Reseñas AUX 139.

ANGINE DE POITRINE
Vol.II
Música // Internet se ha puesto de acuerdo y ha concluido que la virtuosidad, además de inducir al delirio, puede sanar el mundo. El consenso lo ha logrado la sección de comentarios de YouTube bajo el directo de Angine de Poitrine, el dúo anónimo de Quebec cuyos clips virales en KEXP transformaron una vertiente profundamente de nicho del math-rock microtonal en algo improbablemente colectivo. Genial y moteado, ‘Vol. II’ es un desafío compuesto en seis piezas instrumentales densamente entrelazadas, construidas a partir de métricas irregulares, ilusiones rítmicas en bucle y líneas de guitarra que parecen doblarse sobre los límites de la afinación occidental.
El álbum llega en medio de un agotamiento generalizado frente al rock aplanado por los algoritmos. Gran parte de la música contemporánea compone obsesionada con la atmósfera, la nostalgia o el desapego irónico de sus guitarras. Angine de Poitrine rechaza los efectos especiales. Su música es física, se contonea clavándote la mirada hasta abalanzarse sobre ti. Las máscaras de papel maché y la mitología del dúo parecen de entrada parte de una identidad postinternet diseñada para el escenario, pero ‘Vol. II’ revela un concepto mucho más sólido, una manera de reintroducir el espectáculo en una música técnica que durante demasiado tiempo se escondió detrás de una solemne élite intelectual. El tema ‘Fabienk’ avanza con el impulso extático del dance-punk mientras desplaza constantemente su geometría interna. Las frases microtonales de guitarra de Khn de Poitrine giran alrededor de la batería imposiblemente precisa de Klek como tornillos sueltos dentro de una lavadora y las repeticiones de ‘Sarniezz’ se estiran con un efecto hipnótico digno del acid house más machacón. Angine de Poitrine importan más allá del discurso underground del rock. Han tropezado con un sweet spot poco común donde la experimentación puede ser tan arriesgada como popular, y ahora, la vanguardia vuelve a estar viva. Janire Goikoetxea.
KNEECAP.
Fenian.
Música // ‘Fenian’ ha aparecido en 2026 como una pintada sobre un muro en ruinas, con un lenguaje directo e irónico y un sonido fresquísimo. El trío de Belfast compuesto por Mo Chara, Móglaí Bap y DJ Próvaí lleva años usando el irlandés como acto de desobediencia. ‘Fenian’ es la versión más concentrada y menos indulgente de esa idea. Las letras van saliendo como si tuvieran prisa y todo el tiempo del mundo simultáneamente. Incluso el humor funciona de otra manera y es ahora cocinado poco a poco aguantando el punchline, ácido, rápido, a veces infantil pero siempre estratégico. Tardando lo justo para que duela más. Su sonido se apoya menos en el rave de botellón de sus primeros lanzamientos y más en una mezcla más áspera de grime, dub industrial y toques de post-punk electrónico. Aparecen destellos de tradición folk irlandesa filtrada por distorsión y samples de emisiones públicas y melodías tradicionales distorsionadas que aparecen y desaparecen como flashbacks. Algunos silencios cortos, graves físicos, y loops parecen más cercanos al techno que al rap. Por momentos, parece que el disco está más interesado en el cuerpo que en la melodía, como si quisiera que el oyente lo sintiera en el pecho antes de entenderlo en la cabeza. Siendo esto último una experiencia reservada para unos pocos. En ocasiones el irlandés y el inglés chocan en mitad del verso, rechazando la traducción como forma de resistencia y creando una disputa territorial dentro del mismo tema. Kneecap insiste en la fricción. No pide ser entendido tanto como exige ser escuchado a todo volumen, en los peores momentos, en los lugares equivocados. Janire Goikoetxea.
OLIVIA Y EL TERREMOTO INVISIBLE.
Irene Iborra.
Cine // Aunque fuera una de las nominadas a Mejor Película de Animación en la última entrega de los Goya, ‘Olivia y el terremoto invisible’ ha pasado injustamente desapercibida para el gran público. En cualquier caso, un filme español que trata de explicar el drama de los desahucios a los niños por medio de animación stop motion es algo digno de reseñar. Pero que además de una idea loable cuente con una ejecución conseguida es ya motivo de celebración. La cinta de Irene Iborra toma como base el libro ‘La película de la vida’ de Maite Carranza (‘El Barco de Vapor’) para contarnos la historia de Olivia, una niña que se ve obligada a iniciar una nueva vida en otro barrio cuando es expulsada de su casa junto a su madre y su hermano menor. Para evitarle el sufrimiento al pequeño, y aprovechando que su madre es actriz, Olivia le cuenta al chiquillo que lo que les está sucediendo no es real sino que se trata del rodaje de una película. Como ‘La vida es bella’, pero sin tener que aguantar a un cansino Roberto Benigni (confesamos: en su día nos gustó esa película) ‘Olivia y el terremoto invisible’ muestra la realidad con una estética amable y sentido del humor pero no es lacrimógena ni maniquea; tampoco edulcorada. Usa recursos propios de las películas infantiles, como ciertas fugas hacia el terreno de la imaginación, pero de forma bastante natural y sin ocultar nunca la gravedad de un problema social que afecta a decenas de familias. Ahora el festival Caostica de Bilbao recupera esta joyita el domingo 7 de junio en su sección Caostica Kids. Roberto González.



