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La memoria histórica de la Catedral es ahora un pendrive colgado de un llavero

San Mamés

Ya podemos decir a los cuatro vientos que tenemos un nuevo San Mamés. El edificio se estrena con su aspecto final y podemos disfrutar de su diseño gracias al despacho IDOM-ACXT, que ha asumido satisfactoriamente el reto.
Su resolución no era sencilla, reconstruir el campo sin apenas molestias ni parones en el calendario. Y se ha conseguido realizar un campo nuevo, con todas las ventajas que ello ha supuesto. Y sin los problemones y sobrecostos que implica reformar un campo antiguo como el Camp Nou o el Bernabeu.
El nuevo San Mamés tiene un brillante estudio estructural que otorga a la cubierta una ligereza sutil y muy espaciosa. Han conseguido una confortable cobertura, útil para espectador, donde parece que la gravedad no existe para esa gigantesca cubierta tan difícil de sostener.
No es una tarea sencilla proyectar un elemento tan homogéneo y de una escala tan grande, más aun si lo entendemos dentro de una trama urbana. Los Suizos Herzog&DeMeuron (Premio Priztker 2001) nos muestran dos genialidades contrapuestas, el minimalista Allianz Arena de Munich (2002) –que fueron los primeros en retroiluminar la fachada con 2.874 paneles romboidales metálicos de ETFE-, y por otro lado el deconstructivista estadio Olímpico de Pekin (2008) conocido como “Nido de Pajaro”. Dos aciertos contrapuestos. Otros ejemplos menos afortunados muestran la dificultad del reto y podríamos citar el nuevo Wembley de Foster con su arco protésico que no acaba de estar a la altura de su autor.
El nuevo San Mamés tiene también muchos aciertos con respecto a su fachada y entorno urbano. Las 5 franjas vibrantes que ascienden y sobrevuelan sobre la inferior, otorgan al gran volumen una sensación de movimiento y ligereza, desmaterializando lo que pudiera haber sido una mole de hormigón y chapa (recordemos el pasado). Además este conjunto no toca el suelo, por lo que la sensación de levitación es mayor, y la espacialidad de la plaza de acceso agradece todo este dinamismo a la perspectiva.
En cambio los ventanones rectangulares para romper la monotonía de la fachada quedan un poco torpes en un edificio tan vibrante. Podían haber sido más expresivos. También echo en falta alguna referencia urbana a la escala de ciudad, con la situación de alguna puerta principal como reclamo referencial para la afición, tal y como logra espléndidamente Eduardo Arroyo en el campo del Barakaldo (2003) –vayan a visitarlo-.
Aunque la parte más critica de mi análisis corresponde al formateo total de la memoria histórica de “la Catedral”. Un campo con semejante carga histórica y sentimental. Se podía haber instalado parcialmente el Arco de San Mamés en la Plaza (no en Lezama), o recuperado el escudo de chapa en algún lado, o al menos, haber marcado con adoquines diferentes el rastro de donde se situó el antiguo campo… para que al menos, cuando los nietos pregunten a sus Aitites “¿Zer da auze aitite?” le puedan responder “estamos pisando el área donde Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza ganaron en letras épicas el orgullo del fútbol nacional”.

Texto de Daniel Carrero

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