Las amistades peligrosas. Cuando el poder de una mujer incomoda.

David Serrrano dirige a Pilar Castro, y a otros nombres conocidos de la escena, en este texto de ‘Las amistades peligrosas’, donde la actriz interpreta a una mujer inteligente y muy lúcida en una narrativa con temas que siguen de actualidad como el abuso del poder y del dinero. Una reflexión que ella misma hace y nos cuenta en este diálogo que se crea encima de las tablas y que en ocasiones incomoda al espectador. Hablamos con Pilar Castro.
La novela en la que se basa este texto de esta obra es del siglo XVIII, pero sin embargo plantea muchos temas que están de total actualidad y que pueden servirnos para hacernos reflexionar. ¿No resulta un tanto inquietante? Eso es, y no solo como actriz, sino como persona que ve que ciertas cosas no han cambiado y siguen muy latentes a pesar de todo el tiempo que ha pasado. En el texto de la obra se saca a relucir esa idea de yo puedo hacer contigo lo que quiera porque tengo más poder que tú y eso es algo que sigue y que podemos reconocer en muchas esferas y ámbitos de nuestra vida con personas que nos encontramos. El poder, cuando no se cuestiona, permite eso. Es triste, pero creo que es así y sí, no ha cambiado en absoluto en el siglo XXI.
¿Cómo se enfrenta uno a un clásico moderno como este? Se ha respetado bastante la época, ¿eh? Tenemos mucho en cuenta el qué dirán, el decoro, las costumbres… Entonces, para mí, es un clásico, ¿no? Habla de temas universales como el amor, los celos, el poder, el abuso de poder… Entonces, ¿cómo te enfrentas? Pues con un texto maravilloso, que me tiene absolutamente enamorada e hipnotizada, con un aprendizaje vital increíble y metiéndote hasta el tuétano para comprender a estos personajes. Un texto que está por encima de todo ya que apenas hay escenografía y hasta el vestuario es muy parco. La grandeza es el texto, que resulta totalmente actual, y David optó por hacerlo más atemporal, con lo que adquiere un tinte más universal ya que te puedes identificar en muchas situaciones.
Interpretas a la marquesa de Merteuil. El papel puede ser un tanto incómodo ya que puede dar lugar a reflexiones morales sobre su actuación. Mi trabajo como actriz es precisamente llevar a cabo ese personaje, pero sin justificarlo ni pensar u opinar sobre cómo es o si lo que hace es bueno o malo. En varias ocasiones cuando me han preguntado por el papel suelo decir que me cuesta aceptarlo cuando me dicen: «es muy mala, es una loca». Yo intento tener mi versión del personaje y está claro que puedes tener una opinión, pero subjetivamente tienes que defenderla y hacerlo lo mejor posible. Al final los actores lo que hacemos es contar esa historia. Somos esas herramientas para hacerlo. Si nos detenemos en ella vemos a una mujer que, dentro de un sistema de hombres, no tiene más remedio que ponerse a su nivel para tener poder. Y además lo hace demostrando ser muy astuta y muy inteligente. Incluso podíamos decir que es feminista en ese deseo que tiene de estar de igual a igual. Cuando los hombres han hecho esto durante siglos no se les ha juzgado igual. Cuando lo hace una mujer, ya está mal visto, sobre todo en un momento social e histórico donde la mujer solo tenían dos opciones de vida: o se casaban o se hacían monjas.
¿Cuesta aceptar a mujeres poderosas si no son moralmente ejemplares? Sí, estoy totalmente de acuerdo y es algo que ha sido así desde los principios de la humanidad. Nadie pone en duda que a las mujeres se las ha señalado mucho más por lo malo que por lo bueno. Cuando eran brillantes, se las invisibilizaba o se las llamaba locas. Si no, ahí tenemos el ejemplo de Juana la Loca. Hoy en día, y aquí queda camino por recorrer, el poder de una mujer sigue incomodando.
La obra habla de abuso de poder, consentimiento y de cómo el dinero lo compra casi todo. ¿El teatro solo debe entretener o hacer que nos revolvamos en nuestros asientos ante lo que vemos? Sin duda, lo segundo. El teatro es una ventana enorme para sacarte de tu cotidianidad y hacerte reflexionar. También puede emocionarte o distraerte, pero a mí me gusta que me saque de mi zona de confort. Creo que esa es una de sus funciones principales: despertar esa conciencia, esa reflexión y ese punto de vista que quizá no nos habíamos planteado.
David Serrano a la dirección y compañeros como Roberto, Carmen, Ángela… ¿cómo está siendo trabajar con ellos? Apenas llevamos unas funciones pero en cada una se nota cómo nos encontramos cómo grupo y como equipo. La verdad es que está siendo maravilloso. Hay una fuerza interior entre nosotros que vemos que se transmite al público y al exterior y yo estoy feliz por ello. Creo que ha sido y es un casting muy acertado y la verdad es que son todos compañeros excelentes. No podría haber pedido más la verdad.
Además con David has trabajado en cine y en más proyectos de teatro. Empezamos juntos y desde muy jóvenes en todo este mundo y la verdad es que hacía mucho tiempo que no trabajábamos juntos y siempre es un placer inmenso.
Muchos espectadores redescubren a los actores en el teatro después de verlos en televisión, como puede haber sido tu caso. El teatro te permite representar estos textos maravillosos, profundizar mucho más, estudiar el contexto en el que tiene lugar la historia. Y luego está la repetición diaria: cada función es un descubrimiento. Es algo vivo. En un mundo tan tecnológico, el teatro es de las pocas cosas analógicas que quedan. El estar sentado, escuchando y recibiendo. Y yo igual, estar ahí sentada, actuando y dando. Es una comunión perfecta. A lo largo de mi carrera he hecho muchos papeles, desde los más dulces a los más oscuros y para mí es un aprendizaje continuo enfrentarme a ellos como lo hago. Soy una persona a la que no le asustan los retos y eso es una satisfacción enorme. Texto de Victoria Herrero. Fotografía de Javier Naval.
‘Las amistades peligrosas’ se representará el 26 de marzo en Félix Petite Antzokia de Vitoria-Gasteiz.



