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viernes, agosto 14, 2020

Gehry and Bilbao. Unidos por puentes

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Como poco desde los tiempos del Puente Colgante, cruzar “la Ría” siempre ha sido un acontecimiento y, al menos, eso parece que sigue siendo así, después de contemplar el nuevo puente “Frank Gehry” de Zorrozaurre.

Estableciendo acusadas diferencias con los de su especie, en los que, en origen, la funcionalidad estructural determinaba el aspecto formal, en este caso, el puente plantea aspectos a considerar, se aprovecha de la estructura para formalizar la necesaria separación del tráfico de vehículos motorizados del resto, si bien este aspecto aparecía en el puente de Euskalduna (por referirme al más próximo), aquí resulta más acusado este aspecto, siendo una de sus grandes virtudes.

Su estructura, lejos de los grandes pilones y los no menos voluminosos tirantes, solución que parecía ser única hasta hace bien poco, propone una multiplicidad de éstos, lo que de paso, a más de atenuar el tamaño de los pilares consigue un efecto realmente agradable, evocando algo así como mástiles de velas en dispar alineación. Quizás alguien pueda ver una forma de abanico, que no hace sino responder a las diferentes contraflechas de los propios mástiles. De esta manera se asocian forma y función, lo que no deja de ser muy deseable.

La zona de peatones y vehículos ligeros, se resuelve, con una forma novedosa como es el banco corrido lineal en el que se convierten ambos costillares estructurales de las vigas peraltadas a cada lado. Lo que hace de llamada al descanso y disfrute de vistas, aunque para esto último haya que esperar a que se culminen las obras de urbanización y los proyectos edificatorios futuros. A todo esto, se une un cierre de protección de vidrio hacia el tráfico rodado, que con una cuidada elección de materiales, y aderezado por una iluminación variada que va desde la banda corrida hasta la puntual indirecta sobre los apoyos y la que se produce en la cabeza de los mástiles, dota al conjunto de la necesaria representatividad a la vez que resulta funcionalmente válida, en resumen, lo que se puede considerar una buena obra.

Conviene recordar lo obvio que es, que un puente no es una pasarela y a diferencia de ésta, los requerimientos estructurales son bien diferentes, en lo que supone el paso del tráfico rodado, no puedo por menos que recordar las “inolvidables” líneas de influencia en la asignatura de estructuras, en mis tiempos de estudiante.

Quedamos emplazados para la próxima ocasión de singladuras parecidas como la ejecución del nuevo puente elevable más alto del mundo (como no podría ser de otra manera, por eso somos de Bilbao) que unirá Leioa y Sestao. Tampoco queda lejos el puente levadizo de la ciudad francesa de Burdeos de inminente finalización, al parecer.

En definitiva, ya tenemos otro puente que quizás esté llamado a ser un nuevo icono de la ciudad. Parece que ha entrado con buen pie en lo que supone la aceptación general de los bilbaínos, y ha servido de fondo de cartel en una reciente campaña del Palacio Euskalduna… El espíritu de Ghery sigue vivo. Texto de Leonardo Ignacio González Ferreras. Fotografía de Carlos Garmendia Fernández.

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