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Luis Bermejo. La vida como una partida de cartas.

Bermejo

El intérprete, al que hemos visto en “Magical Girl” y en varias series y películas, encarna a un actor sin trabajo en esta obra sobre cuatro amigos que juegan a las cartas mientras esperan que mejoren las cosas, en esta función salpicada de humor negro y dirigida por Pau Miró.
La obra está protagonizada por cuatro personajes a punto de tocar fondo en el tema económico. Hoy día, ¿somos todos un poco jugadores? Pau Miró la escribió cuando despuntaba la crisis y trataba de explicarse a él mismo y al espectador qué sienten esos personajes que a mi me gusta decir que son del extrarradio humano. La obra plantea el panorama de estos cuatro individuos que andan varados en esta cocina, como si fuera un barco a la deriva, tratando de ser visibles.
¿Cuántas veces se ha representado? La obra se representó en Barcelona con mucho éxito y tengo entendido que también en Italia. A las de Barcelona y Madrid las une que las ha dirigido Pau Miró, pero él no repite lo que vio en Italia o la que él hizo en Barcelona. Es una obra de actores. Pau Miró es un autor al que le gustan los actores y escribe textos para actores, porque él también es actor. Esta es una obra que hace que el espectador sea activo. Estamos acostumbrados a que nos lo den todos muy mascado y poco habituados a ver espectáculos en los que tienes que implicarte como espectador y echar el resto. Vemos lo que les pasa a los cuatro personajes y cómo se relacionan entre ellos hasta que sucede un hecho particular e insólito en su vida. Creo que es muy diferente la de Italia, Barcelona y Madrid porque los actores que la encarnan cuentan también en la dramaturgia.
Tu personaje es un actor que roba en supermercados. Cada uno de los personajes son arquetipos: hay un enterrador, un profesor, un barbero y un actor, que es el que encarno yo. Con esta elección de que los personajes no tengan un nombre y se les conozca por su actividad creo que Pau Miró también ha querido contarnos algo, que estas profesiones están como desaparecidas, la de enterrador y la de barbero…y la de profesor cada vez más con los recortes. Mi personaje es un actor que hace muchas pruebas pero no encuentra ese papel que le ayudaría. Sin embargo es muy vivo y busca la adrenalina que le produce subirse al escenario y quedarse en blanco, que es lo que le suele ocurrir, y la encuentra en pequeños hurtos en supermercados. El espectador juega con nosotros esta partida.
Son todo personajes masculinos que rondan los sesenta años. Supongo que es poco habitual encontrarse con este tipo de reparto. Desde luego es una suerte por mi parte poder jugar junto a Jesús Castejón, Ginés García Millán y Miguel Rellán. Son ases, yo aprendo cada noche. Pau Miró quería hablar de muchas cosas, y creo que lo ha conseguido, de la crisis, de lo que subyace bajo esos empleos y por último sobre cómo es la amistad entre los hombres. Ha ocurrido en muchas funciones que las mujeres al final de la obra nos han dicho “o sea que los hombres os relacionáis así”. (Risas)
¿Te sientes identificado con la situación? Quizá hay momentos demasiado exacerbados en la función pero creo que todavía nos seguimos relacionando de esta manera demasiado llana, demasiado simple, pero a la vez muy compleja, con una confianza ciega. Con los amigos más íntimos puedes pasar de la discusión con más bilis, más enérgica y nerviosa al afecto más entregado en milésimas de segundo. Sobre todo la manera en la que se cuenta, cómo se colocan en el espacio y cómo se miran…todo cuenta en esta función que esta hecha de pequeños detalles y a medida que la vamos representando vamos afinando y conociéndonos más.
La puesta en escena es minimalista. Sí, es una cocina y hay un tocadiscos porque se habla de Dean Martin que está presente en la vida de estos personajes. Es la cocina del profesor, nos ha juntado para que le acompañemos a un juicio en el que tenemos que testificar por un altercado que tuvo con un alumno. No quiero desentrañar más, todo es importante en la historia.
En la vida real ¿eres aficionado a los juegos de cartas? Yo jugaba de pequeño al tute, un juego muy castellano, quizá en el País Vasco se lleva más el mus. Ahora no soy tan aficionado. Yo creo que es una metáfora esto de que quieren seguir jugando. Es una demanda de un espacio, de gente a la que el sistema, los recortes, ha mandado a un segundo plano. De hecho en la obra no vemos nunca que jueguen, creo que ahí está la metáfora.
Has intervenido en series y películas para el gran público pero últimamente has participado en filmes más arriesgados como los de Juan Cavestany o “Magical Girl” de Carlos Vermut. Ha sido por casualidad. Con Juan Cavestany me une una gran amistad, trabajamos juntos desde los comienzos de Animalario, que ahora está en modo pause y seguimos en contacto. Películas como “El señor” de Cavestany me han llevado a conocer a Carlos Vermut, que es un admirador de Cavestany y esos azares me han llevado a encajar en “Magical Girl”. Ambos tienen inquietudes parecidas, quieren hablar del ser humano y de las dificultades que tenemos para amarnos. Ha sido un regalo trabajar en “Magical Girl” junto a Pepe Sacristán, Bárbara Lennie y todo el equipo de la película. Desde la producción ya notábamos que iba a salir algo interesante pero no pensamos que llegara a despertar tanto interés.
Hablamos con Carlos Vermut sobre “Magical Girl” en nuestro número anterior. Es un film inquietante y extraño. Cuando abordo estos trabajos me subo a ese universo de extrañeza. “Magical Girl” es un peliculón que no te deja impasible. Le acaban de dar el Premio del Público en el festival de Alcalá de Henares. Los productores quieren seguir apoyandola y que tenga largo recorrido, reestrenarla cuando se acerquen los Goya. Tiene mucha vida por delante. Texto de Roberto González.

 

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