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Nacho Vigalondo. Open Windows

Nacho Vigalondo

Open windows, con Elijah Wood, Sasha Grey y Neil Maskell, se estrena el 4 de julio.

La tercera película del responsable de títulos tan originales como “Los cronocrímenes” y “Extraterrestre” es un thriller tecnológico que vemos a través de la pantalla de cine partida en múltiples ventanas de ordenador, donde pasa casi de todo. Un film presentado en el último SXSW de Austin que cuenta con Elijah Wood y la ex porno star Sasha Grey como protagonistas y promete, como sus anteriores obras, no dejar indiferente ni a la crítica ni al público.

¿Nos está convirtiendo internet en monstruos, en voyeurs incorregibles? En niños: ellos no tienen rubor a la hora de ser indiscretos y tienen la capacidad de atención hecha trizas. Estamos volviendo a ser casi bebés. Me gusta pensar en la evolución del espectador con el paso del tiempo: creo que aunque vemos más cine que nunca, la capacidad para leer en imágenes no es más aguda que antes. Igual vemos cinco veces más películas que un adulto de hace 20 años, pero no creo que seamos espectadores más agudos. Yo veo blockbusters de los setenta, como “French Connection”, que fue la más taquillera del 71, y el espectador de entonces era más sofisticado: ahora necesita que el subtexto de la película esté sobre explicado. Hoy triunfan películas que proclaman su mensaje en voz alta, algo que me parece abominable. Puedes hacer que tu personaje hable en voz alta, pero que lo haga de la metáfora que hay detrás de la película me parece terrible, muy preocupante.

“Soy un director de culto y cuesta abajo”

Quizás la velocidad de consumo no nos permite pararnos a pensar en las cosas y preferimos que nos lo den todo masticado, para seguir engullendo. Las películas diseñadas para arrasar en taquilla hoy son más fáciles de ver que las que tenían esa misma ambición hace treinta o cuarenta años: eso me hace pensar que como espectadores no somos mejores que antes, aunque veamos más películas.

¿Nos estamos deshumanizando también con internet al poder espiar a una persona desnuda con un simple click? Sí, nos hemos descubierto como explotadores en potencia. Estamos de acuerdo en que es un crimen que se haya filtrado un vídeo íntimo de una persona, que hay que castigar eso y no deseamos que nos pase a nosotros, sin embargo esa firmeza se viene abajo cuando tenemos la oportunidad de acceder a esa información sin ser registrados.

¿Ese anonimato nos convierte en criminales no fichados? No hemos reflexionado mucho sobre hasta qué punto nuestros valores son volubles y maleables por la tecnología. Es un tema delicado: tenemos aparatos que nos pueden convertir en un villano, algo que hace poco era impensable y, de repente, sucede. No estamos manejando una tecnología en función de unas convicciones, sino que la tecnología cambia esas convicciones por completo. Cuando en twitter alguien a quien no conozco me insulta, sé perfectamente que jamás lo haría cara a cara. Los haters que tienen fijación contigo, en otras condiciones jamás habrían acumulado ese odio hacia mí y jamás intentarían humillarme: es el medio lo que está provocando todo eso. Nos falta la distancia histórica para poder analizarlo. “Open windows” gira alrededor de ello.

¿Es ésta tu película con menos humor? Tiene que ver con el cambio del lenguaje. En esta película la forma es bastante tirana y no tengo la libertad de antes para manejar el tono. Es la primera película anclada en la realidad inmediata: es una película fantástica pero los temas que plantea tienen que ver con la inmediatez. Me ha llevado por ese territorio, pero no ha sido una decisión consciente: es la propia película la que manda. Yo defiendo mucho que las películas sean más importantes e inteligentes que los directores: es la película la que manda en realidad, la que va decidiendo cómo es. Yo que tengo una carrera y evolución un poco rara, me gustaría seguir un sendero más fácil de asimilar, pero es que son los proyectos los que mandan cómo son.

Entonces… ¿te ha “poseído” tu criatura? Siempre. Me gustaría que mis películas gustasen mucho a todo el mundo, pero cuando la película empieza a definirse a sí misma, es ella la que impone “esto hay que hacerlo así”, aunque te cierre a algún tipo de espectador.

Pero, ¿te gusta que te bauticen como director de culto? Es una categoría que, como todas, ayuda al pensamiento a etiquetar, algo no necesariamente malo. Tampoco me la aplico a mí mismo: no tienes eso presente cuando estás escribiendo o planificando. No me levanto por la mañana y digo “Voy a escribir un guión de culto”. No funciona así. Son etiquetas divertidas, pero no vives con ello. Y tiene algo de halago y una connotación negativa evidente: yo digo que soy director “de culto y cuesta abajo”.

Hablando de directores de culto, hay que reseñar a Brian de Palma, cuya huella está impresa en “Open windows”… Mientras en “Los cronocrímenes” tuve presente “Doble cuerpo”, con esta tuve en mente “Impacto”: coincide en que el personaje avanza, no a través de sus sentidos, sino de la tecnología; también se retuerce el triangulo tradicional añejo del héroe, la victima y el monstruo. De alguna manera tiro del mismo material de derribo: es una película que me encanta.

También se percibe la influencia de Hitchcock y hasta de Dario Argento. A mí me gusta más Mario Bava. Pero creo que la película que inaugura el giallo como género es “Psicosis”: el planteamiento formal, el unir esa cámara a esa agresividad, sexualidad y tormento psicológico del villano es puro giallo, con menos color. Y sí, la influencia de Hitchcock es como el oxígeno: no puedes evitar respirarlo, está ahí, es inconmensurable. Cuando quieres jugar a que la película pueda ser perversa o utilice la perversidad a su favor, ya estás en su territorio. Admiro como él se transportó en sus películas: ha sido fácil ver sus debilidades en su cine. Es un personaje lleno de claroscuros porque los hemos visto a través de sus películas: eso me parece muy interesante, el que estés desnudo en la película como director, que te hayas expuesto hasta ese punto.

El espectador ya empieza a ver a Nacho Vigalondo y sus fijaciones en sus películas. Eso es una buena noticia, porque lo terrible sería que yo intentase venderme como un tío alucinante. A veces, a los directores se nos exige ser superhombres hábiles socialmente, una especie de machos alfa de la industria cultural. Creo que el interés está en exponer nuestras miserias, no nuestros atributos.

Entrevista realizada en persona en Madrid, el 21 de mayo

Nacho Vigalondo (Cabezón de la Sal, Cantabria, 1977) es un hombre orquesta hiperactivo e inquieto que ocupó por primera vez las portadas cuando su tercer cortometraje “7:35 de la mañana” quedó finalista en los Oscars de 2003. Desde entonces no ha parado de actuar, dirigir (incluso capítulos de “Muchachada nui”) y escribir siempre en el filo del riesgo. Porque sus películas y cortos son todo meno convencionales: basta recordar su ópera prima, “Los cronocrímenes”, una fábula sobre viajes en el tiempo y multiplicidad que protagonizó Karra Elejalde; o su siguiente largometraje, “Extraterrestre”, una comedia romántica con invasión alienígena de fondo que tenía a Julián Villagrán y a Michelle Jenner como principales intérpretes. “Open windows”, una coproducción con Francia y EEUU y rodada en inglés, vuelve a ser un intento de romper moldes: un film que exige máxima atención mientras plantea una crítica a los mecanismos de comunicación con los que nos movemos en la era del adsl.

 

 

Alfonso Rivera

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