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Edu Galán. Humor sin límites.

edu-galan

Edu Galán, uno de los creadores de la ácida revista ‘Mongolia’, mantendrá un coloquio sobre la sátira en el festival Ja! Bilbao, acompañado de la escritora Marta Sanz y del periodista cultural Manuel Rodríguez Rivero. Como anticipo le hemos preguntado qué significa para él este género.

¿Cómo definirías la sátira?

Es un género narrativo que utiliza como herramienta el humor para dar una lección moral, aunque la sátira no tiene que producir risa necesariamente. Puede producirla- y , en mi opinión, mejor que sea así- pero el humor en sí mismo tiene recursos que no tienen por qué provocar la risa, como , por ejemplo, la ironía, la exageración, la grosería…que pueden producir la indignación, el estupor, el saltarse los límites…Esto distancia a la sátira de la comedia pura.

Has mencionado la ironía. ¿Crees que últimamente no se entiende o no se quiere entender?

La ironía en muchos casos requiere del tono de voz. Lo que ocurre es que hoy en día en las redes sociales nos comunicamos mucho por escrito. De ahí que se pongan esas tonterías de “Ironía On/Ironía Off” para que la gente las entienda pero yo nunca las he utilizado porque me parecen una falta de respeto hacia el que lo lee. A veces no te entienden porque tú lo has hecho mal pero generalmente lo que ocurre es que la gente no tiene unos mínimos de comprensión lectora incluso con ironías groseras.

Has dicho que el límite del humor se encuentra en el código penal. Otra cosa es si uno está de acuerdo o no con las leyes.

Si hablamos a nivel material los únicos límites del humor los impone el código penal de cada país porque no hay más cojones. Lo demás son cuestiones éticas y no materiales. Por ejemplo en Mongolia nosotros nos planteamos como un límite no hacer escarnio de minorías, como por ejemplo los gitanos. Esto no significa que los chistes de gitanos no me hagan gracia. Yo veo a Juan Muñoz haciendo de gitano y me parto el culo. ¿Soy un racista? No creo, ahora nunca se sabe…En el caso de nuestro código penal tenemos cosas tan divertidas como la Ley Mordaza que te ahoga cualquier referencia hacia fuerzas del orden, por ejemplo. También están los casos de hacer mofa sobre víctimas del terrorismo en los que la fiscalía puede actuar de oficio incluso cuando a la víctima le hagan gracia esos chistes, como en el caso de Irene Villa, porque según la fiscalía, aunque a ella le guste, eso menoscaba el honor del resto de víctimas, algo muy discutible y que habría que hablar seriamente, fuera de las redes sociales. También está el tema de las ofensas a los sentimientos religiosos, que suelen ser los sentimientos religiosos católicos, porque a los musulmanes no hay ningún problema, a los budistas ni te cuento porque es aburrido y al pastafarismo, de la que me considero seguidor dialecto, ya ni de coña. A nosotros los pastafaris nos pueden ofender lo que quieran y la fiscalía no actúa en consecuencia, ya ves.

Eduardo Inda dijo que el nombre de vuestra publicación, ‘Mongolia’, ofendía a las personas con síndrome de down. Obviamente él tiene un interés en descalificaros pero ¿tendría más validez esa crítica si viniera de otra persona sensibilizada con ese colectivo?

No, no para nada. La corrección política nació en los años sesenta para proteger a las minorías. En principio es una cosa buena que salió mal. A esto se le ha dado la vuelta y ha convertido a las minorías en hipersensibles a cualquier referencia. Por ejemplo, los vendedores de humo industrial se quejaron a la RAE porque su colectivo se asocia con algo negativo. O lo que pasó con el sketch de José Mota. Estas cosas son para cogerlos de a una y empezar a matar gente. La corrección política es un instrumento muy hábil de determinados grupos de presión para señalar y culpabilizar como hacían las beatas en Estados Unidos como esa que aparece en ‘Los Simpson’ diciendo “¿Es que nadie va a pensar en los niños?”. A veces sin pertenecer a ese grupo minoritario se otorgan una posición moral superior a la tuya y te califican de miserable por hacer ese chiste y consideran que estás oprimiendo a esa minoría con el lenguaje, lo cual es como una broma. Como no puedes razonar con esta gente lo único que uno puede hacer es cagarse en su puta madre. O dar una entrevista como esta y tratar de explicarlo. Por lo demás solo puedes caer en el insulto o pasar de ellos. Pero yo soy muy fan de caer en el insulto.

¿Es muy importante que la sátira sea independiente?

Para mí es vital. Ahora estoy haciendo unos reportajes de campaña para eldiario.es y dentro de que unos me gustan más que otros porque la objetividad no existe, es una absoluta tontería, el tono tiene que ser exactamente el mismo con Unidos Podemos, con el PSOE, con Ciudadanos, con PP o Vox. Lo que pasa es que los que se consideran “los tuyos” aplauden cuando te metes con Ciudadanos y se cabrean mucho cuando criticas a Unidos Podemos. Esto para mí indica que vas por el buen camino. El cómico o satírico que se asocie completamente a un partido o a un grupo en mi opinión se convierte en una cosa anecdótica, de humor blanco.

¿Qué sabes de Ja! Bilbao?

Hemos estado en Bilbao con ‘Mongoli’a, el musical en Tracking. Y Ja! Bilbao lo conozco aunque no haya estado antes porque todas sus convocatorias me parece que están planteadas con mucho sentido y tuvieron el pelotazo de tener a un invitado como Robert Crumb.

Este año el festival premiará a John Cleese, que ha hablado mucho de los límites del humor. ¿Quiénes son para ti los maestros de la sátira?

Soy muy fan de la tradición norteamericana y siempre he tenido mucha querencia por el trío , que va incluso en cronología, de Lenny Bruce, George Carlin y Bill Burr. Y en España uno de mis referentes , al que trato de imitar, es Pepe Rubianes.

¿Qué conclusión sacas de las charlas que Mongolia ha tenido con diferentes líderes políticos?

La principal conclusión sobre todo de las que tuvimos con Pablo Iglesias y Pedro Sánchez es que los dos están tratando de ser moderados y que están concentrados en tirarse un partido a otro las cosas a la cabeza. Pero sobre todo lo que me queda a nivel personal de un trato de cinco minutos es que no son personas normales porque no pueden decir lo que piensan de verdad nunca. Yo sería absolutamente incapaz como habrás podido ver en esta entrevista de controlar todo lo que digo o todos los gestos que hago. Como lo que le pasó a Pedro Sánchez con aquello que hizo con las manos que es interpretado por algunos como un gesto racista. Imagínate qué vida es esa. Yo toco a mi abuela y hago ese gesto con las manos siempre porque los viejos me dan un asco que te mueres. Psicológicamente no puedes desenvolverte por la vida de una forma sana. Pobrecitos… Texto de Roberto González.

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