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domingo, junio 7, 2020

Soka. Responsabilidad y culpa.

Soka

El actor Iñaki Rikarte encarna en “Soka” a un profesor de gimnasia que encuentra el cuerpo de uno de sus alumnos que se ha ahorcado con la cuerda de entrenamiento. A partir de ahí se desarrolla un monólogo que plantea una reflexión ética sobre un tema candente, el acoso escolar.

La obra surge del proyecto “Nuevas dramaturgias” impulsado por la capitalidad cultural europea de San Sebastián 2016. Hubo una convocatoria pública para gente que tuviese interés en la dramaturgia. El comité de selección elegía los proyectos que más le interesaban y a partir de ahí se trabajaban con Mireia Gabilondo y Patxo Tellería. El compromiso que adquiría la organización era que los teatros públicos, Principal de Vitoria, Arriaga de Bilbao y Victoria Eugenia de Donostia, se comprometían a elegir una de esas ocho piezas finales para producirla. “Soka” ha terminado siendo una coproducción de la compañía Tanttaka y el Victoria Eugenia.

La obra plantea una reflexión sobre el acoso escolar. Mikel Gurrea, el autor, no ha querido escribir tanto sobre el acoso sino una historia en la que el acoso es el contexto y la reflexión tiene más que ver con los conceptos escurridizos de la responsabilidad y la culpa, de cómo necesitamos encontrar culpables para etiquetar las cosas y de cómo la responsabilidad es algo más incómodo que atañe a más gente. Tiene un componente de thriller pero lo que más empatía puede generar en el público tiene que ver con su propia experiencia. El público también es responsable porque se le otorga un rol, se siente también responsable de lo que sucede. Los que denunciamos el acoso a veces estamos participando en otro tipo de acoso, sin tener en cuenta la presunción de inocencia. Estamos participando de un linchamiento público, un bullying contra un “inocente”, entre comillas, porque aquí nadie es inocente, todos tenemos nuestra responsabilidad.

¿Es una obra muy intensa a la hora de interpretarla? Se juntan varias cosas. Primero, el hecho de que sea un monólogo y que no haya nadie más en escena. Además, el tema es duro y la situación por la que pasa el personaje es terrorífica. Tengo la suerte de haber trabajado con un director estupendo, Fernando Bernués, y sobre todo tener el apoyo de un gran texto porque Mikel, a pesar de que se enfrentaba a su primer texto teatral, ha escrito desde un lugar muy sabio y muy inteligente.

La obra tendrá un recorrido internacional. Vamos en abril a Caracas y luego en agosto a Urugay. Más adelante ya se verá, si la cosa sale bien.

Has vivido en Madrid y ahora en Donostia, ¿qué diferencias encuentras en el mundo del teatro? Está difícil en todas partes. En Madrid aparece la oportunidad de participar en proyectos que quizá aquí no surgen pero en el País Vasco existe más apoyo al teatro independiente. En Madrid el apoyo que se encuentra el actor es un poco el que se pueda encontrar a través de contactos que vaya haciendo.

Has dirigido, escrito, interpretado, has hecho cosas para cine…¿el trabajo te exige esa diversificación? Más que una exigencia ha sido voluntario porque son todo campos fascinantes. He tenido la oportunidad de desarrollar diferentes facetas pero al final todo consiste en ponerse en la piel de otro. Texto de Roberto González. Fotografía de Aitor Matauco.

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