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Moby Dick. ¡Por allí resopla!

Moby Dick (2)

Esta versión de la obra de Herman Melville adaptada por Juan Cavestany nos introduce en la mente del capitán Ahab, encarnado por José María Pou, y en su obsesión por dar caza a la gran ballena blanca. Hablamos con el director, Andrés Lima, sobre la actualización de este clásico de la literatura universal.

El texto es de Juan Cavestany, responsable de ‘Los Mácbez’ y también de obras audiovisuales como ‘Gente en sitios’ o ‘Vergüenza’, ¿es una versión fiel o experimental? Para ser fiel en la adaptación de ‘Moby Dick’ de Herman Melville hay que ser un poco experimental. El libro original son casi 1000 páginas y la obra tiene como veintiocho páginas de libreto. Sin embargo para mi sorpresa es súper fiel. Es una adaptación que se basa más en el capitán Ahab más que en el relato de Ismael sobre toda la epopeya que supone ‘Moby Dick’. Los protagonistas son Ahab y la ballena y en algún momento dudas sobre si ambos son el mismo animal. El ser humano llevado a lo más oscuro que tenemos dentro y lo más oscuro es una ballena blanca como la nieve.

Esa es la esencia de esta función: la aventura de un hombre que por venganza o por convicción es capaz de arrastrar a la muerte a toda una tripulación y si por él fuera a todo un país con tal de atrapar a la ballena. Por otro lado es un hombre que es capaz de enfrentarse a las fuerzas de la naturaleza y también hace falta gente así. El espíritu aventurero de la obra, el ansia de conocimiento, aunque sea a través del odio, también está aquí y es lo que te hace empatizar con el capitán Ahab. Esa es la adaptación de Juan y a mí me parece un trabajo hercúleo. Por casualidades de la vida desde Focus me pidieron que hiciera un espectáculo sobre ‘Moby Dick’ para José María Pou y paralelamente Juan, una semana antes, me había enseñado el borrador de un texto sobre la reducción al teatro de la misma obra. Así que no hice más que juntarlos.

El libro está muy bien escrito pero, como has explicado, es largo y descriptivo por lo que cuesta terminarlo. ¿Os habéis quedado, entonces, con su esencia? El teatro es un arte de nuestro tiempo. Los espectáculos hace dos siglos duraban cuatro horas con un descanso. Lo mismo con la lectura. Antes la gente disponía de más tiempo para leer. Es lo que te decía antes: la densidad literaria de ‘Moby Dick’ necesita que se experimente de una forma diferente para que no aburra al espectador. A mí me gustaría que una vez vista la obra la gente siguiera leyendo el libro. Lo que yo hice cuando lo leí fue ir directamente a la aventura saltándome las digresiones y cuando ya me había leído la mitad de la aventura no pude evitar volver y leerme detalles como la forma de pelar una ballena para después comercializar su aceite. Es una obra apasionante y es una manera moderna de revisitar un clásico. Puedes verla tranquilamente sin haber leído el libro.

Moby Dick (10)

“Es un montaje muy psicótico. El espectador asiste a aquello que está en la cabeza de Ahab. La ballena es tal como él la ve. La tormenta tal y como él la recuerda”.

¿Cómo se emplean la escenografía, el vestuario y la sonorización para recrear un barco en Alta Mar? A nosotros nos interesa mucho la dimensión espectacular de la novela. La cacería. Y también el tipo de lenguaje, muy shakespeariano, muy grandilocuente. Recuerda a las escenas de la tempestad de ‘El rey Lear’. Melville admiraba mucho a Shakespeare. Es un montaje muy psicótico. El espectador asiste a aquello que está en la cabeza de Ahab. La ballena es tal como él la ve. La tormenta tal y como él la recuerda.

El escenario es la versión muy particular de Beatriz San Juan de lo que puede llegar a ser la cubierta de un barco. Que es a su vez una metáfora con respecto a la mentalidad de Ahab, una mentalidad carcomida por el tiempo y corrompida por la venganza y la obsesión. Es un barco hecho esqueleto. El vestuario se inspira mucho en el aspecto que describe Melville de Ahab. Hay dos actores extraordinarios: Oscar Kapoya y Jacob Torres, en los que yo resumo los personajes fundamentales de la tripulación que son Starbuck (del que salió el nombre de la famosa cadena de cafeterías) y Pip. Son dos espejos en los que se mira Ahab: Starbuck es su parte más racional y Pip es su parte más salvaje, ingenua y, posiblemente, humana.

El resto de la tripulación está reflejado en el coro que cuenta con la banda sonora de Jaume Manresa y la interpretación del Coro de voces graves de Juan Pablo de Juan y Coro de jóvenes de la Comunidad de Madrid. También está la videocreación flipante que ha hecho Miquel Ángel Raió, que inspira todo el rato el entorno en el que están, la sombra de la tripulación, la sombra de la ballena…toda esa cabeza de Ahab.

También se dice de esta versión que recuerda a Allan Poe. Melville es de una generación en la que influyen tanto R. L. Stevenson y Jack London como Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthornel. En especial Melville era muy seguidor de Hawthornel, con el que tuvo una amistad muy peculiar. Melville debía ser una persona muy similar a Ahab, muy obsesiva, y se empeñó en terminar esa obra tan enorme que es ‘Moby Dick’. Por eso es una obra tan particular, en la que nos vemos reflejados de formas que no esperamos.

¿Tienes especial interés por los clásicos? Yo llevo trabajando toda la vida en la creación de teatro contemporáneo. Para seguir haciéndolo para mí es fundamental revisar a los clásicos desde la tragedia griega a Valle-Inclán o Bertolt Brecht. Siempre me ha gustado que Juan Cavestany coja ‘Macbeth’ o ‘Moby Dick’ y les dé su vuelta y los haga llegar a un público de hoy, que tiene unos referentes completamente diferentes.

Con el paso de los años te has interesado más en la dirección que en la interpretación. Siempre ha sido paralelo para mí. Es verdad que donde más cómodo me encuentro desde hace muchos años es creando mis propios espectáculos y dirigiendo a los actores que me gustan. Y con Focus tengo un maridaje muy especial. Me han encargado siempre trabajos maravillosos y me han dado mucha libertad.

¿Sigues teniendo relación con las diferentes personas que han pasado por la compañía Animalario? Sí, claro. Parte de los equipos con los que trabajo son de toda la vida de Animalario. Texto de Roberto González. Fotografía de David Ruano.

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