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domingo, junio 7, 2020

Amour. La vida siempre da otra oportunidad.

Amour

La compañía Marie de Jongh presenta una obra muda que explora el amor entre unos niños que se convierten en adultos proporcionando un espectáculo visual y poético para todas las edades.

Unos niños juegan a imitar a los mayores. Aprenden a amar, a enemistarse…Y, de pronto, han transcurrido más de sesenta años. Las cosas han cambiado pero aún quedan resquicios del pasado y descubrirán que el amor siempre da otra oportunidad. Este es el punto de partida de “Amour”, la nueva y ambiciosa obra de la compañía Marie de Johgn, que escribe obras mudas pensadas para fomentar la conversación entre niños y adultos. “Nos gustaba hacer teatro infantil para adultos y teatro adulto para niños”, señala el director, Jokin Oregi. “Salvo las funciones escolares, normalmente el teatro es para toda la familia. Los niños van acompañados de adultos. Nos parece muy enriquecedor y socializador compartir emociones entre diferentes generaciones. Nosotros nos colgamos una medallita cuando una madre y una niña se están peleando por el kleenex o se ríen al mismo tiempo”. La actriz Ana Meabe que formó la compañía junto a Jokin en 2008 está de acuerdo. “Al final lo que buscas es que al niño le toque, que no sea un mero divertimento, sino que se quede con un pequeño aprendizaje”. Una de las características más llamativas de la obra es el aspecto de sus personajes. Los actores se esconden tras una máscara que intensifica sus emociones y que logra incluso reflejar el paso del tiempo en el rostro de los protagonistas. “Ha habido bastante debate sobre cómo debía ser el aspecto de los protagonistas pero es lo normal de todo proyecto creativo”, comenta Elisa Sanz, responsable de la escenografía. “La máscara potencia la expresión, si el personaje está triste está mucho más triste y si está alegre está mucho más alegre”, dice Javier Renobales, que interpreta a uno de los protagonistas de niño y de anciano. Según la escenógrafa el dirigirse a los niños no supone un cambio en su manera de trabajar. “No hay que hacer las cosas más claras, es incluso más laborioso. Te enfrentas a un público que es muy listo, muy sincero y que tiene muy pocos prejuicios”. Oregi resalta que el silencio dota a las obras de un aire de cuento que hace que el espectador se enganche más a la historia. “Que no haya texto le quita esa cosa didáctica y pedagógica de las obras de niños que a mí no me gusta y hace que el niño se imagine lo que están diciendo los personajes. Eso les hace más activos y les exige más atención”, concuerda Sanz. El trasfondo de la obra, que no desvelaremos, es más progresista que el de la mayoría de las obras dirigidas a los niños, ya sea en teatro, cine o televisión. “Siempre hemos arriesgado con los temas: el desafecto emocional de los padres hacia una niña, el aborto natural…Creemos que no hay temas que no podamos compartir con los niños. Ellos se van a encontrar en la vida con estos temas, en televisión y en internet, sin ningún filtro. Qué mejor filtro que verlo en un teatro acompañado de la gente que le quiere”, concluye Oregi. “Los espectáculos de Marie de Johgn han sido premiados en importantes festivales europeos en repetidas ocasiones y ese mensaje progresista es un valor añadido”, remata Renobales. Texto de Roberto González.

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