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Ara Malikian. Un violín con sentimiento.

AraMalikian

El próximo 29 de diciembre, Bilbao podrá disfrutar de un virtuoso del violín, Ara Malikian. El que describen como ‘un rockero con violín’ volverá a demostrar su energía y fuerza encima de un escenario. Un espectáculo lleno de vitalidad, pero sobre todo de emoción y felicidad, lo que él quiere transmitir a su público.

El corral de comedias es el leitmotiv para esta segunda parte de tu gira ‘La Increíble Gira del Violín’. ¿Qué veremos en Bilbao en el mes de diciembre? Seguimos con esta gira increíble que nos ha llevado a muchas partes del mundo, siempre en escenarios muy grandes. La idea, y por eso está un poco inspirada en esos corrales de comedias, es trasladar a ese público a esa escenografía tan característica del Siglo de Oro español. Como si fuese un teatro más pequeño, más íntimo.

Pero más en concreto, este espectáculo cuenta la historia de mi violín. No es un instrumento valioso económicamente, pero si sentimentalmente ya que era de mi abuelo. Y cuento su historia pasando por clásicos como Bach o Mozart a otros más actuales como David Bowie o Jimi Hendrix. Al final es una comparación con mi vida; la historia de mi vida, pero a través de mi fiel compañero que es el violín.

Una vida, la tuya, que no ha sido nada fácil. Eras un niño que nació en Beirut y que vió con sus propios ojos una guerra civil. ¿Cómo recuerdas aquello? Fueron dificultades que a los niños de mi generación nos tocó vivir y por ello maduramos más rápido de lo normal. Cuando eres niño es la época de ser niños y de jugar, y nosotros no tuvimos esa suerte. Pese a todo, no tengo unas graves secuelas que me impidan seguir viviendo y seguir siendo feliz. Es más, hoy me siento más niño que hace 30 años.

Además, eras un niño al que ya con 3 o 4 años su padre le dió un violín. Y desde entonces no has parado de interpretar, de hacer conciertos, recibir premios… ¿Has cumplido la mayor parte de los sueños que perseguías en este sentido? Para mí, el sueño es seguir haciendo música que es lo que me encanta y con lo que soy feliz y disfruto cada día. Pero no pienso que he alcanzado el máximo. Desde niño nunca me he quedado en lo que sabía; siempre he buscado más conocimientos, aprender más y hacer más cosas.

Una prolífica carrera donde lo mismo interpretas una pieza de los grandes clásicos que te atreves con música de grupos como Extremoduro o piezas con aires flamencos o melodías que recuerdan a tus raíces armenias. A mí me gusta la música y ahí entran muchos estilos y muy dispares entre sí. Creo que hay que quitar etiquetas a la música. El hecho de tocar con géneros muy distintos es que yo les aporto mi propia personalidad. Yo toco a mi manera, con mi propia interpretación, con mi manera de entender esas canciones. Y todo lo hago con el mismo fin, que es llegar al público que ha ido a ver uno de mis conciertos.

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“Este espectáculo cuenta la historia de mi violín. No es un instrumento valioso económicamente, pero sí sentimentalmente ya que era de mi abuelo. Y cuento su historia pasando por clásicos como Bach o Mozart a otros más actuales como David Bowie o Jimi Hendrix”.

Un público que disfruta de tus conciertos y que sale maravillado. ¿Qué espera uno de ellos cuando se está subido a un escenario? Creo que mi concepto de ofrecer un concierto ha cambiado en las últimas décadas. Si me hubieras preguntado hace 20 años te habría dicho que mi obsesión era la técnica, que todo estuviera perfecto, que no fallase ninguna nota. Tocaba para mi satisfacción, la de un crítico musical, un productor o un mánager. Ahora todo lo hago al servicio del público y eso me hace muy feliz. Mi objetivo es compartir con mi público esas emociones que quiero transmitir. Es una ida y vuelta de sensaciones entre el escenario y el público.

La gente que acude a tus conciertos es de edades muy diversas. En ocasiones has dicho que lo que más te gusta es actuar para niños, y eso que es un público difícil. Son maravillosos. Para mí es muy enriquecedor tocar para un público tan joven. Me ha cambiado la vida desde que toco para niños, ha cambiado mi interpretación y mi concepto de la música. Además, me encanta lo honestos y sinceros que son, me divierte mucho. Si un niño dice que tu música no le gusta o que se aburre, te lo dice tranquilamente (risas). Y es, sin duda, esa honestidad la que deberíamos conservar siendo adultos.

En relación con los niños, defiendes también que en los colegios o en las casas haya una mayor educación musical desde edades tempranas. Sí, creo que nunca hay suficiente arte y cultura. La música, el teatro, la literatura, el acceso a una biblioteca, a la lectura… es algo esencial para el desarrollo de un niño y en lo que en un futuro será como persona adulta. Creo que ese acceso a la cultura hace a los hombres más humanos, más respetuosos con lo que les rodea, y es una forma de mejorar la sociedad en la que vivimos. Entonces sí, yo apoyo que haya una mayor educación musical y artística desde pequeños.

Una preocupación por la sociedad que también reflejas en tu implicación personal y como músico en muchas causas solidarias y humanas. Es un deber preocuparnos por la sociedad. Las personas que, en cierta manera, somos conocidas y nos dirigimos a un público, tenemos esa responsabilidad y esa oportunidad de concienciarlos sobre cómo podemos mejorar el mundo que nos rodea.

Para terminar la entrevista con temas más livianos, ¿pasas las 24 horas al día con uno de los tantos violines que tienes? Sí, es cierto que paso mucho tiempo con un violín y mi hijo a veces se queja (risas), pero no por ello intento robar tiempo a mi familia o a mi hijo. Tengo muchos violines: algunos heredados de mi padre, otros que me han regalado o que yo mismo he comprado. Los cuido, no los trato mal pero no llego al nivel de mi padre que era un fanático en la limpieza de sus violines. Les doy buena vida, pero no llego a humanizarlos ni a personalizarlos; es decir, no les hablo, ni les pongo nombres y no duermo con ellos como pueda pensar la gente (risas).

¿Y entre tus posesiones tienes algún Stradivarius? Ya podría, pero no tengo tanto dinero como para comprarme uno, y es que al final son los mejores del mundo. Sin embargo, si lo ves desde una perspectiva de calidad/precio no resultan muy rentables por su elevado coste (risas). Texto de Victoria Herrero.

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