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Auditorio y centro socio cultural Soreasu. Haciendo de la necesidad, virtud.

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Podría parecer a simple vista un mero ejemplo de deconstructivismo de ese que vivimos o mejor “padecimos” en la década de los años 80-90 del pasado siglo. Algún lector igual ni lo conoció, pero inundó el mundo de los concursos de arquitectura, al igual que lo hizo en los proyectos fin de carrera de las Escuelas de Arquitectura. Con muy pocos casos de apreciable calidad, entre tanta profusión arquitectónica. Todo aquello dicho por lo abigarrado, retorcido y aparentemente complejo del edificio, pero aquí se aprecia una respuesta adecuada a dos condicionantes de partida, como son la singularidad de la localización y el variado programa funcional a desarrollar, lejos del efectismo formalista y espectáculo caprichoso de aquel movimiento arquitectónico.

El proyecto original de edificio que se ha remodelado recientemente ya había marcado los mimbres en el proyecto ejecutado, de lo que luego ha sido retocado para su adecuación a nuevas necesidades. Ya desde su implantación en la trama urbana resulta atípico, ya que el edificio se presenta al interior de la manzana y su fachada más urbana hacia el caserío tradicional de Azpetia, lo constituye un edificio histórico accediéndose a través de una galería o pasaje bastante tétrico.

Sin embargo, una vez en el interior de la manzana, el corazón se ensancha para apreciar una eclosión de formas, texturas y materiales, con cuerpos volados, espacios de terrazas, galerías acristaladas, pasarelas, etc.

De tal forma que el espacio de acceso desde este punto, se reduce al mínimo, es al caso el ancho de una calle interior, eso sí, para abrir una plaza hacia el lado posterior que da verdadera réplica a la relevancia y singularidad del edificio representativo de equipamiento público de que se trata.

Resolviendo el conjunto del edificio y sus espacios adyacentes un remate del casco urbano muy acertado, que se adecúa y transita hacia la nueva edificación residencial que existe fuera de este casco tradicional.

Los diferentes cuerpos se disponen de manera que crean unos recorridos entre sus accesos muy agradables asemejando el paseo por calles estrechas de cualquier casco antiguo, originando a su vez ricas y variadas perspectivas, llevando el edificio a la escala humana en cuanto nos acercamos a él.

El edificio se jalona de detalles apreciables, como es el caso del despiece del revestimiento exterior del volumen principal del propio teatro, así como del cuerpo que hace de basamento.

Variedad en los pliegues y orientaciones de los paneles de aluminio, que contribuyen a la idea de ruptura de edificio monolítico, fraccionamiento y dinamismo, perseguida desde el proyecto. Ya que se generó como “cuerpos envolventes” del auditorio.

En definitiva, se puede hablar de edificio de múltiples fachadas, que son el resultado de la configuración funcional y espacial del interior del edificio. El equipo de arquitectos ha tenido que valorar constantemente la repercusión de las soluciones del interior en el exterior y viceversa.

Los materiales empleados en los revestimientos exteriores… acero, aluminio, madera, vidrio y granito, se presentan en adecuada armonía y con sinceridad constructiva. Los granitos como revestimientos de zócalos, maderas en partes móviles, acristalamientos en pasos y galerías, y aceros y aluminios por doquier, en variadas combinaciones.

El patio de butacas del auditorio se dispone en una acusada pendiente, lo que favorece su funcionalidad, con la singularidad de que una parte de ella se eleva a modo de anfiteatro, creando una asimetría que dota de gran plasticidad y dinamismo al espacio interior.

AUDITORIO Y CENTRO SOCIO CULTURAL SOREASU. AZPEITIA.

Autor: Asier Acuriola Arquitectos.

Remodelación: Hiritik At. Colaboradores LZB arkitektura
Ubicación: Soreasu. Azpeitia. Gipuzkoa.

Lo mejor: Lo acertado de la idea generatriz.

Un detalle: La disposición de los resaltos en granito y madera en los exteriores.

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