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Txani Rodríguez. Vida de esta chica.

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En su nueva novela, ‘Los últimos románticos’,  Txani Rodríguez nos presenta a Irune, una mujer singular que nos hace reflexionar sobre la sociedad que estamos construyendo.

¿Cómo nace ‘Los últimos románticos’? Nace porque mi pareja trabaja en una fábrica papelera que hay cerca de Llodio y un día llegó con un lote mensual de papel higiénico que le dieron en la fábrica. En la fábrica hacen papel higiénico, industrial para gasolineras, servilletas de papel para una cadena de comida rápida y el papel que cubre las camillas de los hospitales.

Me pareció que la bolsa resumía nuestro estilo de vida actual, una forma de vida en la que vamos a toda velocidad. Había algo en la bolsa que me puso nerviosa y me hizo pensar en escribir una historia sobre una persona que trabaja en una fábrica de papel.

Irune, la protagonista, se convierte en narradora absoluta de la obra. ¿Cómo ha sido acercarte a sus pensamientos? Empecé la novela en tercera persona, pero no acababa de enganchar bien la historia. Lo pasé a primera persona y encontré la voz de Irune. Es una voz un poco extravagante. Está muy sola y le falta contacto con la realidad, lo que le lleva a conclusiones disparatadas. Allí se me abrió una puerta al humor. Por parte de ella era un humor involuntario, pero para mí era buscado. La voz de Irune es lo más importante del libro.

El romanticismo era un movimiento muy melancólico que miraba mucho al pasado. Eso es lo que hace Irune, que vive anclada en un mundo que conoció y que, poco a poco se ha ido extinguiendo.

Irune vive cerca del cementerio en la que están enterrados sus padres, incapaz de escapar de su pasado. Es un duelo que no termina de resolver y organiza su vida alrededor de esa circunstancia. Es una historia de superación. Al aplicar las enseñanzas de sus padres va avanzando. No hay que olvidar lo que nos enseñaron pero tenemos que asumir que la vida nos va a hacer acumular pérdidas. Hay que intentar ir hacia adelante aunque duela.

En la novela, todo el pueblo vive alrededor de la papelera. Da la sensación que es una crónica de nuestra sociedad más inmediata. Hay muchos pueblos unidos a las fábricas y sus cierres les pueden llevar a deprimir, como sucedió en Llodio y a otros pueblos afectados por la reconversión industrial. Eso sí, habría que buscar la formula para que los pueblos fuesen más sostenibles y que primase más el respeto al medio ambiente, algo que antes brillaba por su ausencia. No va a haber ningún reto en las próximas décadas que no pase por el medio ambiente.

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“El romanticismo era un movimiento muy melancólico que miraba mucho al pasado. Eso es lo que hace Irune, que vive anclada en un mundo que conoció y que, poco a poco se ha ido extinguiendo”.

En el libro los eucaliptos están muy presentes. Parece que generamos una naturaleza basada en la producción más que en las necesidades del hábitat en el que vivimos. Hay otros árboles que tardan muchísimo en crecer, los eucaliptos lo hacen muy rápido y enseguida se genera beneficio pero no todo tiene que ser el dinero. Igual tenemos que repensar nuestro paisaje.

Cuanto peor sea la gestión forestal, peor será la situación. Sería muy triste que todo se fuera llenando de eucaliptos. Sería una forma de arrebatarnos el paisaje, que no es poca cosa. Los eucaliptos tienen sus defensores pero, como mínimo, no se tienen que plantar en cualquier lado. Drenan mucha agua, las copas no son muy frondosas y no filtran mucha luz, de modo que se seca el entorno. Son especies pirófitas, que se dice (Las especies pirófitas tienen estrategias para soportar incendios forestales, eliminando así a parte de su competencia)

En una sociedad cada vez más individualista, los vecinos se convierten en socios silenciosos de las tragedias que suceden. Vivimos en una sociedad en la que buscamos evitar líos. Con el confinamiento nos hemos dado cuenta de quién era el vecino de enfrente. Vivimos en nuestro pequeño mundo. No queremos saber lo que sucede detrás de la puerta de al lado.

Hay varios puntos de inflexión en el libro que sacan a a Irune de su “zona de confort”. Uno de ellos es un bulto en el pecho. Sí. Hace un circuito médico que hacen muchas mujeres. A veces es una enfermedad grave, otras menos grave y otras no es nada.

El cuerpo de la mujer está muy presente en la novela. Cuando estás sola miras mucho hacia dentro. Irune se centra en su cuerpo porque tiene pocas cosas más. Se obsesiona con la enfermedad, tiene mucho miedo.

Frente al conformismo con el que parece vivir el resto del pueblo, ella busca escapadas en viajes que nunca realiza. Ella llama continuamente por teléfono a la Renfe hasta que le atiende un operador que una vez le atendió bien, o le gustó su voz. Con él mantiene conversaciones sobre rutas que no va hacer al final.

La amabilidad es el eje del libro desde los agradecimientos. La amabilidad no es un compromiso. Es contestar bien, intentar tranquilizar a quien ves mal… No cuesta tanto ser amable.

Es importante la atmósfera en el libro. Con cuatro pinceladas generas un entorno que nos resulta muy cercano. Yo vivo en Llodio. Mi padre trabajaba en la fábrica de aceros. Es un entorno que he vivido en primera persona. Recrearlo no me ha resultado difícil aunque mi intención nunca ha sido copiar la realidad. La literatura, como la pintura, no tienen que limitarse al estricto realismo, sino generar una nueva realidad.

La música de Quique González se traslada al libro. Imagino que lo dices por el título. Yo tenía varios títulos pero ninguno me convencía. Al cabo de unos días me vino a la cabeza un verso de una de sus canciones: “Las siete y media, los últimos románticos acaban acostándose con cualquiera”. Escucho mucho a Quique González y lo tenía muy en el subconsciente y enseguida afloró el título.

Es un libro que ha vivido en un tiempo de incertidumbres. ¿Cómo vives que el libro nazca en el confinamiento? La salida iba a ser el 31 de marzo para Sant Jordi. Con el confinamiento todo el proceso de detuvo. Ha salido en junio pero sin ferias y presentaciones. Me apena por el contacto con los lectores. No solo afecta al libro pero está siendo complicado. En cualquier caso, estoy muy contenta con la respuesta de la gente. Las opiniones son muy buenas y, sobre todo en redes, veo que está gustando.

De todos modos, espero que encuentre su camino, que funcione el boca a boca como antaño. Texto de Kike Infame. Fotografía de Miguel San Cristóbal.

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