Todos pájaros. Contra la xenofobia.

Mario Gas dirige la adaptación de esta obra del libanés Wajdi Mouawad (‘Incendies’) que gira en torno a un tema de tanta actualidad como el conflicto árabe-israelí a través de una historia de amor con tintes de tragedia clásica.
No es la primera vez que adaptas una obra de Wajdi Mouawad, ¿qué tiene este autor para que vuelvas otra vez a él? Bueno, la verdad es que es un autor, por un lado, me gusta mucho, porque es un dramaturgo con una gran capacidad de penetración en los conflictos del ser humano y de las sociedades, aplicadas sobre todo en los conflictos de Oriente Medio, y luego, que tiene un lenguaje dramatúrgico de primera calidad. En las dos ocasiones han sido ofertas que me han hecho de la empresa Ysarca, pero vamos, es un autor que realmente me gusta muchísimo. Me impresionan su manera de escribir, los temas que trata y cómo aborda la relación con el otro, la traición, la paradoja, el perdón, y ahora que tenemos ese conflicto terrorífico en Oriente Medio adquiere incluso una vitalidad y una pujanza aún más fuertes.
En cuanto a este tema de actualidad, el conflicto palestino-israelí, ¿ofrece la obra alguna esperanza de reconciliación entre la población civil? Bueno, yo creo que Wajdi Mouawad, como gran dramaturgo y hombre de su tiempo, no escamotea hurgar en las raíces dolorosas y sangrientas del enfrentamiento de las comunidades y de las personas, pero siempre al final, pese a lo trágico, a la depuración y a la catarsis, siempre establece un punto en el que puede haber esperanza si realmente la trabajamos. En ese aspecto es un autor lúcido, catártico y lúcidamente esperanzado, pero sin escamotear realmente la crudeza del conflicto que viene de lejos y sus paradojas, y cómo realmente la figura del otro es tan maltratada y masacrada cuando a veces todos, yo diría siempre, somos los mismos.
¿ Es una obra que puede suscitar reflexión o incluso controversia entre el público que la reciba Reflexión sí, controversia yo creo que poca, y más a tenor de lo que está ocurriendo ahora en territorio palestino-israelí. Además, Wajdi es un hombre que reflexiona y evita muchísimo hacer obras panfletarias. Esta es una obra muy cruda que pone al descubierto cómo se pueden desarrollar los conflictos, cómo podemos aunar las voluntades y cómo se producen los hechos trágicos desde la incomprensión, la xenofobia y la invención de posturas absolutamente encontradas. No vamos a encontrar en Mouawad nunca un libelo, un panfleto. Él reacciona y especula con el alma humana de una manera soberbia.

«En esta obra encontraremos reflexión, controversia yo creo que poca, y más a tenor de lo que está ocurriendo ahora en territorio palestino-israelí. Wajdi es un hombre que reflexiona y evita muchísimo hacer obras panfletarias».
En algunos lugares se compara la historia con la de ‘Romeo y Julieta’, ¿esa semejanza va más allá de la sinopsis o el planteamiento? Bueno, por ahí va uno de los temas planteados en la función y que desencadena el conflicto, aunque luego realmente la obra, como todas las del autor, tiene muchos flecos y muchos aspectos. Pero sí que es verdad que todo nace de la unión, del enamoramiento, de dos jóvenes que estudian en Nueva York. Uno es alemán y la otra es americana, pero ella es de procedencia absolutamente árabe y él es hijo de una familia judío-israelí.
A partir de ahí se desencadena ese amor de ser casi Romeo y Julieta, aunque luego la cosa va por otro lado, y llega a toda una serie de conflictos. Pero yo no circunscribiría la obra a una revisión de Romeo y Julieta moderna, sino que aparece como un punto de partida.
¿Qué significado tiene el título? He leído que guarda relación con la leyenda del pájaro-anfibio. Hay una vieja leyenda de un pájaro que queda fascinado por los peces que ve desde la altura en el mar. Sus congéneres le dicen: “no te acerques a ellos, que son diferentes”. Pero él no puede vivir sin descifrar eso y se tira en picado hacia el mar, penetra dentro y cuando está a punto de ahogarse, le salen branquias y se comunica con esos peces. Les dice: “No soy un extraño, soy yo, soy uno de vosotros”.
Esa es una leyenda antigua, muy hermosa realmente, que destruye todo tipo de xenofobia o apartamiento del otro.
Lo que aprendiste adaptando ‘Incendies’, ¿lo has aplicado un poco aquí o hay semejanzas en la puesta en escena? La puesta en escena de cada función hay que abordarla a partir de la propia esencia de la obra, pero qué duda cabe que desde fuera siempre encuentras unas claves que de alguna manera se repiten en los autores y Wajdi no es una excepción. Lo que hay que hacer es clarificar muchísimo la historia, porque tiene historias muy complejas y alambicadas. Hay que aplicar una verosimilitud escénica muy fuerte y concentrarlo casi todo en el trabajo de los actores.
He leído que utilizáis una pantalla. Sí, tenemos una pantalla, una pantalla con imágenes concretas y a veces metafóricas que ha hecho mi fantástico colaborador, Álvaro Luna, con el que llevo trabajando ya casi veinte años colaborando, y luego unas plataformas muy desnudas, unos objetos, la luz y una música muy sugestiva y a partir de ahí todo el juego escénico para clarificar absolutamente qué es lo que pasa, cómo pasa, cuándo pasa, sin caer en falsos elementos poetizantes que de algún modo encubran la claridad expositiva de los personajes y los conflictos que se suscitan entre ellos.
Cuentas con un reparto grandes nombres con algún cambio de última hora, pero igualmente siguen siendo muy conocidos. ¿Qué destacarías de su trabajo y su entrega? Soy muy feliz. Tengo una compañía brillantísima, entregada, que ha profundizado absolutamente en los personajes, que se conmueve con ellos y que traslada al público toda la potencia, toda la veracidad y toda la poética de ese espectáculo. Es una compañía además muy compacta, que se entienden entre ellos y que resuelven de una manera no sólo brillante sino también profunda y percutante la realidad de los personajes y de los conflictos que ha creado Wajdi Mouawad. Texto de Roberto González. Fotografías de Sergio Parra.



