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April 2, 2020

Loreak. El amor y la memoria.

Loreak

Cuando les entrevistamos por “80 egunean” en el número 43 de AUX, allá por el 2010, ya imaginábamos que Jon Garaño y Jose Mari Goenaga iban a dar mucho que hablar. Ahora charlamos con este último con motivo de la segunda colaboración entre ambos. “Loreak”-que incluye en su reparto a Itziar Aizpuru, una de las protagonistas de su anterior filme- está de enhorabuena ya que ha recibido dos candidaturas a los Premios Goya. Una de ellas a su banda sonora y otra a la mejor película, lo que la convierte en la primera cinta en euskera nominada en esta categoria.
¿Cómo recibísteis la noticia? Con bastante sorpresa. Uno de los productores, Jon Garaño y yo estábamos en un festival en Palm Springs en California y eran las dos de la mañana. Estábamos cada uno en nuestra habitación siguiendo las candidaturas en streaming o en twitter y cuando vimos la nominación de la banda sonora fue un subidón. Jon y yo tuvimos un problema de conexión y no escuchamos el final de las nominaciones pero nos enteramos de la candidatura a la mejor película porque oímos el grito de nuestro productor desde la otra habitación. Se nos hizo un poco raro que la nominación a mejor película no fuese acompañada de otras, pero estamos súper ilusionados.
¿Has visto las otras nominadas? Sí, este año he visto todas las nominadas a la categoría de mejor película y todas me parecen muy buenas, y no lo digo por peloteo. Ha habido muy buen nivel, lo que te hace estar más contento de estar ahí. Cada una de las nominadas representa un tipo de cine. “La isla mínima” es un thriller atmosférico con trasfondo histórico, “El niño” es más trepidante al estilo americano y luego hay cosas de autor como “Magical Girl” o incluso “Relatos Salvajes”, que tiene ese toque argentino que la hace distinta, y “Loreak”, que no sé muy bien qué viene a representar (risas).
La música de Pascal Gaigne también ha sido nominada. Al ser una película intimista ¿la cuidasteis mucho? No queríamos cargar la película en el aspecto musical. Queríamos que el espectador participara de los silencios y eso se lo indicamos a Pascal. Pero sí que hay momentos en los que la música cobra mucho protagonismo. Hay algunos montajes en los que se relacionan distintos conceptos que maneja la película: la vida, la muerte, las flores, el cadáver…Pascal ha conseguido una música que envuelve muy bien eso. Queríamos una película que transitara entre el drama y el misterio y la música refleja esto. Hasta ahora Pascal sólo había sido nominado por una canción por la película “Verbo”. Tiene una carrera muy larga y notable y es la primera vez que le nominan por una banda sonora.
¿En qué lugares rodásteis? Casi todo en Gipuzkoa. Las casas de Tere, de Lourdes y de Ane son distintas viviendas de Donosti. La carretera donde sucede el accidente está cerca de Vera de Bidasoa en Navarra y nos venía de maravilla porque han construido una carretera general y esta se ha quedado en desuso, por lo que no tuvimos ni que cortar el tráfico porque apenas pasaban coches. Las escenas de la universidad a la que va a parar el cuerpo se hicieron en el campus de Leioa, el peaje de autopista está en Zarauz y la obra estaba en Oiarzun. Algunos planos de la grúa los hicimos en una empresa de Ideazabal.
En cuanto a la parte técnica, hay dos planos que me llamaron la atención, los dos con el personaje de Lourdes (Itziar Ituño): uno el del paraguas con la lluvia cayendo ralentizada, otro el del peaje de autopista con los coches pasando a los lados. El tema de los slow motion se utilizó en algunos momentos como los que citas. También queríamos reflejar una sensación general de aislamiento de los personajes. Eso viene ya desde el guión, ya que todos trabajan en lugares que son como burbujas (una cabina de peaje, la de una grúa, la caseta de una obra) y que además son un poco hostiles y ellos mismos son retratados muchas veces como ajenos a su entorno, encuadrados muy a la mitad y todo lo que hay a su alrededor parece accesorio.. Las flores son las que rompen esa sensación de incomunicación.
¿Fue difícil rodar las escenas con la oveja? ¿Simboliza algo? En todas las proyecciones que hacemos es una de las preguntas que siempre sale “¿por qué la oveja?. En el momento del accidente vemos un plano general en el que el coche choca y se hizo en una toma única. Necesitábamos una coordinación entre que el coche chocase, que soltasen a la oveja y que esta hiciera algo. No estaba marcado que fuera directamente hacia la cámara pero fue una sorpresa que se dirigiera hacia ella respetando esa centralidad de la que hablábamos antes. Estábamos siempre retratando a los personajes en el centro y lo hizo tal cual. ºPara nosotros las ovejas simbolizan lo que queda de Beñat cuando este desaparece. El tema principal de la película es la memoria y el olvido. La oveja es la memoria de Beñat. Cuando las dos mujeres están en el coche discutiendo es como si pasaran por encima de la memoria de Beñat.
El tempo de la película es un poco lento, ¿consideráis que es un desafío al espectador? Obviamente haces las películas queriendo que gusten a todo el público, pero al final tienes que hacer lo que te guste a ti y esperar que le guste a todo el mundo. Hemos querido generar un ritmo que vaya calando en el espectador y le mantenga en vilo. A pesar de ser un ritmo lento hay una serie de interrogantes sin cerrar que mantienen la atención del público.
¿Cómo te repartes el trabajo con Jon Garaño? En la preproducción y en la postproducción trabajamos mano a mano. En la escritura del guión suele ser como un partido de tenis. Llevamos quince años trabajando juntos y ya sabemos lo que suele funcionar y en el noventa y cinco por ciento estamos de acuerdo pero hay un cinco por ciento de desacuerdo que es bastante polémico y genera bastantes broncas. En rodaje yo suelo estar más con los actores y Jon con el equipo técnico.
Aunque se nota que sucede en el País Vasco, ¿cuidásteis que la historia fuera universal? La esencia nos parecía muy universal pero a la hora de perfilar y matizar a los personajes nos basábamos en lo que nos rodea.
Es un relato muy poético, simbólico, con historias de amor un tanto platónicas Es una película (risas). En algunos sentidos es un poco conceptual. Está por encima de un retrato de una realidad clara aunque la interpretación sea naturalista. Pero hay cosas como el carácter platónico del amor entre Ane y Beñat que en la vida real serían difíciles de creer pero por encima de eso está el discurso, lo que para nosotros simbolizan las flores, y nos servía para hablar de la memoria y del olvido, de la vida y la muerte y de cómo la frontera entre la vida y la muerte se puede desdibujar, cómo hay personas que estando muertas puedan estar más presentes que estando vivas.
Háblame un poco del casting, reivindicando a los actores del País Vasco. Solemos destacar a las tres actrices principales, aunque todos están muy bien. Itziar Aizpuru ya trabajó con nosotros en “80 egunean” y quedamos encantados con ella, así que para ese personaje no hicimos casting. Con Nagore Aranburu, que encarna a Ane, no habíamos trabajado antes pero nos daba la sensación de que era una actriz que transmite mucho prácticamente sin hablar. Luego estaba Itziar Ituño que es conocida sobre todo por “Goenkale”. Para este personaje teníamos tres finalistas en el casting y nos decidimos por ella porque tiene mucha fuerza en su mirada. Es el personaje más complicado porque transita por muchos estados de ánimo. Y ella lo hacía muy bien en todos los casos. Con Josean Bengoetxea ya habíamos trabajado antes en nuestros cortometrajes.
Decís que tiene una influencia del universo de Krzysztof Kieslowski, por un lado, y por otro del de Alfred Hitchcock. Hay un par de secuencias que nosotros llamamos hitchcokianas aunque igual si él las viera pensaría “qué despropósito”. Pero nosotros al menos las hemos planificado así. Son momentos en los que terminamos la escena centrándonos en un objeto determinado que será decisivo en la historia: las flores, la cadena de Ane… De Kieslowski hay algo en el ambiente, en la simbología, las localizaciones frías, los personajes aislados… Las influencias están ahí, que nos hayamos muy quedado muy lejos o no es otro asunto (Risas).
Y ahora ¿qué proyectos tenéis? Hay un proyecto que tiene muchos visos de salir. Lo dirigirían Jon Garaño y Aitor Arregi (el tercer coguionista) y yo estaría como coguionista y productor. Es la historia del gigante de Alzo, un personaje de la segunda mitad del siglo XIX que llegó a ser la persona más alta del mundo en ese momento y que era de esta localidad cercana a Tolosa. Es un hombre que hasta los veinte años fue normal y después pasó una enfermedad y parece que no dejó de crecer hasta que se murió, llegando a alcanzar 2,42 metros. Es un proyecto muy caro porque es de época y hay que solucionar el tema del gigante, pero intentaremos sacarlo adelante. Texto de Roberto González.

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