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domingo, junio 7, 2020

Nathalie Poza. Robando Binladens.

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La actriz madrileña da vida a una atracadora tuerta con muy malas pulgas en ‘70 Binladens’, de Koldo Serra. Una cinta rodada en Santutxu y Rodríguez Arias en el que están en juego unos cuantos billetes de 500 euros ( binladens). Este trepidante thriller que remite al cine quinqui o a los primeros filmes de Enrique Urbizu como ‘Todo por la pasta’-cuenta con un reparto de excepción que también incluye a Hugo Silva y Emma Súarez.

Lola, tu personaje, es muy particular y llamativo, ¿cómo lo creasteis? ¿Influyó más el guion, la dirección, tu interpretación…o una combinación de todo? Es un personaje que tenía que ser muy impactante de entrada. En el guion no había mucha información sobre su pasado. El personaje de Emma Suárez sí estaba más desarrollado en ese sentido. Lo comparo con ir por la calle y ver a una persona de la que no sabes nada pero sí sabes que le pasa algo…hasta el punto de que quieres cambiarte de acera, como ocurriría en este caso (Risas). Lola, encarna, junto al personaje de Hugo, el conflicto de la película, que arranca cuando ellos entran en el banco. Ella es muy de acción y en esa acción había que crearle un lenguaje propio. Todo eso lo tuve que crear antes de llegar a rodaje. Tenía que darme el permiso para ser muy maleducada, muy invasiva… Fue una apuesta muy al límite, pero…hay que arriesgar.

¿Tuviste alguna base o inspiración a la hora de imaginar cómo hablaba? Traté de masculinizar o incluso animalizar la voz. No es una mujer que tenga una educación o que cultive su intelecto. Tampoco se preocupa por complacer ni por cuidar su imagen. Trabajé mucho desde el gruñido. Todo lo que yo pueda tener de femenina o delicada lo traté de quitar de cuajo. Ahí intervino mucho el vestuario. Calzarme las botas y pisar con ellas era fundamental para entrar en este personaje. Intentábamos que fuera un personaje que no se supiera si es un tío o una tía hasta que no se quita la media de la cabeza. Sobre todo no queríamos que fuera una especie de Lara Croft que entra en robar. Fue Koldo el que tuvo la brillante idea de que hubiera perdido un ojo. Eso también te da una energía muy especial porque no ves bien. Llevaba una lentilla blanca y si me venía alguien por la izquierda no veía nada. Eso me mantenía en guardia. Esto también le daba un aire de animal herido. Podría ser como un mono con pistola, que sería muy peligroso, o una especie de perra herida.

“Tuve que darme el permiso para ser muy maleducada, muy invasiva… Fue una apuesta muy al límite, pero…hay que arriesgar”.

He leído una anécdota sobre lo del ojo. Hay quien dice que son sincronías mágicas. La gente más pragmática dice que son focos de interés, pero cuando estás obsesionado con algo todo lo que te rodea se empieza a teñir del proyecto en el que estás trabajando. Estábamos en Bilbao cuando el partido del Spartak de Moscú y había unos hinchas en nuestro hotel. Uno de ellos, al que daba mucho miedo mirar, tenía un ojo de cristal. Eran criaturas muy imponentes. Cuando subí en el avión de vuelta a Madrid -ni siquiera habíamos empezado a rodar- Koldo me envío una foto de un gato tuerto y me escribió: “Creo que ya lo tengo”. Que tuviera así el ojo infundía cierto respeto y cierto miedo y pensamos: “Esto es lo que tiene que pasar cuando miras a Lola”.

El que fuera una producción pequeña y en pocas localizaciones, ¿hace las cosas más fáciles? Nos ayudó muchísimo. Al principio se iba a rodar en un plató en Madrid pero de repente apareció este maravilloso edificio abandonado de la BBK en Bilbao y también una plaza muy emblemática donde se han rodado los exteriores, que ayudaba mucho para crear esa atmósfera muy setentera y muy quinqui. Y allí estuvimos encerrados durante las semanas que duró el rodaje. Aprovechábamos todo, hasta usábamos los baños. Estar allí encerrados a mí me ayudaba mucho. Además pasábamos mucho calor, no veíamos la luz de fuera…eso me hacía meterme mucho en situación.

La película muestra una gran variedad de personajes tanto masculinos como femeninos y es interesante cómo interactúan tu personaje y el de Emma Suárez. A pesar de ser muy diferentes, ¿crees que tienen cosas en común? Creo que sí. A las dos nos apetecía mucho protagonizar una película pero es que además, a partir de cierta edad, no esperamos que nos lleguen papeles de acción. Fue Koldo el que empujó para que fueran dos mujeres de cierta edad, lo que le da cierto empaque a la historia. Son dos mujeres que han tenido una vida y que tienen un recorrido. Están dispuestas a hacer lo que sea para conseguir sus objetivos, que tienen mucho que ver con alcanzar el poder y conseguir pasta. No son dos angelitos. El personaje de Emma es más enigmático y misterioso y muy cerebral que es justo lo que contrasta con el personaje de Lola que es puro impulso y visceralidad. Ahí hay dos fieras enfrentadas , o en complicidad, eso lo tiene que descubrir el espectador.

“Koldo Serra empujó para que mi personaje y el de Emma Suárez fueran dos mujeres de cierta edad, que han tenido un recorrido. Están dispuestas a hacer lo que sea para conseguir sus objetivos, que tienen mucho que ver con alcanzar el poder y conseguir pasta”.

Koldo Serra parece tener las ideas muy claras. Es un tío pequeño pero es arrollador, encantador y crea una atmósfera de rodaje increíble. Hace familia, cero mal rollos. Hay momentos como la salida del banco de Emma Suárez que demuestran su maestría. Este universo del cómic y los referentes setenteros que tiene, el cine de Sam Peckinpah, ‘Deprisa, deprisa’ de Carlos Saura…Le puedes contar lo que sea y él siempre te escucha y te lo celebra, aunque luego te pueda decir que no. No es un director celoso de sus propios personajes. Prefiere que te vayas al punto más alto del riesgo y luego ya él te sujeta. Por eso hacemos todo lo que él diga, incluso echar horas extra en el rodaje. Es imposible decirle que no.

En Sitges comentó que no dejabas el personaje ni cuando decían ‘Corten’. No podía parar. Le pedí permiso al principio, antes de rodar. Era imposible mantener la energía que tiene este personaje si lo estaba constantemente interrumpiendo. Una vez tuve que parar durante una semana y cuando volví Koldo me dijo que me faltaba energía y era porque me había relajado…No me iba a ir a casa pegando patadas a la puerta.

Tuve la oportunidad de ver la película en el Festival de Sitges. Mi sensación es que fue muy bien recibida. Nunca había estado en ese festival. La acogida de la película no se volverá a repetir como allí. El auditorio tiene una acústica maravillosa. El público tiene una entrega total con los filmes que allí se proyectan. Pase lo que pase con esta película eso me lo llevo yo a mi corazón para siempre. Espero volver pronto.

Tras haber sido nominada varias veces a los Goya ganaste gracias a ‘No sé decir adiós’. Aparte del impulso y la satisfacción que esto te da, ¿se traduce en más ofertas de papeles? Sí que me han llegado más propuestas. Hay que tener cuidado, elegir bien y no lanzarse a todo. También hay que parar un poco. El año pasado fue intensísimo. Tuve mucho curro. Estuve haciendo teatro, la peli de Amenábar (‘Mientras dure la guerra’)…muchas cosas maravillosas pero a veces hay que templar un poco y volver a la carga. Texto de Roberto González.

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