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domingo, junio 7, 2020

Leticia Dolera. El mundo del revés.

La actriz catalana codirige, coescribe –junto a Manuel Burque- y coprotagoniza la serie española del año: ‘Vida perfecta’, una divertidísima reflexión sobre la existencia moderna y las estructuras sociales impuestas, que se presentó en el Velódromo de Anoeta de San Sebastián dentro de su 67º Festival Internacional de Cine y que en octubre emitirá Movistar + para regocijo de su audiencia.

¿Por qué has decidido repartir la dirección de la serie con otras dos cineastas? Yo no las conocía personalmente previamente, pero quería que la serie fuera también una plataforma para directoras que fueran noveles o casi y confiar en ellas para dar el salto a un proyecto grande como éste. Yo había visto ‘Júlia Ist’, de Elena Martín: me gustaba mucho a nivel estético y de dirección, porque estaba contando todo desde la verdad y la organicidad de los personajes. Y Ginesta Guindal llega al proyecto porque la directora de arte de la serie, con quien yo había hecho mi película ‘Requisitos para ser una persona normal’ había trabajado con ella en varias publicidades y me dijo que podía ser alguien con quien me iba a entender: le gustaba la dirección de actores. Vi que ellas se acercaban a los guiones centrándose en los personajes, más que en la trama: además tenían pasión, ganas, interés y talento. Compartíamos sensibilidad. Quería que se sintieran realizadas como directoras, que aportaran su punto de vista y se sintieran cómodas en un proyecto donde ya estaban marcados el tono y la intención estética. Además, a ellas también les interpelaban las historias y las sintieron muy suyas.

Además de sorpresas en el casting, como Carmen Machi o Fernando Colomo, aparece también Enric Auquer, que se sale de bueno en ‘Quien a hierro mata’. La directora de casting de mi serie es la misma que en el filme de Paco (Plaza). Ella me lo propuso y me fascinó. Hicimos una prueba donde comprobé que es un actor buenísimo, con mucha sensibilidad e intuición, además muy moldeable. Se deja dirigir y teníamos él y yo una química muy fluida.

“Quería incorporar al proyecto a otras directoras que aportaran su punto de vista y se sintieran cómodas en una serie donde ya estaban marcados el tono y la intención estética. Además, a ellas también les interpelaban las historias y las sintieron muy suyas”.

Enric consigue ser muy creíble sin caer en lo patético. Hace un papelón. Para mí era importante el acercamiento a la discapacidad, que fuera empoderador pero no paternalista: encontrar el equilibrio entre la verdad (la dificultad que supone tener una discapacidad en una sociedad como la actual) y mostrar que estas personas tienen deseos, vida sexual, pueden ser independientes, padres y madres, pero sin idealizarlo.

En la serie, las chicas protagonistas –con toda naturalidad- se tiran pedos, se masturban o sufren las hemorroides… como cualquier personaje masculino. Sí, es como que las chicas también nos masturbamos y también hacemos caca (risas). Además, creo que el personaje de Cris es claramente el que más perspectiva de género tiene, porque encarna a la súper woman, esa responsabilidad y carga mental que sufren principalmente las mujeres, pero los temas de la serie son universales: enfrentarte a lo que es el éxito o el fracaso, la familia, el enamorarte o desenamorarte, el aspirar a una vida y sentirte frustrado porque no lo consigues o una vez conseguido eres infeliz.

En la banda sonora se oyen muchas voces femeninas… hasta Mónica Naranjo en un momento de subidón. Se escuchan sólo tres canciones que cantan chicos. Hay ahí intencionalidad política, pero también cierta tendencia natural a la hora de elegirlas, pues me pegaba más escuchar una voz de mujer. Texto de Alfonso Rivera.

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