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David Serrano. Generación “G”.

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El director , guionista y realizador de teatro musical nos trae ‘Voy a pasármelo bien’, un filme con canciones de los Hombres G que, pese a contar con actores reconocibles, acaba sorprendiendo por su componente de película infantil y familiar.

Cada cierto tiempo no puedes evitar volver al género musical, aunque sea un tanto complejo. Sí, me gusta mucho el género musical, desde muy pequeño, además. No sé si es mi favorito pero muchas de mis películas favoritas son musicales. Y en el teatro me pasa exactamente igual, también me gustan los musicales, y trabajo en ambos campos: cine y teatro. Siempre que surge la oportunidad de hacer una película musical yo procuro hacerla. Como dices es más complicado, sobre todo porque son películas mucho más caras. Un número musical implica bailarines y una serie de recursos técnicos. El nivel de producción que tenemos en España nos obliga a jugar en una división que siempre está por debajo de los americanos, aunque yo en esta película he contado con el mayor presupuesto que he tenido nunca. En esta película, debido a que el productor es Enrique López Lavigne que ama los musicales, hemos tenido la oportunidad de hacer algunos números bastante multitudinarios. En el primer número por las calles de Valladolid llega a haber sesenta y cinco bailarines y unos cuarenta figurantes. Eso es la primera vez que lo he podido hacer y ojalá no sea la última.

¿Por qué los Hombres G? La historia es muy autobiográfica. Yo hablo de mi primer amor. El protagonista se llama David. El personaje de Luis también es real, Fernando “el cabra”, también. Son mis amigos de cuando yo estaba en 7º y 8º de EGB. Luis tenía la pierna ortopédica y nunca le preguntamos por qué. En esa época conocí a la Layla real, que también se llama así, y conseguí comunicarme con ella treinta y cuatro años después de que habláramos por última vez. Hablamos en un par de ocasiones mientras estaba escribiendo el guion. En esos años yo vi una noche en el ‘Un, dos, tres’ a Hombres G y flipé. Me llamaba la atención que decían cosas que yo entendía a mis once, doce años y decían palabrotas. Eso era la bomba. Creo que es el primer grupo que me gustó de forma personal, no porque lo escucharan mis padres o mis vecinos. Coincide que todo esto pasó en la misma época y por eso lo he plasmado así en la película. Fueron entonces mi grupo favorito. Me duró unos meses hasta que mis amigos me dijeron que era un grupo de niñas y que lo que molaba era escuchar a AC/DC y Barón Rojo. Así que empecé a escuchar heavy, que en realidad nunca me gustó.

Sobre el tema de las palabrotas, hubo cierta polémica en ‘OT’ con una canción de Mecano. Los Hombres G también emplean la expresión “marica”. A mí me parece absurdo intentar cambiar la historia. En los ochenta se hablaba de una manera y cambiar una canción de los ochenta me parece surrealista. Tanto José María Cano como David Summers han manifestado su disconformidad con que se cambien estas letras. Era la manera de hablar entonces y eso no quiere decir que estas personas sean homófobas ni mucho menos. Otra cosa es si escribimos ahora algo en 2022 que sí podemos ser más conscientes de que el mundo ha cambiado afortunadamente en muchas cosas.

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“Quería hacer era una película que pudieran disfrutar los niños desde los ocho o nueve años pero que los padres que fueran a acompañarlos al cine no sintieran bochorno. Es una cinta para ver en familia”.

Llama la atención que, pese a contar con Dani Rovira y Raúl Arévalo, e inspirarte en un grupo de los ochenta, has dado mucho protagonismo a los niños. ¿Querías hacer una película familiar? Sí, yo lo que quería hacer era una película que pudieran disfrutar los niños desde los ocho o nueve años pero que los padres que fueran a acompañarlos al cine no sintieran bochorno, que es lo que ocurre tristemente con parte del cine infantil. Quería realizar una película que estuviera bien trabajada desde el punto de vista actoral y que pudiera gustar también a personas de cuarenta y cinco años. Es una película para ver en familia. La parte infantil es casi el doble que la de los adultos y también teníamos muy claro que lo musical iba a estar presente en los segmentos de los chavales. Nos parecía más interesante realizar un musical con niños.

¿Cómo fue el casting de los chavales? Rodrigo Gibaja está especialmente divertido. Yo pude hacer esta película porque he dirigido el musical de ‘Billy Elliot’ y ahora estoy preparando también el de ‘Matilda’. Lo que hice en este filme fue replicar en cine el sistema de trabajo que había tenido en teatro. Vimos unos quinientos niños, de ahí seleccionamos unos veinte y con ellos hicimos un workshop para trabajar interpretación y baile. Hicimos una selección para los protas e invité al resto de niños a que se quedaran en la película para interpretar a los compañeros de clase. Unos aceptaron, otros prefirieron que no. Con eso hemos conseguido también que la clase esté viva, que no fueran solo figurantes, sino chavales que se habían formado junto a los otros. Intentamos que los niños trabajaran desde la verdad y que realizaran la comedia en serio, que es la mejor forma de hacerla, en lugar de haciendo el tonto. Y desde luego creo que hay descubrimientos que en los próximos años nos van a dar muchas alegrías.

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“Tras los ensayos los chavales ya se habían convertido en mejores amigos”.

¿Por qué decidisteis situar la acción en Valladolid? Está bien empezar a salir de Madrid y Barcelona en el cine. Está bien empezar a enseñar que hay otras calles y otras ciudades. Luego para la historia necesitábamos que fuera una ciudad de provincias pero tampoco queríamos una ciudad de cuento. Valladolid tiene un tamaño intermedio, lo cual estaba bien para que los personajes pudieran o no encontrarse pasados unos años. Y luego claro, estaba el tema del festival de cine, la Seminci. Por último, tiene un Casco Histórico que nos permitió rodar toda la parte de los años ochenta. Aparte nos han tratado fenomenal.

¿Trabajasteis con el grupo de adultos y de niños para que reflejaran bien a una cuadrilla de amigos? En el caso de los chavales después del workshop ya se habían hecho los mejores amigos. Y entre los actores adultos hay varios que ya eran amigos anteriormente. Tuvimos que esperar siete meses a que Karla Souza terminara una serie de trabajos en Los Angeles y en México. Eso nos permitió tener montada toda la parte de los niños y que los adultos la pudieran ver para imitar un poco la dinámica y los gestos del grupo de los chavales.

Aunque sea en un segundo plano, también está presente el tema del bullying. Nosotros convivíamos con eso y actualmente también se da, claro. La película es muy amable en cuanto a las situaciones que presenta. Todos hemos vivido, sufrido o incluso hemos hecho bullying, porque los protagonistas también le hacen un poco de bullying a otro chaval. Incluso teníamos una secuencia que se cayó en montaje en la que ese niño, Maroto, le hacía bullying a otro (risas). Era como la cadena del bullying. Sí me interesaba que apareciera pero de una manera bastante blanca ya que no es el tema principal de la película, aunque me parece que es muy necesario que se hable sobre ello. De hecho los niños protagonistas también nos hablaron sobre cosas terribles que les habían hecho, simplemente por querer ser actores a día de hoy. Ese tema, desgraciadamente, sigue muy vigente.

Texto de Roberto González. Fotografías de Jorge Alvariño.

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‘Voy a pasármelo bien’, dirigida por David Serrano, con Raúl Arévalo, Karla Souza, Dani Rovira, Izan Fernández y Renata Hermida, se estrena el 12 de agosto.

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