmente serio?
Hombre, creo que esto ya es lo bastante serio. ¿No? Bueno, supongo que no mucho, pero da igual. Sé que incluso cuando me pongo tierno o intenso, escribo con una media sonrisa y se me escapan gags, pero me gusta cómo queda.

¿Cómo ha sido el proceso de publicar esta novela en inglés y qué sabes de su repercusión en el extranjero? Al participar también de la traducción, junto a Xavi Morató, imagino que ha sido un trabajo ímprobo, como escribirla dos veces…
Veo tu “trabajo ímprobo” y subo a “coñazo”, pero voy por partes. Escribir, en general, es una gozada; hacerlo en inglés no me amargó el proceso. Más bien al contrario, me sentía muy liberado. Sí, temía la posibilidad de que cuando la leyera un nativo me la devolviese diciendo “chaval, crees que sabes inglés, pero no sabes”; pero mira, no ocurrió. Sin embargo, una vez firmas un contrato editorial, empieza el trabajo pesado. Hay correcciones, galeradas, tienes que releerte tres o cuatro veces, y acabas harto. Y en el caso de EFS, apenas había salido la versión original cuando Minotauro nos encargó la castellana. Conste que Xavi Morató hizo el grueso del trabajo, y traducir codo a codo, cuando podíamos, fue motivo de grandes risas y reminiscencias de días felices en la redacción de El Jueves. Pero claro, luego hubo que releer esa versión tres veces más. La acabamos odiando.
Pese a todo, no puedo odiarla mucho: es con diferencia la novela que me ha dado más satisfacciones, y más dinero. Quizá lo que más me sorprende es que ha pasado más de un año desde que salió en EE.UU., y sigue vendiéndose; sigue viva. Mis anteriores libros tuvieron meses o semanas de vida antes de desaparecer para siempre; The Supernatural Enhancements gana lectores cada día. Eso es asombroso.

Edgar

El hecho de ser dibujante ¿te ayuda a visualizar a los personajes? ¿Les pones cara a A. y a Niamh?
Se la pongo, aunque no por ser dibujante; mi nivel de dibujo casi nunca está a la altura. Pero es importante que los personajes tengan cara y cuerpo. Ayuda a que desarrollen todo lo que el lector sí ve.

Aparte de un toque Lovecraft, ¿qué otras influencias conscientes o inconscientes crees que hay en la novela?
Procuro enumerarlas todas en la novela misma. No siempre de modo transparente, pero todo lo que ha dado forma a EFS está ahí.

¿Crees que este tipo de historia podría contarse en cómic o novela gráfica o tus intereses cambian según el medio que utilizas?
No me la he planteado en cómic. Ni esta ni ninguna idea de las gordas, que son las que tengo en mi pizarra de proyectos chanantes. Lo más largo que he dibujado nunca fueron 24 páginas; hacer un cómic de esa escala está a años luz de mi capacidad. Y hacerlo con otra persona significaría renunciar a parte del control, y soy un maniático del control. Al final, escribo porque es lo que puedo hacer solo.

¿A qué quieres dedicarte más en el futuro?
Me veo escribiendo, sin duda, e idealmente me gustaría hacer algo de cine o tele. Sé que contradice lo del control absoluto, pero me atrevería. Tengo varias obras escritas no en forma de prosa, sino de guion, porque era más fácil desarrollar esas ideas así. Y es material que yo doy por terminado, aunque no se produzca; una vez está en papel, mi trabajo está hecho. Pero ahora que gracias a EFS he tenido alguna charla seria con gente que habla de Hollywood como si fuera un sitio real, fantaseo con hacer algo para ellos. Molaría. Texto de Roberto González.

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