El dilema del corcho. Cuestión de principios.

Ramón Barea y Patxo Telleria protagonizan esta mezcla de comedia y thriller escrita por este último en la que un profesor jubilado que ha criticado duramente la donación de un multimillonario necesita un tratamiento para el cáncer de uno de los equipamientos de radioterapia financiados por dicho acto de caridad. Ahora el maestro debe decidir si ser fiel a sus principios o bajarse los pantalones y elogiar al filántropo.
Suele decirse que lo personal es político, ¿hasta qué punto esta obra lleva esa premisa hasta sus últimas consecuencias? RAMÓN BAREA: Sí, esa fue la proclama feminista: «lo personal es político». En esta obra se habla más de la ética, de la ética personal y de la conducta social. Mi personaje tiene un conflicto entre sus ideas y su comportamiento. Tiene un conflicto entre lo que piensa y lo que hace.
PATXO TELLERIA: Somos animales que responden ante la vida con impulsos que parten, algunos, de la razón (y por tanto, ideológicos, políticos…) y otros de las tripas (y por tanto emocionales, subjetivos, personales). Todo el abanico de creencias que creemos tener fruto de nuestro pensamiento, está trufado, en mayor o menor medida por lo visceral. Casi se podría decir que «pensamos aquello que queremos pensar”. Consciente o, en la inmensa mayoría de los casos, inconscientemente. Hecha esta aclaración previa, por descontado que en esta obra se mezcla lo político y lo personal. En este caso de manera plenamente consciente. Como en un ejercicio de estilo, la obra parte de un conflicto que parece exclusivamente ético, ideológico y político, para terminar en un cara a cara personal entre dos viejos amigos que quieren ajustar cuentas pendientes.
Se trata de una curiosa combinación de géneros: thriller y comedia, ¿tiene más de uno o de otro? R.B.: Lo maravilloso de la obra de Patxo es que maneja muy bien la estructura de comedia, es ágil, divertida, sorprendente… al servicio de una trama que nos va adentrando en un tema más profundo, que tiene que ver, como digo, con cuestiones éticas.
P.T.: El mecanismo teatral de la obra, está construido en base a una evolución en el tono dramático. La obra, en su primera parte, parece un enredo de comedia. Uno puede tener la sensación de estar viendo una obra al estilo de ‘La cena de los idiotas’. Todo parece liviano e intrascendente, destinado simplemente a entretener al espectador con una entretenido vodevil. Pero el conflicto va adquiriendo cada vez más densidad, se va espesando, hasta que casi sin darnos cuenta entramos en lo que puede parecer un thriller policíaco al uso, con un detective que investiga un caso y un sospechoso a punto de ser cazado. Pero esto también es solo apariencia, porque en la parte final de la obra descubrimos que no estamos ni en un vodevil ni en una historia detectivesca, sino en un thriller psicológico y ético.
¿Encontráis algo de vosotros en los personajes que interpretáis en la obra? R.B.: Siempre hay algo nuestro en el teatro. Por eso nos convoca. En lo interpretativo los recursos para construir un personaje son tu cuerpo, tu propia ánima. El manejo de estos recursos son la interpretación.
Inevitablemente se filtran siempre las vivencias personales, la memoria sensorial, con los personajes que interpretas. En todos los espectadores va a haber un reconocimiento con el profesor de esta obra.
P.T.: Me temo que respondiendo a fondo esta pregunta desvelo mucho más de la trama de lo que debería a un hipotético espectador interesado en ver la obra. Así que tendré que andar con pies de plomo. Yo no diría que me siento identificado explícitamente con ninguno de los personajes que interpreto en la obra, excepto con el último, el de la parte final. Los dos anteriores son instrumentos para conducir la trama al punto necesario. Este último personaje tiene algo de mí, pero sobre todo tiene mucho de mucha gente de este país.
Actuáis juntos en la obra, ¿ha sido necesaria mucha complicidad para poner la función en escena entre ambos? R.B.: Trabajar con Patxo y con su obra ha sido un viaje feliz. Nos conocemos de hace mucho tiempo. Nos «reconocemos» también en todos los sentidos en lo personal y en lo profesional, como actor, como autor…. Yo me he montado en un tren en marcha con un personaje creado por Patxo y dibujado por primera vez por Mikel Martínez. Patxo me ha guiado muy de cerca y me ha dejado construir el personaje.
P.T.: Es una obra de teatro de dos personajes, y estamos los dos en escena desde el principio hasta el final. Sin complicidad habría sido imposible sostener la escena. Yo había trabajado antes con Ramón, pero esta vez la experiencia ha sido mucho más intensa e inmersiva. Los dos tenemos además larga experiencia en teatro y eso también se nota.

“Ramón y yo hemos trabajado antes juntos pero esta vez la experiencia ha sido mucho más intensa e inmersiva».
‘El dilema del corcho’ llega a Pabellón 6 pero ya ha tenido varias representaciones, ¿cómo la recibe el público? R.B.: El público entra desde el minuto uno al juego, y viaja con los personajes en un recorrido dramático vertiginoso y sorprendente. La obra tiene esa mezcla mágica que la hace muy atractiva. El público disfruta. Me acuerdo de una máxima de aquel grupo independiente que se llamó ‘Los Goliardos’: «El único respeto que se debe al espectador es el de no subestimar nunca su inteligencia».
P.T.: Sí, hemos tenido bastantes bolos. Y además una estancia de casi un mes en Madrid. Aunque cada sala es diferente y cada público tiene su propia alma, en líneas generales la reacción de los espectadores se parece casi siempre: al comienzo hay diversión, risas… Poco a poco el público va callando, y llega un momento en el que «oímos» el silencio del público.
Al margen de la obra, Pabellón 6 está en proceso de una importante reforma, ¿nos podéis contar algo acerca de ello? R. B.: A mediados de octubre se inaugura el pabellón que será la sede de Gazte Konpainia/Compañía Joven de Pabellón 6. Y en noviembre comienzan las obras de reforma del actual Pabellón 6 y que durarán un año. La actividad no se va a interrumpir. Estamos muy ilusionados y con la cabeza a cien por hora con proyectos futuros. Texto de Roberto González. Fotografía de Pio Ortiz de Pinedo.
‘El dilema del corcho’, dirigida por Mireia Gabilondo, con Patxo Telleria y Ramón Barea, se representará en castellano del 6 al 7 de septiembre y del 12 al 14 de septiembre y en euskera el 4 y el 11 de septiembre en Pabellón 6.



