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March 3, 2024

Raimundo el Canastero. Repartiendo rumba.

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Raimundo el Canastero están de celebración. Este verano cumplen dos años de proyecto, y a principios de año revolucionaron la escena vasca con su aclamado ‘No todo es rumba’. Este verano no han parado de repartirla por todas las fiestas y festivales y aún continúan por su Navarra natal gracias a la ayuda de Girando por Navarra. Charlamos con Imanol el Caete (cajón y voz) e Iñaki el Txarro (guitarra y voz) antes de un ensayo retrasado.

Estáis celebrando dos años de proyecto. ¿Cómo ha sido este proceso? Lo hemos vivido algo como muy del día a día sin pararnos a pensar mucho y dejándonos llevar. Si que hay días en los que te paras a pensar y dices “joe, llevamos dos años y estamos tocando en sitios que pa rato hubiésemos soñado con otras bandas que hemos tenido”, pero de momento nos sabe a poco aún, con ganas de más. Ha sido superespontáneo, la mayoría coincidiríamos en eso, por ejemplo meternos en una obra de local es por Oscar (Flako Ray, voz) que está todo el día poniendo pladur. Es como que cada uno hemos ido aportando cosas que podíamos dar. Ha ido todo como muy fácil, no nos hemos parado a pensar “venga va, vamos a llegar a tocar no sé dónde”. Empezamos a tocar seis en el covid, después hicimos el proyecto de banda con vientos… y va todo como superrápido. También, al ser tantos, tenemos muchas relaciones y las cosas son fáciles. Si yo tengo tres colegas y el otro tiene otros tres, al ser doce pues llegamos a mogollón de personas a las que podemos pedir ayuda, es lo bueno de ser un grupo grande.

Habéis tocado en todo tipo de escenarios: gaztetxes, instituciones, escenarios más “mainstream”… ¿Cuáles os gustan más? ¿Por qué? En principio txoznas: tanto por la organización, como por la tranquilidad con la que haces la prueba de sonido, por la cercanía que tienes con la gente… y es lo que hemos hecho toda la vida. En general hemos tenido buena respuesta en casi todas partes. El finde pasado estuvimos tocando a las ocho de la tarde en la plaza de Artajona, y también nos la gozamos… no ha habido ninguna sorpresa así que pensases que no iba a ser eso. También hay pijos majos (risas).

Hablando de etiquetas la rumba le gusta a todo el mundo y a todo tipo de gente, y eso es una gozada. Y como a los que más nos gusta es a nosotros, pues nos lo pasamos cañón. Críos de seis años con sus aitas… o en una txozna a las tres de la mañana. Te llamen de donde te llamen y si hay gloria, ahí que vamos.

Lo que más nos importa suele ser el equipo. Todos sabemos lo que es subir al escenario y escucharte mal… No hacemos las canciones buscando un target o un publico objetivo al que le vaya a gustar pero sí que las letras hacen que cierto tipo de personas no las entiendan y no empaticen con lo que haces y eres consciente de que no te va a escuchar esa gente pero casi que lo agradeces, no querríamos hacer una música que le gustara a todo el mundo. Pero ya en concierto cuando hay doce personas en un escenario pasándoselo bien, al que no le guste eso es que está amargado.

«Hasta nosotros hemos hecho la coña de “aunque seamos vascos se puede bailar”, y la mayoría se lo toma a risa pero hay una poca de gente que sí que se le puede ver más incómoda. Nosotros estamos para dar el empujoncillo, gente de siempre de cultura vasca y euskaltzales y nos encanta la rumba y nos reímos de toda esa mierda de topicazo o etiqueta».

La rumba ha tenido un par de momentos de oro los últimos años, aunque siempre ha estado en el subconsciente musical… ¿Cómo la digiere la gente en estos momentos de consumo tan heterogéneo, segmentado y masificado? Sí que hay cierta burbuja de eco, cierto sesgo como cuando te compras un coche rojo no paras de ver coches rojos. Y si que desde que hacemos rumba pues se escucha más rumba. En Estella, donde hemos estado organizando txoznas, no se escuchaba rumba, y ahora se escucha en cualquier garito (menos en el Burberry que es demasiado rockero). Quizás es que antes no nos fijábamos tanto. Luego la gente o lo goza de manera natural o hace la típica mofa de “soy andaluz y me pongo una rosa”, esa especie de caricatura. No creemos haber puesto de moda la rumba en Euskal Herria pero si que gente más de nuestros círculos ahora la escucha sin prejuicios.

Hasta nosotros hemos hecho la coña de “aunque seamos vascos se puede bailar”, y la mayoría se lo toma a risa pero hay una poca de gente que sí que se le puede ver más incómoda. Nosotros estamos para dar el empujoncillo, gente de siempre de cultura vasca y euskaltzales y nos encanta la rumba y nos reímos de toda esa mierda de topicazo o etiqueta.

¿Qué desafíos tiene girar con una banda tan grande? ¿Cómo lo lleváis? Pues ya ves, hemos quedado para ensayar a las cuatro y estamos cuatro. Antes solíamos ir diferentes agrupaciones: seis, doce… pero ya hemos decidido llevar un formato fijo y somos trece. El principal desafío es el de coordinación de tantas personas y darte cuenta que tienes que poner responsabilidad de tu parte por encima de lo colectivo. La mayoría de gente que nos ha dicho algo del caché es que teníamos que cobrar más porque somos muchos. También se está empezando a notar que todo está subiendo y por lo tanto los cachés también suben. Pero bueno luego cuando no hay dinero también nos “mochamos” y listo.

¿Hay algún protocolo, preparación, tradición o rutina antes o después de subir al escenario? Solemos montar juerga siempre donde nos dan de cenar, con los demás grupos con la guitarra, cajones y palmas y calentar, montar la juerga. Solemos estar todos bastante juntos. O siendo tantos se pueden hacer dos pequeñas cuadrillas para estar con los que te apetezca ese día. Pero siempre hay que calentar un poco para cogerle ganas, para no salir fríos. Texto de Mikel Izarra.

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