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July 13, 2020

NOTICIAS FLASH:

Anna Pacheco. Literatura directa a las tripas del milenial.

annap

Es una periodista freelance que ha surfeado por los medios más trending de internet sin pelos en la lengua hablando de nuevo feminismo, de lucha de clases o a las problemáticas a las que se enfrentan la generación milenial. También la podemos escuchar en el podcast ‘Ciberlocutorio’ de Radio Primavera Sound. Y por si no fuera suficiente, Anna Pacheco acaba de publicar ‘Listas, guapas, limpias’ (Caballo de Troya, 2019) su primera novela.

Aunque te has prodigado en el campo del periodismo tu primer libro es ficción, una novela, ‘Listas, guapas, limpias’, ¿habías imaginado alguna vez que escribirías este libro? ¿Cómo ha sido la edición con Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez? La verdad es que alguna vez de pequeña lo había imaginado. Era la típica niña en el colegio que se presentaba a todos los concursos de literatura o poesía. Siempre me ha gustado escribir e inventarme historias, eso podría contarlo mi familia. Pero creo que a medida que te vas haciendo adulto, te da como más vergüenza. Así que cuando empecé ya en el periodismo, me alejé por completo de la idea de hacer ficción. Escribir con el acompañamiento de Luna y Antonio lo ha hecho todo más fácil, les debo a ellos la confianza plena y sus intuiciones. Ambos son personas realmente sensibles e inteligentes. Si no me hubieran propuesto ellos la idea de escribir un libro, este libro no habría salido adelante en estos momentos. Ni se me habría pasado por la cabeza. Escribir tu primer manuscrito con el respaldo previo de dos editores lo hace todo más confortable, sin duda.

¿Cómo planteas la historia de un libro en el que aparentemente no hay un conflicto narrativo clásico, como tal, sino más bien una historia costumbrista/reflexiva? Eso ha sido lo más difícil. Alguna gente me ha dicho que, a ratos, el libro parece una película de Rohmer pero sin burgueses. Es verdad que hay mucha contemplación, también todo el libro sucede en verano, distintos veranos. Me interesaba eso de intentar narrar el conflicto en un escenario aparentemente sencillo, cálido, imperturbable, en cierto modo. La idea de que eso mismo (unas vacaciones) fuese el germen, el espacio, donde se desencadena el conflicto me parecía interesante, me parece que lo hace todo más frustrante.

En ‘Listas, guapas, limpias’ podemos vislumbrar también una historia generacional centrada en los 90-2000 ¿qué te motivó contarla en este periodo y no en la actualidad? Como millennial que soy, me apetecía remontarme al pasado porque quería que la novela tuviera ese punto de optimismo expansionista y noventero de la burbuja inmobiliaria y que, a su vez, ya se empezara a vislumbrar, casi como una mancha de aceite, el inicio de la crisis allá por 2009, el derrumbamiento absoluto de las certezas, también la desmitificación de los padres a medida que la protagonista se va haciendo mayor… coincide el inicio de la crisis con el paso a la edad adulta de la protagonista. Me interesaba ese punto de partida de entrada bastante decadente.

La protagonista está viviendo un momento crucial en su vida, está en la universidad y conoce a chicos de los barrios altos mientras sigue quedando con su vieja amiga de la infancia para depilarse, ¿la desubicación de la protagonista es la mejor baza para autodescubrirse? Es posible. Ese desencaje es primero una fuente de dolor y frustración, y luego creo que da pie a algo un poco más constructivo que es hacerse preguntas y cuestionarse quién es, cómo es su barrio, quiénes son sus amigos de toda la vida y esos otros de la universidad, a qué se dedican sus padres, cómo son sus casas. El libro, eso sí, creo que parte, o era la idea, desde una protagonista sin apenas conciencia de clase, solo tiene intuiciones, quizás sospechas… y mucha incomodidad.

“Siempre digo que la postadolescencia me parece casi más dura que la adolescencia. En la adolescencia aún se te permite ser una desgraciada con granos en la cara que dice tonterías”.

En un momento dado la protagonista cree que le gusta un chico aunque en realidad lo que le gusta es gustar a alguien, en otro momento echa en falta los piropos de unos obreros de la calle y se martiriza porque tal vez ese día no vaya guapa ¿Crees que estas conductas han empeorado ahora que el éxito se mide en likes y followers? No, no veo una relación tan clara. La necesidad de aceptación, de aprobación, siempre ha estado ahí y posiblemente en mayor medida en las mujeres que en los hombres. Las redes sociales, como cualquier empresa, capitalizan o mercadean con nuestros afectos y la autoestima. Pero no me atrevería a decir que ahora es peor que antes. Veo chicas jóvenes muy preparadas para enfrentar el acoso verbal de la calle, o en una discoteca, por ejemplo; y quizás ese terreno ya lo han ganado, y ahora les toca estar por otras batallas. La única mala noticia es esa: que el patriarcado nos sigue jodiendo y aún nos vemos obligadas a ganar batallas y ocupar espacios, y no deberíamos tener que estar haciendo nada de eso.

¿Es también la insatisfacción sexual un terreno perfecto para mostrar que están cambiando las cosas? ¿A mejor? Espero que sí. Pienso que se habla, sin duda, más del placer femenino. ¡Tengo tres grupos de WhatsApp hablándome del Satisfyer! (risas). Creo que sí que hay un punto de desbloqueo, de superar ciertos tabúes… y también compruebo que entre algunas adolescentes feministas también discuten y comprenden la importancia de hablar del orgasmo femenino, de no ser complacientes por naturaleza cuando están con un chico. También hay otra cosa interesantísima y es que no nos dejemos embelesar por un aparato que te hace correrte en tres segundos. La periodista Noelía Ramirez escribió en SModa algo que me hizo reflexionar sobre el boom del Satisfyer. El sexo parece que se está alejando de una mirada coitocentrista y masculina, vale, bien. Pero también, cuidado, porque la idea de llegar a orgasmos instantáneos y solitarios encaja en esta idea de vidas capitalistas y ultra aceleradas. El artículo habla de la “era de la mujer optimizada”. Eso me da bastante miedito.

A menudo se glorifica el pasado pero ‘Listas, guapas, limpias’ rompes con la típica reflexión de “todo pasado fue mejor” cuando muestras el sin vivir de una protagonista que no termina nunca de estar satisfecha ¿hay una reivindicación ahí de que la post-adolescencia puede ser horrible? ¡Totalmente! Siempre digo que la postadolescencia me parece casi más dura que la adolescencia. En la adolescencia aún se te permite ser una desgraciada con granos en la cara que dice tonterías. La edad del pavo me parece menos violenta que la edad en la que te conviertes en un universitario con ínfulas de intelectual y parece que se te ha olvidado por completo quién te limpiaba el culo hace dos días, o quién te da de comer, o quién te permite estar estudiando en la ciudad, si vienes de un pueblo, por ejemplo.

Teniendo en cuenta la experiencia de la protagonista ¿Te gustaría que este libro fuese leído por adolescentes o preferiblemente por generaciones más mayores o crees que se podrían escandalizar? Por lo que me ha llegado, quienes creo que lo están disfrutando más son personas de mi generación y de clase trabajadora o de familias trabajadoras, treintañeros, o gente de veintilargos, que miran en retrospectiva el pasado y lo idiotas que quizás fueron y se sienten identificados con la protagonista, También sé que lo han leído padres y madres, y creo que no les ha escandalizado mucho. Creo, o quizás me han mentido. (risas). Texto de Bouman. Fotografía de Sofia Suárez.

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