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June 19, 2021

Paco Sordo. El infierno del dibujante.

ElPacto

‘El Pacto’ es la primera novela gráfica del gaditano Paco Sordo, conocido por contar sus desventuras en redes sociales y por sus trabajos en ‘El Jueves’ y ‘Orgullo y Satisfacción’. Con un estilo a medio camino entre la escuela Bruguera y el cartoon americano nos cuenta la historia de Gorriaga, un pintamonas con muchas psicopatías y poco talento que logra algo inaudito: hacer trabajar a Vázquez, el autor de ‘Anacleto’.

Llevas largo tiempo en activo trabajando en animación, libros y cómics, a menudo para niños y para el extranjero. ¿Por qué ha tardado tanto la novela gráfica? Ha sido una evolución muy progresiva. Hasta ahora siempre he trabajado con formatos más cortos o textos ajenos. Empecé escribiendo tiras hace muchos años, luego pasé a historias cortas de dos a cuatro páginas y, después de mi último cómic, ‘Niko’, una serie abierta que se estrena este abril en Francia y en la que, en cada número escribo tres historias de 20 páginas, me animé a hacer cosas más largas. Escribí un guión clásico de álbum europeo de 48 páginas (ahora mismo en proceso de preproducción) y, después de esto, el siguiente paso lógico era éste. Me he ido atreviendo a hacer historias cada vez un poquito más largas a medida que me iba demostrando a mi mismo que podía hacerlas, pasito a pasito.

¿Cómo surgió la idea de ‘El Pacto’? Me puse a ello durante el confinamiento pero la verdad es que la idea venía de hace bastante tiempo. La cosa empezó a tomar cierta forma hace muchísimos años, cuando leí ‘Los Profesionales’, de Carlos Giménez. Es un cómic que habla sobre dibujantes de cómic y eso es algo que no había visto hasta entonces y me entusiasmó, sin duda era un tipo de historia que quería poder hacer algún día. Por otro lado, años después, empecé a darle vueltas a una idea para un personaje de cómic que fuese algo así como un “funcionario del infierno”. ¿Y si cuando haces un pacto con el diablo, éste no es realmente tan poderoso? En lugar de concederte tus deseos, una especie de coach del mal venido del infierno, sin magia ni milagros, te ayudaría a conseguir lo que quieres a base de pico, pala y cero escrúpulos. Pronto enlacé las dos ideas en una sola: un aspirante a dibujante y su coach infernal. Aunque la cosa ha variado bastante desde entonces y ‘El Pacto’ no tiene realmente nada que ver ni con el satanismo ni el género fantástico, el germen fue ese y, durante muchísimos años, le fui dando vueltas a la idea sin concretar nada. Al final, en el confinamiento, como supongo que le pasó a mucha gente, me animé y me puse manos a la obra con mi proyecto eternamente postergado, principalmente para evadirme y ocupar la mente.

Recientemente se ha hablado mucho sobre los ayudantes no acreditados de autores de Bruguera, ¿tiene ‘El Pacto’ algo de homenaje a esos autores no reconocidos? Muchísimo. El tebeo tiene mucho de reflexión sobre la autoría. ¿Quién es el verdadero autor de un tebeo? Si te fijas, el sistema de trabajo que establecen los personajes del cómic está claramente inspirado en el “método Marvel”. En cierto modo, Gorriaga acaba tomando el papel de Stan Lee y Vázquez, el de Kirby (de una forma muy, muy retorcida). El tema en España y en Bruguera en particular era muy diferente al del otro lado del charco, claro. Gorriaga personifica a todos aquellos autores “de relleno” o directamente ayudantes en la sombra nunca reconocidos pero con una pasión y un amor por lo que hacen desbordante. ¿No sería precioso que Ibáñez abocetase una historia y que su exayudante Juan Manuel Muñoz la entintase, se inventase los diálogos y se llevase la gloria y los royalties? Algo pactado entre ambos, que Ibáñez le dijera “Amigo, ahora te toca a ti” y se fundieran en un abrazo. ¡Sería una historia preciosa de redención!

En un tono muy diferente, la historia toca de refilón algunos elementos que estaban presentes en obras como ‘El invierno del dibujante’, ¿la tuviste presente para alejarte o acercarte a ella? Me interesaba mucho que la historia tuviese un contexto realista. Quería hablar de la historia de Bruguera, de personajes y hecho reales y jugar a mezclar realidad y ficción. ‘El Invierno del dibujante’ nos cuenta un capítulo fascinante de la historia de Bruguera, con el éxodo de los autores más importantes de la editorial y el nacimiento de la segunda generación de la escuela Bruguera. A mí me interesaba mucho que Gorriaga formase parte de esta segunda generación, así tendría la suficiente diferencia de edad con respecto a Vázquez para que pudiese postular como su ayudante. También porque, en aquella época, a todos los autores se le pedía imitar el estilo de Vázquez y eso es algo que también tiene mucha importancia en la historia. ‘El invierno del dibujante’ ha sido una gran influencia a la hora de hacer ‘El Pacto’ y, sin ese cómic, seguramente el mío habría sido distinto, no te sabría decir hasta qué punto. Hay un escena, en la que varios dibujantes charlan mientras se toman algo en el bar Rueda, que está pensado como guiño-homenaje al tebeo de mi tocayo.

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“¿No sería genial que por una vez Ibáñez abocetase una historia y que su exayudante Juan Manuel Muñoz la entintase, se inventase los diálogos y se llevase la gloria y los royalties? ¡Sería una historia preciosa de redención!”

Intercalas la narración con cameos de personajes reales del mundo del tebeo. Supongo que para contrastar con cierta “credibilidad” la locura de la historia principal aquí optas por no disfrazarlos sino que usas sus nombres reales, ¿le contaste a algunas de esas personas que iban a aparecer en el cómic? Exacto, para contrastar con el locurón de la trama principal y para darle “credibilidad”, tal cual. De ahí también el cambio de estilo, que en estas entrevistas tiende un poco más a un cierto “realismo” entre muchísimas comillas. También me venía muy bien como elemento narrativo, para enlazar escenas y anticipar algunas otras, y también para dar contexto. En esas entrevistas se explican ciertas cosas que son fundamentales para que cualquier persona que no tenga ni idea de la historia de Bruguera pueda entender perfectamente la historia sin perderse ni un detalle (bueno, ¡o eso espero!) y sí, contacté con todas y cada una de esas personas, que me dieron permiso para utilizar su imagen. Muchas de las cosas que dicen están extraídas directamente de entrevistas reales de estas personas. El único al que no pedí permiso es a Ibáñez, pero es que se escapa totalmente de mi radar, de momento no lo he visto por Facebook, jaja.

Tus historias suelen destacar por su sentido del humor. En el caso de ‘El Pacto’ está presente pero es más negro que de costumbre y se acerca a la tragicomedia, ¿buscabas un tono particular o fue evolucionando hacia esa dirección? Lo buscaba. Buscaba alejarme totalmente de la tiranía del gag. No quería hacer un tebeo de humor. En el fondo, hay un pequeño juego metalingüístico, del que no fui del todo consciente cuando hacía el tebeo, en el que propio cómic tiene algo del espíritu delirante de los cómics de Gorriaga y su humor involuntario.

Tu estilo de dibujo es una curiosa fusión entre el cómic de Bruguera y el cartoon americano un poco en la línea de Craig McCracken o Genndy Tartakovsky, ¿dirías que por ahí van tus principales influencias? Sí, yo creo que sí. Cuando empecé era lo que más me fascinaba. A eso tenemos que añadir la obra de Kricfalusi y la gente de Spumco, ‘Ren y Stimpy’ para mí fue clave. Con los años, ya no sé bien cuales son mis influencias, pero muchísimo de todo eso queda, está claro.

¿Hubo un tiempo en el que te interesó más la animación que el cómic? Sé que trabajaste por ejemplo en ‘Cálico Electrónico’. Yo soy animador de formación. Estudié animación en la ECAM, la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid. Precisamente, mi trabajo en Nikodemo, el estudio detrás de ‘Cálico Electrónico’ fue mi primera experiencia laboral en este campo. Luego estuve trabajando en otros estudios en Irlanda y Reino Unido, pero mi verdadera vocación han sido siempre los tebeos. Tanto en la animación como en la ilustración me he metido porque son campos que ofrecen muchas más posibilidades de ganarse la vida que el cómic. Aunque, al final, en la ilustración me siento también muy a gusto. En animación hago algún trabajo ocasional cada muuucho tiempo, pero no es lo que más me motiva hoy en día.

Con la calidad de tu trabajo, ¿cómo es que se ha visto tan poco de lo que haces en España? A pesar de haber estado en revistas como ‘El Jueves’ no permaneciste mucho tiempo como para que tus personajes ganaran la popularidad de otras series. La cosa se dio así. En ‘El Jueves’ estuve unos cuatro años, pero lo dejé por el tema aquel famoso de la portada que acabó con un éxodo masivo de autores y la formación de la difunta revista ‘Orgullo y Satisfacción’. En esa segunda revista estuve también un par de años. Desde entonces he trabajado para el mercado francés y el estadounidense principalmente. Me he dedicado a la ilustración y el cómic infantil, ¡muy alejado de lo que hacía en esas revistas, ¡jaja! Básicamente por un tema de mercado. Las ventas en España no permiten vivir de hacer tebeos, casi ni siquiera de hacer ilustración infantil.

¿Qué nos cuentas acerca de la editorial que te ha acogido, Nuevo Nueve? Que tardaron menos de 24 horas en leer y dar luz verde a mi propuesta y eso es algo que me robó el corazón, jaja Nadie se hace rico haciendo tebeos en España, así que busqué una editorial para mi tebeo en base a un solo criterio: que fueran buena gente con la que trabajar y sentirme a gusto, esa era mi prioridad número uno. A Ricardo lo conocía de hace unos años, que coincidimos en sus oficinas de Dibbuks, el tenía un espacio reservado a una zona de coworking donde trabajábamos algunos autores. Fue el primer y único editor al que envié el proyecto. Nuevo Nueve tiene un catalogazo y para mí es un honor poder formar parte de él.

En tus redes sociales te encanta reírte de ti mismo y del oficio de dibujante/ilustrador, ¿suelen llegar tus andanzas a mucha gente externa al medio? ¿Crees que alguien ha llegado a comprender mejor tu trabajo al leer estas desventuras? Yo creo que sí. Bueno, me consta que sí. Al final mucho de los padecimientos de los dibujantes y nuestros dramitas, que nos encanta llorar, son súper universales. Tratar con un cliente que no sabe lo que quiere, la incertidumbre continua del autónomo, la necesidad de aceptación y casito, la pereza, la procrastinación, el síndrome del impostor…¡todo eso pasa en las mejores familias!  Texto de Roberto González.

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‘El Pacto’ de Paco Sordo está editado por Nuevo Nueve.

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