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Al fin del camino. Orgullo paternofilial.

fincamino

En Aste Nagusia la sala Urban Hall del Euskalduna se transformará en el Euskalduna Klub, un cabaret que abrirá sus puertas antes de la función para ofrecer música ochentera, photocall y servicio de barra, como anticipo a una obra que combina comedia emotiva y show drag. Hablamos con Alex Antúnez, el creador de la idea y uno de sus protagonistas.

Esta es una versión renovada de la función. ¿Cómo ha evolucionado la idea desde que se originó por primera vez hasta lo que veremos en el Euskalduna? La primera vez que se representó ‘Al fin del camino’ fue pre/post-pandemia. Este espectáculo lo tuvimos que ensayar y que crear en mitad de una pandemia. Entonces ya había muchas cosas que nosotros como compañía que hace teatro de calle descubrimos que no íbamos a poder hacer porque estaban prohibidas literalmente. No íbamos a poder tocar al público, no los podíamos mover porque tenían que estar en sillas, a distancia, con mascarilla y ya se hacía un poco de sol, me encontraba la gente con mascarilla, gafas y visera. No había ningún tipo de feedback ni ningún tipo de estímulo que recibiéramos yo o mi compañero Gabriel Ocina. Entonces es verdad que la idea inicial, antes de que pasara todo lo que pasó, era un espectáculo más callejero, pero con la pandemia tuvimos que adaptarnos a la situación y luego ya poco a poco, cuando ya todo esto fue pasando, sí que nos fuimos permitiendo acercarnos a la gente, hacerles partícipes.

De ahí venimos y llegamos ahora al Euskalduna, casi como una evolución natural del espectáculo, porque sí que es verdad que ‘Al fin del camino’ nació como un espectáculo de teatro de calle para hacer de día, luego lo hemos empezado a hacer de noche con un diseño de luces, eso sí, en la calle y ahora ya como el giro total cerramos el círculo, o lo abrimos, con este nuevo formato en Euskalduna con el concepto de que la gente va al teatro, pero que tenga la sensación de entrar en un club, de entrar en otro espacio, no en una sala teatral. Encaja muy bien porque contamos la historia de una cosa que pasó entre un padre y un hijo hace veinte años en un club con drag queens y travestis y al transformar el hall del Euskalduna en un club, veinte años después ese padre y ese hijo que dejaron de verse en un club en los años 80 se vuelven a encontrar en el 2024 en otro club.

La idea primigenia era juntar estos dos mundos del drag queen y el tema del alzheimer. Para nosotros era muy importante visibilizar ambas cosas en la calle. Muchas veces a la gente mayor nos da como cierto pudor que se les vea disfrutando en la calle cuando no están en sus plenas facultades y muchas veces nosotros mismos los familiares les quitamos esa libertad por el que dirán. Son dos mundos a priori antagónicos pero que nosotros queríamos visibilizar en un cóctel un poco explosivo pero al final es una comedia emocional de enredos que funciona porque cuenta una historia. La compañía Hortzmuga lleva treinta y cinco años contando historias en la calle y en espacios no convencionales. En cuanto ‘Al fin del camino’ hemos acuñado el término de tragicomedia de orgullo paternofilial. No deja de ser una historia entre un padre y un hijo y no hace falta ser del colectivo LGTBQ+ ni tener familiares que sufran de Alzheimer para conectar y participar de ello.

La dramaturgia está firmada por Àngel Mirou, ¿pensaste que él ayudaría a expandir la idea inicial que planteaste? Sí, el argumento estaba bastante desarrollado por mí pero luego contamos con Ángel que estuvo trabajando con nosotros en la sala de ensayo mucho tiempo y a través de esta sinopsis y propuestas de Ángel íbamos improvisando directamente los dos actores con las propuestas que lanzaban desde dirección Izpiñe Soto y Ángel desde la dramaturgia para ir tejiendo o ir montando este puzzle. Evidentemente nos vino muy bien la ayuda de Ángel para armar una pieza dramática, ya que yo hasta el momento lo que soy es intérprete.

La idea de que el padre hubiera sido sindicalista de Astilleros Euskalduna ¿estaba ya antes de pensar en representarla en el Palacio Euskalduna? Es una cosa que ya estaba, porque nosotros somos de Bilbao y queríamos que el personaje fuera sindicalista. No queríamos poner a alguien de derechas porque sería el típico tópico del personaje de derechas en contra del movimiento. Puedes poner a a un sindicalista que tenga este encontronazo, ese choque de trenes dentro de su cabeza de “es mi hijo pero no puedo soportar verlo vestido de mujer”. El alzheimer hace que el personaje reviva esos momentos de lucha, cosa que nos ha venido muy bien a la hora de reestructurar y engrandecer un poco la estructura del espectáculo a nivel técnico con bailarines. Y queda muy bien llevarlo al Euskalduna, aprovechando también además que cumple 25 años. Se han dado muchas pequeñas casualidades o causalidades.

 

«Es una montaña rusa y siempre va muy guiada por el humor pero tiene subidas y bajadas y hay momentos emocionales en los que nosotros provocamos que la gente  se ponga en los zapatos de los personajes, en las plataformas de la drag y en las zapatillas de casa del padre, que entendiesen las dos caras de la moneda».

La obra ha contado con el asesoramiento de varios artistas célebres del drag del País Vasco, por tanto podría decirse que representa una realidad a la que muchas personas se tuvieron que enfrentar en el pasado? A ver, la sinopsis del espectáculo y sobre todo el histórico de los personajes estaba bastante perfilado antes de hablar con las drags o los travestis o transformistas de aquí del País Vasco pero a modo de comunicación queríamos conocerles para no hacer ningún tipo de caricatura y no pasarnos de frenada, no caer en cosas vulgares ni en imaginarios sencillos y fáciles. Hay mil maneras de hacer drag y todas son válidas. Yo me quito el sombrero por todas las capacidades y todo el ingenio que han tenido que desarrollar para acabar haciendo su personaje. Al igual que hablamos con drags, también estuvimos hablando con familiares de personas enfermas de Alzheimer porque nosotros nos gusta mucho hacer humor, pero no nos gusta reírnos de nadie ni ridiculizar a nadie. Hay mucho humor en el espectáculo y también hay drama, pero todo ello se enfrentó con mucho respeto

Sobre el arte del drag, Eduargo Gaviña, Yogurinha Borova en el making of, habla de que es algo muy difícil y muy sufrido, aunque también se disfrute. Tú que interpretas a esta Divina Pedrea, ¿cómo lo ves? Sí, Yogurinha creo que en el vídeo dice que somos como ratas (risas) y las ratas siempre sobrevivimos, pero mira, hay un símil a la gente que militamos en el teatro de calle, nosotros necesitamos ganarnos al público em todo momento, y ahí conectamos con la energía de una drag que está a las tantas de la mañana por la noche y que tiene que inventarse cualquier cosa para conectar con la gente. Yo puedo hablar más de mí personalmente, tiene mucho que ver, aunque yo no sea drag porque no lo soy, pero sí tiene mucho que ver cuando yo salgo a la calle, o me subo a un escenario. La Otxoa, Asier Bilbao, Yogurinha Borova y Nagore Gore tienen ese punto, ese veneno dentro de disfrutar lo que están haciendo, por muy duro que sea, que yo lo reconozco porque lo veo en un escenario: es duro, no es fácil, pero si no hubiera un momento de disfrute no estaríamos aquí.

Hay comedia, reivindicación, drama con el tema del alzheimer, partes musicales…¿cómo se combinan estos cambios de tono? Es una montaña rusa y siempre va muy guiada por el humor pero tiene subidas y bajadas y hay momentos emocionales en los que nosotros provocamos que la gente se emocione y se ponga en los zapatos de los personajes, en las plataformas de la drag y en las zapatillas de casa del padre, que entendiesen las dos caras de la moneda. Luego sí tenemos números de playback, hay coreografías, hay participación con el público, hay mucha comedia pero la comedia se usa como vehículo para que el espectador empatice con los personajes. A veces nos ha pasado que la gente ha dicho: “hostia, me he reído mucho, pero se me han caído las lágrimas”. Entonces decimos: “Muy bien, pues a eso veníais, a reíros muchísimo y a emocionaros” porque al final, como te decía, nosotros contamos historias.

La historia nos habla de una serie de conflictos generacionales que por desgracia solían producirse en las familias con un miembro de la comunidad LGTB+ . Hoy en día la sociedad ha evolucionado …pero, ¿lo suficiente?
Afortunadamente hoy en día se pueden contar estas historias pero creo que es necesario contarlas porque hay un gran público que se piensa que el colectivo ya tiene mucho ganado y que ya tiene una muy entrecomillada normalidad y no es así. Hay gente que se piensa que esto pasaba en los 80, en los 60, y es mentira: ese exilio sigue existiendo, la gente sigue yéndose, huyendo de los pueblos aunque suene muy rancio o muy antiguo. Eso es algo que hoy en día sigue pasando y lo tenemos que contar y no solo para la gente que pertenece o que está concienciada con el movimiento LGTBIQ+. Estas historias también tienen que escucharlas también la gente que no las conoce. Además yo me atrevo a asegurar que además de conocer esta causística y este conflicto familiar también se lo van a pasar muy bien. Texto de Roberto González.

‘Al fin del camino’ , dirigida por Izpiñe Soto, con Alex Antúnez y Gabriel Ocina, se representará, en euskera y en castellano, del 17 de septiembre al 1 de agosto en el Urban Hall del Palacio Euskalduna.

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