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domingo, junio 7, 2020

Modelado poliédrico. El gordo y el flaco.

Arquitect

El edificio de las nuevas oficinas municipales de Bilbao se configura en forma de “U”, si bien, la imagen que proyecta es la de dos cuerpos segregados, dialogando entre sí, pero con características bien diferenciadas, uno bajo y “gordo” y otro más alto y “delgado”. Es por esto que he dado en llamarlos el Gordo y el Flaco, rememorando (aunque sea un tanto forzado) a la inolvidable pareja de cómicos.

Las escaleras avanzan como una cuña produciendo una grieta en el edificio de la que se generan los dos volúmenes principales que toman morfologías distintas dentro del mismo lenguaje arquitectónico y de materiales, y se escalonan en altura para acordar éstas a las de los edificios contiguos.

Esta configuración posibilita el recorrido peatonal urbano atravesando el edificio para acceder a la calle San Agustín. A la vez crea un espacio público exterior previo de acceso a la planta baja de uno de los edificios al aprovechar el gran vuelo de este cuerpo.

La escalinata pasa a ser el patio del edificio. Este recurso no por ya visto (edificio del Basque Culinary Center, p.e.) dejar de ser perfectamente aplicable al caso, integrándose como espacio público previo de relación y configurando por otro lado un patio apto para doblar las superficies acristaladas de las fachadas de ambos cuerpos. Las caras afacetadas siempre parece que se integran mejor con geometrías poco ortogonales o parcelas comprometidas.

Se produce una cierta sincronía entre ambas fachadas interiores, evitando los paralelismos. Llevado esto al extremo en el conjunto del edificio, donde las formas poliédricas huyen de los planos paralelos y por ende del ángulo recto, potenciando su imagen objetual y escultórica a la manera de las palazzinas de Luigi Moretti.

Las líneas de los pórticos serpentean por las plantas para adaptarse a la movilidad de las fachadas o quizás para provocarlas. Se optimiza así la ocupación de la parcela, a la vez que se genera un acusado dinamismo en las fachadas, que se resuelven según la orientación de que se trate en vidrio continuo pasando sobre las pasarelas exteriores de limpieza y mantenimiento, formando un doble cerramiento o bien acusando éstas como líneas horizontales.

Sin embargo, la sala de espera principal de planta baja queda bajo la escalinata, produciendo un espacio cerrado y ausente del contacto visual con el exterior de escasa identidad, que se ha intentado enriquecer con un prisma de vidrio retroiluminado suspendido del techo, pero con escaso éxito.

Se simplifican los materiales de fachada, vidrio y acero para las partes trasparentes de las áreas de trabajo y una celosía de tubo sobre bastidor metálico contra policarbonato, para las partes ciegas que se proyectan ligadas a las fachadas cortas recubriendo los núcleos de comunicación situados en estos extremos, lo que a su vez produce, en el conjunto de sus plantas, un efecto de “palets apilados”. La prolongación de esta celosía de lamas horizontales se emplea para reforzar la idea de basamento del edificio en la fachada norte. Existe un cuidado de las perspectivas más representativas del conjunto desde el entorno urbano inmediato, lo que resulta de agradecer.

En definitiva se trata de un edificio que potencia más su imagen exterior, así como su implantación urbana, desatendiendo su interior, en el cual todo se resuelve de forma correcta sin más pretensiones. En lo personal me ha servido para recordar y volver a ojear, no sin nostalgia, las viviendas en La Barceloneta de J.A. Coderch. Texto de Leonardo Ignacio González Ferreras.

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