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March 1, 2024

Robot Dreams. Do you remember…?

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Tras su exitoso paso por festivales como Annecy (Mejor Película en la sección ContreChamp) o Sitges (en el que ganó el Premio del Público) llega por fin a los cines el 6 de diciembre esta divertida y emotiva película de animación para toda clase de público dirigida por el bilbaíno Pablo Berger (‘Blancanieves’, ‘Abracadabra’). Hablamos con el cineasta.

Los dos cambios más llamativos de la adaptación con respecto a la novela gráfica ‘Robot Dreams’ de Sara Varon tienen que ver con la ambientación. Por un lado el toque retro, de los ochenta, en las referencias culturales y por otro, los escenarios de Nueva York. ¿Tienen que ver con tu experiencia vital en esa ciudad? La principal razón por la que decidí realizar esta película es porque me apasiona la historia de la novela gráfica, pero sí que es verdad que uno de los motivos por los que la escogí es porque pensé que podría ambientar la historia en un Nueva York anclado en el pasado. No definimos exactamente la época. Hablábamos de mediados de los ochenta. Sí que tiene que ver con mi experiencia vital. Yo y mi colaboradora más cercana, Yuko Harami, vivimos diez años en Nueva York y sin duda fueron años fundamentales en nuestras vidas y en nuestra formación como cineastas. De modo que sí había un componente de nostalgia. Queríamos reflejar un Nueva York que conocíamos y que nos es familiar. También tiene mucho que ver con mi cine. Todas mis películas, incluso todos mis cortos, son de época. Concibo el cine como máquina para viajar en el tiempo y en el espacio. Nos gustaba la idea de que el espectador de ‘Robot Dreams’ de alguna manera pudiera viajar al Nueva York de los ochenta.

Luego mencionaré qué aspectos me parecen diferentes de ‘Robot Dreams’ con respecto a la mayoría de las películas de animación pero primero, ¿qué te atrajo a ti de la historia? Yo el cómic lo leí en 2010. Yo colecciono novelas gráficas sin bocadillos e inmediatamente conecté con el dibujo, me gusta el estilo de Sara Varon, pero sobre todo, con la historia me divertí, me sorprendí y me emocioné con el final. Me parecía que tenía un final excepcional. Pasaron un montón de años y en ese tiempo hice dos películas (‘Blancanieves y ‘Abracadabra’). Cuando estaba pensando qué haría después me senté y cogí este libro otra vez. Me volvió a fascinar, a divertir y a entretener pero esta vez el final no sólo me emocionó, sino que me conmovió. Me salieron lágrimas. Y en ese momento me di cuenta de que, al leerlo, yo ya había visto la película. Mi versión de la novela gráfica. Ese fue el momento en el que decidí que ese sería mi siguiente proyecto. La historia de ‘Robot Dreams’ habla de la amistad, de las relaciones, de su importancia y, sobre todo, de su fragilidad. Pero para mí hablaba también sobre la memoria y sobre cómo muchas veces superamos la pérdida a través de la memoria. Y de cómo si alguien ya no está con nosotros, por la razón que sea, mientras le recordemos, siempre sigue vivo. Todos esos elementos me interesaban mucho y también otro tema que aparece, la soledad, específicamente en la gran ciudad.

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«El cine con el que crecí era una experiencia conjunta en la que disfrutaban muchas clases de público. No me gusta el cine nicho que solo el autor va a comprender, tampoco el excesivamente comercial ni el que se orienta de forma muy exclusiva al público infantil».

El primer aspecto es que tal como decía el director de arte José Luis Ágreda es una película para todos los públicos pero en la que serán más bien los padres los que llevarán a sus hijos al cine. Sí, José Luis y yo estamos en perfecta sintonía. Somos como Robot y Dog. Hay campañas publicitarias orientadas a que los niños lleven a sus padres al cine y estos últimos se vean obligados a ver esa película. Esta es una película de autor, personal, que sí tenemos la ambición de que llegue al gran público pero que a los niños no les llegue a través de cadenas de fast food o anuncios en loop en las grandes cadenas. Sino que sean los padres que hayan podido leer esta entrevista en esta misma revista o hayan leído una crítica en Fotogramas y que piensen “esta película le puede gustar a mis hijos, o me puede gustar a mí”. Quiero pensar que el espectador adulto va a disfrutar con la película. Cuando estábamos haciendo la película y también cuando la autora dibujo el cómic nunca se pensó en la historia como algo dirigido al público infantil. Era un punto de vista adulto. Hablábamos de hacer una película abierta a todos los públicos en el sentido más amplio. Obviamente hay un público infantil que puede conectar con la película, también un público cinéfilo al que le puede gustar y por último, sin duda, el espectador que va de manera casual al cine y que busca entretenerse. Nuestra ambición es llegar a todos esos perfiles de público. La película ha gustado en festivales como Cannes, Annecy o Sitges , lo que significa que atrae al público cinéfilo, al aficionado a la animación y a los seguidores del cine fantástico. Y hace dos días estuvimos también en Mi primer festival, en Madrid y Barcelona, que es un festival orientado a los niños. El cine con el que yo crecí era esta experiencia conjunta en la que disfrutaban muchas clases de público. No me gusta el cine nicho que solo el autor va a comprender, tampoco el excesivamente comercial ni el que se orienta de forma muy exclusiva al público infantil.

En segundo lugar es interesante que la historia puede interpretarse como una relación de amistad o de amor. Y al ser este tipo de personajes también es muy abierto. Puedes pensar que se habla de relaciones hetero o LGTB. Sin duda. Y eso era una cosa muy importante para nosotros. Las películas nunca las acaba el director sino el público. Sin duda el público infantil la verá como una historia de amistad pero la gran mayoría del público adulto la verá como una historia de amor. Como bien has dicho, las emociones y los sentimientos no tienen género. La interpretación del género de los protagonistas y de algunos de los personajes secundarios es muy abierta.

Por último, sin desvelar mucho, está el final, que es algo distinto a lo habitual en producciones más comerciales.  No creo en los finales felices. La vida no es de color de rosas ni una comedia. La vida es una tragicomedia o una dramedia. Ese es el género que para mi gusto mejor refleja la vida. Me gustan los finales satisfactorios, me gustan los finales irrefutables. Creo que los finales de todas mis películas no son infelices pero sí tienen una cierta melancolía. Yo suelo ver la luz al final del tunel y el vaso medio lleno y creo que esto se refleja también en el final de ‘Robot Dreams’.

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«Esta película tiene el diseño de sonido más complejo de todas las películas que he hecho».

Antes has dicho que coleccionabas cómics sin texto y también firmaste una película muda como ‘Blancanieves’. ¿Tienes especial inclinación hacia las historias sin diálogos? Sin duda. Mi período favorito como cinéfilo son los años 20. Para mí es el período en el que los grandes directores como Murnau, Dreyer o Victor Sjöström desarrollaron el lenguaje cinematográfico al máximo. Para mí la llegada del sonoro fue un paso atrás. Es verdad que el cine ha evolucionado y hoy existen grandes creadores que arriesgan con el lenguaje cinematográfico pero creo que escribir en imágenes es lo que hace del cine una expresión artística única y de alguna manera me gusta pensar que el cine es una experiencia sensorial en la que la parte intelectual debe ser posterior a la proyección de la película. Yo creo que la película hay que sentirla más que pensarla mientras se está proyectando. Mi experiencia con ‘Blancanieves’ tanto en el rodaje como en su proyección y distribución internacional fue tan satisfactoria y me dio tantas alegrías que quería repetir con una experiencia similar. Similar pero muy diferente porque ‘Blancanieves’ era una película muda que miraba hacia el pasado mientras que ‘Robot Dreams’ primero, es de animación y segundo, es una película sonora. No tiene diálogos pero sí tiene sonido. De hecho tiene el diseño de sonido más complejo de todas las películas que he hecho. El equipo técnico pasó ocho meses trabajando en el sonido.

Se trata de un libro dibujado por una neoyorquina, adaptado por ti en España, con un director de animación belga…¿cómo conseguiste los derechos y cómo se reunió este equipo tan internacional? Yo creo mucho en las señales. Nada más releer la novela gráfica yo recibí un email del festival de Chicago para hacer de jurado. Me pareció una oportunidad fantástica para hacer una paradita en Nueva York y explicarle a Sara Varon que quería hacer una adaptación de su película. El encuentro con Sara fue fantástico. Ella ya había visto ‘Blancanieves’ y le atraía mucho hacer una producción hispano francesa de animación 2D. La relación con ella fue maravillosa. Me dejó libertad total a la hora de hacer la adaptación. Leyó el guion y le encantó, nos visitó en el estudio en Madrid y finalmente vio la película en el festival de Toronto. A ella le encanta la película igual que a mí me encanta la novela gráfica.

En una película como esta hay que destacar a los jefes de equipo. Hemos hablado antes de J.L. Ágreda con el que empecé haciendo el storyboard y continuamos la producción. Si Fernando Trueba tiene su Mariscal yo tengo a J.L. Agreda. El director de animación fue Benoit Feroumont, director de animación en ‘Bienvenidos a Belleville’ y ‘El secreto de Kells’. Un gran dibujante de cómics muy reconocido en el mundo francobelga. Fue tan generoso que dejó su carrera en stand by y a su familia para venirse dos años a montar el estudio de animación en Madrid y en Pamplona. Sin duda sin el trabajo y la dedicación de estas personas hubiera sido imposible llegar a hacer esta película.

Hay muchos dibujantes de cómic implicados en ‘Robot Dreams’. Además de Benoit y Ágreda, en el diseño de personajes también colaboró Albert Monteys. Sí, es verdad. Esta película también es una carta de amor al cómic. Yo no soy dibujante pero sin duda el cómic ha sido una de mis grandes influencias como director. Cuando era pequeño leía los cómics de Bruguera, más adelante a Hergé y luego también lo que fue para mí la edad de oro del cómic español en los ochenta con revistas como El Víbora, Tótem, El Cairo…para mí era tan importante ir al cine como leer cómics. Mi amor por el storyboard viene de mi amor al cómic. Cuando nos reunimos por primera vez José Luis, Benoit y yo queríamos hacer decididamente una película con la que el espectador que fuera aficionado al cómic sintiera verdaderamente que estaba viendo viñetas en movimiento. La línea, el color, que estuviese todo en foco…y que hubiese una integración total entre fondos y animación. Eso atrajo a otros dibujantes de cómic. Albert Monteys vino de la mano de Ágreda, hubo otros dibujantes que vinieron de mano de Benoit…Al final tenemos una docena de dibujantes de cómic trabajando en la película. Y creo que eso se nota en el resultado final.

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«La animación te permite contar historias sin límite». 

¿Tuviste algún problema a la hora de expandir o adaptar la historia? En realidad la historia de la novela gráfica de Sara Varon es como un esqueleto. Hay una estructura, unos personajes y una narración. Si hago una analogía con el jazz la novela gráfica sería una melodía pero si yo soy un músico de free jazz al que le gusta improvisar la historia me permitía improvisar, alejarme de la melodía, introducir personajes…pero luego en un momento determinado volver a tocar la melodía porque no me podía olvidar de la historia que quería contar. Porque , como ya dije antes, el tema de la novela gráfica es uno que ya sentía como muy cercano y al que creía que yo podía sumar porque conecta con mi mundo.

Tanto por el carácter silente de la película como por la propia historia de la novela gráfica era muy importante el aspecto musical. Habéis escogido ciertos clásicos de la música pop y soul. ¿Cómo surgió la elección de cada uno de esos temas?  En el cine silente la música siempre ha sido algo fundamental. En ‘Robot Dreams’ hay una música pop y luego hay una banda sonora creada expresamente para la película por Alfonso Vilallonga, mi músico habitual, que ha hecho una banda sonora inspirada en el jazz y el cool jazz. Para la música pop pensamos en que Nueva York es una ciudad en la que conviven diferentes culturas y músicas distintas que suenan al mismo tiempo. En la banda sonora aparecen desde la música latina con Canelita hasta el punk rock con Reagan Youth, de los que tomamos el tema ‘I hate hate!’. Luego también teníamos el mundo del new wave, indie, con el tema ‘Let’s Go’ de The Feelies. El hip hop estaba también en su eclosión en esa época y de ahí tomamos el tema ‘Breakdown’ de T La Rock, pero no podemos olvidar que los ochenta es la edad de oro de la música disco y un tema que a mí siempre me ha apasionado es ‘September’ de Earth, Wind & Fire, que se ha convertido en el tema principal de la película y el tema de Robot y Dog. Por último tenemos un personaje en la película, Rascal, al que le encanta el soul. Con él usamos el sonido Stax y su tema recurrente es de Booker T. & The MG’s .Yuko Harami ha sido la music editor y ha hecho un trabajo excepcional tendiendo un puente entre estos temas y los de la banda sonora original.

También hay una secuencia en la que necesitasteis bailarines de claqué. Sí, también tenemos un tema más big band con vientos que es un homenaje a los musicales de Busby Berkeley. El claqué era un protagonista de sus números musicales. También trabajamos con músicos de claqué para que fueran un instrumento rítmico que diera acento a una de las secuencias para mí más bonitas de la película, que nosotros llamamos ‘Flower Land’.

A lo mejor es pronto para decirlo pero… ¿crees que repetirás en el cine de animación? Supongo que sí. Mi carrera no se mueve a largo plazo sino por impulsos y por intuición. Lo que sí te puedo afirmar es que he disfrutado y he aprendido muchísimo. Siento que mis películas anteriores me prepararon para hacer esta. La animación permite contar historias sin límite. En el cine de imagen real hay límites presupuestarios y de posibilidades en cuanto a la ejecución. En animación no existen esos límites y eso para mí es un atractivo. De cara al público me parece muy importante recalcar una vez más que la animación no es un género. Los géneros son la comedia, el terror, el musical…La animación es un medio. Hay que conseguir de una vez por todas que el espectador acuda pensando que va a ver una película, independientemente de la técnica con la que haya sido realizada. Sigue siendo una historia solo que contada de una forma un poco diferente. Texto de Roberto González. 

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