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Barro Rojo. Contra la LGTBI Fobia.

BarroRojo

Cuando se cumplen diez años desde su estreno Javier Liñera sigue interpretando esta obra candidata a los premios MAX, dirigida por Linda Wise y Daniela Molina, e interpretada por él mismo. Es la historia de un hombre gay que fue encerrado en un campo de concentración, narrada por su sobrina Amelia. Una función intensa en la que su protagonista recurre al canto y al transformismo y despliega un gran abanico de emociones.

¿Cuál fue la génesis de la obra? ¿Hay algún elemento autobiográfico? Hay pequeños elementos autobiográficos, pero no nació de ahí. Yo había dejado una compañía en la que estuve muchos años y me iba a hacer teleoperador porque estaba muy cansado de todo esto. Entonces un amigo mío me dijo que no lo hiciera. Obtuve una beca artística y me fui a París a estudiar y allí Linda Wise me dijo que quería dirigir algo. Y a partir de ahí le dije que había un tema que me interesaba que tenía que ver con el colectivo LGTBIQ+ en las cárceles de Franco. Empecé a investigar no sólo sobre los campos de concentración en Europa, sino los que había también durante la dictadura franquista y cómo estos campos se transformarían en las cárceles y en los campos de trabajo que ha habido en muchos sitios. El de Tefía es el más famoso pero también había cárceles en Badajoz u Huelva y en cada una de las cárceles, como la Modelo de Valencia, la de Barcelona o la de Madrid, siempre había un recinto para las personas LGTBIQ+.

¿Y al tratar ese tema se te ocurrió tratarlo a la vez en Alemania y en España? Sí, porque yo no conocía mucho lo que había sucedido con los campos de concentración y los campos de exterminio. Sabía algo sobre el triángulo rosa que se ponía para identificar sobre todo a los hombres gays porque a las mujeres en general no se las consideraban como seres sexuados. Y entonces cuando empecé a investigar llegó la idea de relacionar los campos de concentración alemanes y españoles. Yo no sabía que durante la guerra hubo campos de concentración en España. Vi que había habido campos de concentración hasta en la propia Universidad de Deusto y en otros edificios en Bilbao, que duraron poco tiempo.

A la hora de idear la obra, ¿cómo influyó un poco tu trayectoria? ¿Tenías interés en que tuviera un carácter multidisciplinar, introduciendo elementos musicales además de comedia y drama? Pues la verdad es que no. Yo monté la obra por una necesidad artística, porque había una mujer como Linda Wise, que para mí tiene un recorrido artístico interesante, y me dije: voy a hacer esta función para ella. Voy a hacerla para seis funciones. Esa era inicialmente mi idea.

No tenía una idea prefijada de demostrar mis dotes artísticas, ni mucho menos. Sí que es verdad que había estado estudiando dramaturgia y que quería escribirla yo. La obra pedía mostrar un poco lo que sucedía en los campos. Se cantaba, había transformismo…un poco con las sabanas o lo que hubiera por ahí. Había algunas veces actos un poco lúdicos, dentro de lo que podía vivirse, había una cierta pulsión vital. Y eso quería trasladarlo a la obra. Por eso hay momentos musicales, en los que se canta. Y luego el protagonista , o la protagonista, es una transformista. También porque en los años 70 tuvieron lugar las primeras manifestaciones del Pride. O sea que se dieron toda una serie de causas por cómo la obra se iba construyendo. No fue algo premeditado de primeras.

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«No quería que la obra fuera algo únicamente victimista. Estas personas luchaban por sus vidas y por una serie de derechos. Creo que eso también tenía que estar plasmado en la función».

En la obra no sólo cambias mucho de personaje, sino que también pasas de situaciones leves a otras muy dramáticas en cuestión de segundos, ¿te resultaba esto difícil al principio? Al principio me costaba bastante, pero yo sabía que en la dramaturgia eso era importante, porque es como darle la mano al público y llevarles por un viaje. Yo sabía que no podía ser una cosa muy oscura. Hay momentos más oscuros y otros momentos en los que hay más luz. Es decir, que sobre todo por esa pulsión vitalista de la que he comentado, no podía ser algo únicamente victimista. Estas personas luchaban por sus vidas y por una serie de derechos. Creo que eso también tenía que estar plasmado en la función. Sí que es verdad que cuesta como actor, pues, porque el cambio a veces es muy radical o ,más bien, hay mucho contraste. Pero ahora ya no me cuesta nada pasar de una cosa a la otra. Antes me cansaba. Siempre que empezaba la obra era como si fuese la montaña del Everest.

Cuentas que creaste la obra con la intención de que Linda Wise fuera la directora, ¿y cómo se añadió la otra directora, Daniela Molina?  Entraron las dos a la vez. Lo que pasa es que Linda se defiende en inglés pero el castellano no lo domina tanto. Entonces Daniela nos dio el apoyo respecto con el idioma. Por eso están las dos.

La función se estrenó en el BAD en el 2015.  Sí. Y a principios de este año, por el décimo aniversario, se estrenó en el Arriaga, en Bizkaia, y en Vitoria también. Ha sido una celebración de la propia obra y de los diez años de trabajo de creación. Esta obra ha sido como un punto de inicio o un punto y aparte dentro de mi cambio profesional. La estrenamos en euskera, que ahí la protagoniza Aitor, y yo la reestrené otra vez en castellano. Con esta obra yo fui candidato a los premios Max como autor novel y luego vinieron una serie de premios, o sea que para mí fue como un espaldarazo para continuar en este camino como creador.

Entiendo que se ha representado en muchas ocasiones desde 2015.  Bueno, desde el 2015 hemos tenido un montón de funciones. Fuimos al Festival Don Quijote en París, al Festival de Santiago de Chile, a la escena contemporánea de Brasilia, entró dentro de la red de teatros de Euskadi y de otras redes de teatro. Tuvo su recorrido. Y ahora está costando un poco más pero bueno, es que el panorama actual es diferente. En cualquier caso la versión en euskera ha tenido éxito, ha gustado a los programadores y está dentro del catálogo de la red de teatros de Euskadi.

¿Qué supuso para ti la buena recepción de la obra y que fuera candidata a los Max? Una gran alegría. Además esta obra yo la presenté también para su publicación en Antígona, que es un editorial bastante reconocida en cuanto a textos teatrales. Gracias a este me llegaron otra serie de espectáculos que han tenido también buena recepción, como ‘Antonia’, que también fue candidata a los premio Max en dirección, espectáculo y actor. Ahí no actuó yo sino Aitor Pérez. Y la temporada que viene estrenaremos ‘De lo peor que le puede pasar a un niño’, que es el Premio Max de la Ciutat de Valencia, que es uno de los premios más importantes a nivel estatal. Esto se estrenará con Ekoma Teatro en Vitoria, y luego irá a Getxo, en octubre o septiembre. Texto de Roberto González.

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