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Centro de interpretación y recepción de visitantes de la Ermita de la Antigua. El bosque acogedor.

ErmitaAntigua

Saliendo del centro de la localidad de Zumárraga en dirección a la carretera de circunvalación, nada más pasar la Parroquia y poco antes de la gasolinera tomaremos a la izquierda una carretera que tras unos dos kilómetros de ascensión nos conduce hasta la ermita de la Antigua (cuyos primeros indicios de la iglesia datan del año 1366). El lugar permite disfrutar de unas hermosas vistas sobre Legazpi, Zumárraga, Urretxu, Irimo. Cuenta también con un área de recreo familiar con arbolado (hayedo) mesas y bancos de piedra.

Una amplia visera de losa de hormigón sobre un “bosque” de pilares metálicos nos recibe, es la primera imagen del edificio que se aprecia al llegar, dejando al fondo una amplia cristalera. Sobre esta imagen emergen los tragaluces y lucernarios sobre el verde del paisaje. Una vez traspasado el porche y el amplio cerramiento acristalado, es decir, una vez dentro, es un prominente lucernario corrido el que a modo de grieta zigzagueante en el techo nos dirige en un recorrido tangencial bien hacia la cafetería o hacia las salas expositivas.

Como no podía ser de otra forma, el edificio se resuelve semienterrado para su mejor adaptación a la topografía del lugar y su integración en el paisaje. En este sentido, aprovecho para reseñar un proyecto de este tipo de cierto interés para curiosos, como es Centro de recepción de visitantes del Yacimiento Arqueológico de Clunia en tierras burgalesas de Linazasoro & Sánchez.

Este tipo de edificios semienterrados se resuelve desde las secciones del mismo y el alzado, que suele ser único, eso sí con la importancia que cobra el tratamiento de la planta de cubiertas en lo que supone una cubierta vegetal salpicada de elementos de iluminación, ventilación y en algún caso instalaciones, para el mejor acondicionamiento energético del edificio. Formalmente el alzado se ejecuta como un plano quebrado en continuo zigzageo adaptativo a las curvas de nivel del terreno y que es el eje estructurante que resuelve la propia planta del edificio.

Resulta más que reseñable la interpretación que se da al respecto del leitmotiv de la obra de arquitectura en cuanto a los aspectos de diseño, que no es otro que el propio bosque circundante, reflejados en los 600 pilares de tubo de acero en diferentes secciones y colores, siempre en gamas de verdes o marrones, lo que ayuda a su integración, rememorando el boscaje del paisaje vasco. Este es el caso de los elementos de protección de las barandillas, de cierres “permeables” en determinadas zonas de la fachada, en los aseos públicos, en pequeñas perforaciones de la losa de entrada, en las propias luminarias colgantes, etc. Y lo que resulta ser más curioso es como si se hubieran empleado estos tubos de moldeado del encofrado de los paneles de hormigón, (indistintamente empleados al interior o al exterior), dejando una superficie en semicírculos de diferentes tamaños.

El nuevo edificio cuenta con salas de exposiciones que dan a conocer la evolución histórica tanto de Zumárraga como de la Ermita Santuario de la Antigua (no dejen de visitarla) en las estribaciones del monte Beloki. Igualmente se incorpora un bar-restaurante.

Queda manifiesto el gusto del equipo de arquitectos por el diseño y el detalle en sus obras, lo que ha motivado, al parecer, alguna que otra colaboración con el prestigioso estudio de arquitectos RCR (Aranda Pigem Vilalta Arquitectos), Premio Pritzker del pasado año. Obras destacadas de este estudio son el molí de la Calvaría de Calldetenes (Vic) y la Casa Basalto de Olot (Garrotxa).

Una escapada más que recomendable a la cuna de conquistadores como Miguel López de Legazpi y de paso marcarse una Ezpatadantza o un Aurresku, a elegir. Texto de Leonardo Ignacio Ferreras.

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