Lapönia. ¿La verdad nos hará libres?

Julián López, Natalia Verbeke, Ángela Cervantes y el noruego Vebjørn Enger protagonizan una comedia basada en una obra de teatro que habla sobre diferencias culturales y maneras dispares de educar a los niños a partir del viaje de una pareja a Finlandia, la tierra de Papá Noel. David Serrano (‘Días de fútbol’, ‘Voy a pasármelo bien’) dirige la feel-good movie española de los próximos meses. Hablamos con él.
La estética de la película, y en especial la de la primera secuencia, es muy luminosa, casi de anuncio publicitario. ¿Buscabas un contraste con el enfoque ácido de algunas situaciones? Bueno, es que los aeropuertos son muy luminosos. Sí que hablamos de hacer una película que visualmente fuera bonita, porque ,al desarrollarse prácticamente todo en un solo espacio, teníamos que conseguir que el espectador no se agotara y además que tampoco sintiera claustrofobia, porque no va de eso el guion ni la película. Para conseguir eso necesitábamos una casa que tuviera unos espacios que nos dieran profundidad y lo encontramos en esta que tenía tantos cristales y nos permitía tener muchos fondos, que eso siempre te da mucho aire a la película. También queríamos un espacio que fuera cálido, porque nos parecía que iba a contrarrestar bien con la discusión que tienen los personajes. Vimos muchas pelis como referencia, entre ellas ‘Parásitos’.
Se basa en una obra de teatro, adaptada por sus propios autores (Cristina Clemente y Marc Angelet). Muchas películas , algunas clásicos del cine, parten de un origen teatral (‘Un Dios Salvaje’ o, mismamente, ‘La Tentación Vive Arriba’). ¿Cuál fue la intención al llevar esta obra al cine? ¿Que gane más público? ¿Y cómo te la llevaste a tu terreno? Claro, hay mil: ‘Un tranvía llamado Deseo’, ‘La gata sobre el tejado de zinc’…prácticamente todo Tennessee Williams está hecho en el cine, también Arthur Miller…Hay miles y miles de películas que han viajado del teatro al cine, y en los últimos años está empezando a pasar que viajan del cine al teatro. Ahora se va a estrenar ‘Tarde de perros’ en Broadway, también se hizo ‘Network’… ese trasvase me parece muy bien porque al final son muy buenas historias con personajes maravillosos y que pueden vivir también encima del escenario. A mí ‘Lapönia’ me llega como un encargo de Javier Méndez y Mediapro porque les gusta mucho la obra de teatro y pensaron que se podía hacer una película que gustase mucho al público. Evidentemente es una obra que ha sido superexitosa, no solo en España, sino también en un montón de países a los que la han vendido, así que esperamos que tenga una buena recepción por parte del público. En cuanto a mi manera de abordarla, siempre hago el mismo trabajo con los actores cuando hago una obra de teatro, una película o serie. Ensayamos cuatro o cinco semanas e intentamos hacer la película no solo mía, sino también de los actores. Procuro que los actores se sientan parte del proceso creativo y que también aporten, porque creo que eso hará que estén mejor en la película. Así que fuimos aportando algunas cositas, siendo siempre muy respetuosos con el texto original de Marc y de Cristina. Algunos de los temas que se planteaban en la película los alargamos un poquito, algunos chistes se cambiaron, también surgieron algunos nuevos con los ensayos e improvisaciones. Y luego sí que intentamos que los temas de los que se habla no se quedaran simplemente en la anécdota y en la discusión familiar, sino que plantearan conflictos más universales, que estaban ya en el guion, pero que alargamos un poquito, hablando del cambio de los modelos educativos, de la tradición, de si hay tradiciones que hay que superar o que no… temas que están ahora de muchísima actualidad.
Me ha llamado la atención que la casa en la que transcurre la acción, supuestamente en Laponia, está en realidad en Euskadi… Nosotros teníamos varias referencias de casas de Laponia y una era muy similar a esta. El equipo de localizaciones me envíos fotos de esta casa, que está a quince minutos de Bilbao y Mungia, y me volvió loco, porque al ser de madera le iba a dar mucha calidez al espacio, y sobre todo esas cristaleras nos daban mucha profundidad, que era superimportante para que la película pudiera respirar. La verdad es que la casa termina convirtiéndose casi en un personaje más de la película.

«Estamos en un momento en el que nadie escucha, y en esta película los cuatro personajes se escuchan, e incluso algunos pueden llegar a cambiar de opinión».
El filme propone una mezcla de comedia y drama, y también entre conservadurismo y modernidad, y todo ello está bastante equilibrado. Lo que intentamos además es no ser dogmáticos en ningún momento. No queríamos tratar al espectador como tonto ni mandarle una enseñanza en esta película. Queríamos expresar los puntos de vista de todos los personajes con sensatez, cabeza e inteligencia. Intentamos que ninguno de los personajes fuera tonto, y aunque alguno de ellos pueda expresar ideas que no compartes tú como espectador, que tampoco te parecieran un disparate. Lo que sí teníamos muy claro es que queríamos demostrar, y creo que no está mal tal y como está ahora mismo la sociedad, es que personas que tienen ideas diferentes pueden hablar y discutir y que no pasa nada, que se pueden escuchar e incluso alguna hasta puede llegar a cambiar de opinión, y eso sí que me parecía bastante bonito.
¿Es entonces una película contra la polarización? Sí, realmente sí. Estamos en un momento en el que nadie escucha, y en esta película los cuatro personajes se escuchan.
Es muy inteligente que el conflicto se plantee a través de la educación de los niños, no sólo porque representan el futuro sino también porque es un tema en el que realmente hay muchas discrepancias entre unas y otras familias.
Sí, además este sí que es un fenómeno superactual y muy moderno. Hace diez o quince años nadie se planteaba tanto la educación de los hijos, y bueno, ibas haciendo un poco lo que podías. En los últimos años hay una obsesión que a veces lleva a sitios bastante peculiares. Hay gente que le pide permiso a sus hijos para cambiarles los pañales. Una chica que trabajaba de au pair me contó que le tenía que pedir el permiso a un niño de dos años para cambiarse el pañal.
El reparto está muy bien buscado: Julián López, Natalia Verbeke, Ángela Cervantes…y el menos conocido Vebjørn Enger , que encaja muy bien en el papel. A Vebjørn Enger lo encontró el director de casting, Luis San Narciso, y su equipo. Es un actor noruego que estaba en España. Le hicieron una prueba, y me la mandaron. Me gustó tanto que les dije que no quería hacer más pruebas, que lo cogieran directamente. Vebjørn es un superactor, y ha hecho un trabajo muy difícil, porque el español obviamente no es su primera lengua. Además es un idioma que he aprendido a los veinticuatro años, y hacer comedia en un idioma que no es el tuyo, emocionarte y enfadarte, tiene un mérito tremendo. Los otros tres también son grandísimos actores y ha sido un gustazo currar con ellos.
En el caso de Vebjørn , ¿consideró que el texto reflejaba bien la cultura nórdica? Bueno, él es noruego, no finlandés. Sí que es un tipo muy curioso y muy culto, que nos habló mucho de las diferencias entre Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca, y nos contó algo que en nuestro absoluto desconocimiento e incultura tremenda ni se nos había pasado por la cabeza, que es que el finés y el noruego se parecen mucho menos que el noruego y el español. Decía que para él es como si le pusiéramos a hablar en chino. Entonces, tuvo que estudiar muchas de esas cosas del finés para poder hacerlo bien.
Has explorado muchos subgéneros dentro de la comedia, entre ellos el musical, ¿crees que se pueden explorar muchos estilos y temas dentro de la comedia? Todos. A mí lo que me da pena es que en España hacemos muy pocas comedias inteligentes, muy pocas comedias que no persigan únicamente la carcajada, que es muy lícito, y extremadamente difícil. Pero sí que echo de menos películas como ‘Lapönia’ que realmente son cuatro personas hablando sin decir gilipolleces ni tonterías sino que tienen temas de conversación interesantes. Y que desde ahí también pueda surgir el humor sin necesidad de que los personajes hagan el tonto.
Uno de los que hacen comedia inteligente es Diego San José, con el que has colaborado en algunas ocasiones. Bueno, no le digas eso, porque ahora dice que él ya no hace comedia. Desde ‘Vota Juan’ intentó dar un paso a hablar de cosas más serias. Y lo ha ido fortaleciendo en ‘Celeste’ y sobre todo en ‘Yakarta’, que yo creo que es una obra maestra. Texto de Roberto González.



