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Carmen Vela Quartet. Que vibre el jazz en cada esquina.

CarmenVela

Hablamos con Carmen Vela, flautista, clarinetista, compositora, y directora fundadora de la escuela El Molino de Santa Isabel. Con su pasión por la música ha llevado su repertorio de fusión de armonías de jazz, ritmos brasileños y vibrantes colores del flamenco por escenarios y calles de todo el país.

Tu álbum en solitario, ‘Camina’ (2021), trae consigo ritmos y melodías de diferentes regiones. Desde su lanzamiento, ¿ha habido algún nuevo lugar del mundo cuyos sonidos hayas empezado a integrar en tu música? Efectivamente, el disco ‘Camina’ lleva tintes de Brasil, de Cuba y del arte del flamenco de nuestra tierra. Esas tres músicas son verdaderas pasiones para mí y por eso las he incluido en este primer disco. Y sigo desarrollando la idea de coger elementos de ellas e integrarlas en mi nueva música. No he tenido ningún nuevo lugar del mundo cuyo sonido integrar en mi música pero si desarrollar distintos conceptos que vienen de estos lugares.

También haces sesiones de jazz para los más pequeños. ¿Cual es tu primer recuerdo con la flauta? ¿Siempre fue tu instrumento predilecto? A raíz de ser madre me surgió la necesidad de acercar mi mundo a mi peque y a todo su entorno, pero es difícil unir el jazz con horarios tempranos, volumen adecuado y espacios aptos para niños. Por eso hemos creado un lugar en Madrid para poder unir estos dos mundos. Y me gusta pensar que los niños que vienen quizás puedan empezar una carrera musical ya sea como intérpretes o como melómanos gracias a estos conciertos.

El primer instrumento que yo empecé a tocar fue el piano, donde hice la carrera de clásico del plan antiguo. La flauta vino después. Pero siempre me había gustado muchísimo su sonido. Y el último que apareció en mi vida fue el clarinete. Siempre me ha seducido mucho el sonido de la madera.

Has trabajado en varios proyectos que llevan el jazz a la calle o lo acercan a nuevas audiencias. ¿Qué es lo más valioso que recibes de estas experiencias? Lo más valioso de hacer conciertos fuera de lugares preparados para ello son las pequeñas anécdotas que surgen de esa libertad de escucha que puede tener alguien caminando por la calle que se encuentra con música en vivo.

Yo he trabajado durante trece años en el Círculo de Bellas Artes de Madrid coordinando el festival de música callejera ‘Las noches bárbaras’, y ahí he aprendido tanto de los músicos de distintos lugares del planeta que han venido con sus músicas tradicionales y populares y sus maneras de vivir la música. Eso sí que ha sido un verdadero máster musical.

¿Qué es lo que más os une como cuarteto? Claramente lo que más nos une a este cuarteto es la escucha y el disfrute. Pocas veces pasa eso de conseguir una felicidad continuada, y nosotros lo tenemos desde el primer día que empezamos a tocar. Parece que todos los conciertos fueran como la primera vez, como si estuviéramos descubriendo la música, y nos emocionara como niño con zapatos nuevos. Es motivador al máximo. Y hay una escucha suprema entre todos que hace volar el jazz más allá de la partitura. Yo estoy muy feliz de habernos juntado.

Fuera de la técnica musical, ¿qué crees que deben aprender tus alumnos a nivel personal para ser mejores músicos? La música es escucha, generosidad y disfrute. Si eso ocurre, te subes en el barco y empiezas el viaje. Texto de Janire Goikoetxea.

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