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Sara Morante. De musas, cuadros y gárgolas.

Lavidadelasparedes

La illustradora cántabra, formada en el País Vasco, aborda su primera novela como escritora, “La vida de las paredes”, acompañada con dibujos de su cosecha: la historia de una comunidad de vecinos bastante peculiar que aúna toques costumbristas y fantásticos en un relato sutil y melancólico.

¿De dónde vino la inspiración para esta, tu primera novela? La desarrollaste a partir del Dramatis Personae inicial. Lo más particular de la historia y la esencia de la novela está en los personajes. A partir de esos personajes, que fue lo primero que describí en 2008, surgió el resto. Cuando escribí esos primeros folios yo trabajaba en una oficina, no me había profesionalizado todavía como ilustradora, y supongo que nacieron de la necesidad de crear. A mi siempre me ha atraído mucho el período de entreguerras y he leído mucho sobre esa época pero eso es solo la ambientación. Los personajes han surgido de algún lugar recóndito del que nacen las ideas.
¿Cuáles son tus referentes gráficos y literarios? Cuando era adolescente leí prácticamente todo lo que cayó en mis manos de Miguel Delibes. También he leído mucho a Alice Munro pero no creo que eso se note en la novela.
Desde tus primeras obras a “La vida de las paredes” se observa un cambio en el estilo gráfico. Empecé con el rojo y el negro hace cuatro años pero hay que evolucionar y no quedarse en lo conocido. En cada libro intento hacer algo diferente y en los últimos tres he utilizado una paleta de colores más generosa y un estilo más sofisticado. En cuanto a la técnica hay una mezcla bastante caótica de dibujo a mano alzada y collage digital.
La historia mezcla elementos cotidianos con toques fantásticos. En realidad los toques fantásticos forman parte de la ambigüedad o de la narración en clave poética pero la historia que fluye es bastante realista. Con cada uno de los personajes he utilizado un tipo de lenguaje que ayuda a que cada personaje tenga un micromundo. Como el niño que cuenta la historia de sus padres que acaba valiéndose de los cuadros de las paredes y en los flashback de La Musa, la equilibrista inválida, utilizo las sombras chinescas porque creo que hay bastantes sombras en su vida y es muy teatral.
¿Ha sido más gratificante ilustrar esta obra que hacerlo con un texto ajeno? Ahora lo miro como el resultado global y como tal ha sido muy gratificante. Es un libro especial porque la historia es mía. Pero como ilustradora, no creas, he tenido momentos de “¡Maldita escritora! ¡Qué difícil me lo está poniendo!”. Pero ahora que veo el libro terminado y con una edición tan bonita me siento muy satisfecha. Es justo lo que tenía en mente.
¿Crees que el dibujo y el texto deben ser complementarios, que no se deben repetir los detalles de uno en lo otro? Como ilustradora siempre he intentado no repetir lo que dice el texto porque entonces mi trabajo no aportaría nada. En “La vida de las paredes” manejaba información que no he escrito y que me servía para contarla en la ilustración.
De todos los personajes de la historia, ¿alguno te causa especial ternura? A mucha gente le llaman la atención el protagonismo de María, la bordadora, o La Musa pero a mi me cae muy simpática Berta, la propietaria porque es una mujer sin complejos, muy segura de sí misma, que por un lado es hermética pero por otro tiene un grado de empatía bastante aceptable. Pero mentiría si no dijera que les tengo cariño a todos.
¿Has disfrutado de la escritura tanto como del dibujo? Ahora mismo me siento cautivada con la escritura, que es el campo abierto en el que me encuentro y que me ofrece un gran reto. Me lo he pasado espectacularmente bien. La manera de dosificar la información y la forma de contar la historia, me ha parecido algo muy cautivador y me gustaría volver a escribir lo antes posible.
Háblanos de tu formación en el País Vasco. En 2012 recibí el Premio Euskadi en la categoría de ilustración. Hice varios talleres de litografía en Arteleku en Donostia. Fue precisamente allí donde Don Herbert que era el coordinador del taller me sugirió que probara la ilustración. Así comencé en el 2007/2008. He participado en varias de las actividades que organizaron el colectivo Amarika, que gestionaba varias salas de Vitoria. También comisarié una expo para la Diputación de Álava en la que uníamos a cuatro escritoras alavesas con cuatro ilustradoras. El objetivo era mostrar que las ilustradoras no nos dedicábamos exclusivamente a la ilustración infantil y juvenil y fue muy interesante. Texto de Roberto González.

vidaparedes

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