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Enrike Solinís. De lo antiguo a lo nuevo.

Enrike

Enrike Solinís es un guitarrista bilbaíno. Tras completar sus estudios musicales y dar clases de guitarra en un conservatorio, adquiere un interés por la música antigua que le lleva a fundar y dirigir el grupo Euskal Barrokensemble. También es requerido como músico solista en numerosas formaciones.
¿Cuándo nació en ti la pasión por la música antigua? ¿Qué música escuchabas antes de ese descubrimiento? Desde muy pequeño. En los grupos heavy que me gustaban, como Rainbow, siempre había algún tipo de aproximación a la música antigua.
¿Qué destacarías del proceso de grabación de Euskel Antiqva y la colaboración con los músicos? Ha habido un diálogo musical y personal muy intenso, de creación y de reconstrucción, en el cual cada uno aportaba sus ideas. Ha habido contratiempos que nos han obligado a dar vueltas de tuerca a algunas cosas, pero escuchar las ideas de los músicos es una de las cosas que más te nutre.
Algunos de los músicos del disco vienen del jazz o del flamenco. ¿Cómo conecta esa variedad con el estilo de música antigua del disco? En mis proyectos musicales los integrantes siempre son muy eclécticos. Hay muchos parámetros musicales que se mantienen en el rock, flamenco, jazz, etc., pero a la hora de recrear la música del pasado siempre hay una serie de huecos que tienes que rellenar partiendo de la creación. No es una música clásica que haya que interpretar con la mayor fidelidad, sino que se presta a la invención y a la extracción de ideas de música de Oriente o de otras partes para rellenar esos huecos.
¿Había algo específico que buscarais a la hora de investigar y seleccionar los poemas y las letras del disco? ¿Hay recurrencias temáticas? Buscábamos mostrar la heterogeneidad de la cultura vasca. Buscábamos ambientes y afectos, indicar la influencia de otras culturas como la gitana, judía o musulmana y romper esa idea endogámica de la cultura vasca. En el tema literario queríamos plasmar el idioma vasco desde su faceta más desconocida. Recogimos poemas de amor del renacimiento de gran calidad, pero no hemos podido meter todo lo que queríamos en las veintitrés canciones del disco.
Hay una ironía intrínseca en el disco. Es una música que rebosa calidez, sentimientos nobles, y ansias de completar la identidad de un pueblo, de acercarse a él, pero el pueblo de un tiempo a esta parte se ha alejado bastante de ella. ¿Cómo se pueden deshacer esas distancias? La única solución para esto es la educación. En los conservatorios enseñan una vertiente muy aséptica de la música antigua, y sólo lo que aparece en los libros. Que un autor no salga en un libro no hace que deje de existir. Durante el clasicismo, el aburguesamiento de la cultura llevó a unas obras de arte magníficas pero que perdían el nexo de unión con el pueblo. El analfabetismo de España en aquella época hacía que los tratados de música fueran inaccesibles para ellos. ¿Para quién iban dirigidas las cantatas, los conciertos y las sinfonías? Para una minoría absoluta. Nosotros queremos recuperar la dualidad de la música culta y la música popular, y cierto hippismo si se quiere, para que resulte cercana a la gente. Texto de David Ontoria.

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