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Joglars: Zenit. Medios de desinformación.

joglars

En “Zenit” la compañía catalana propone una sátira sobre la deriva que ha tomado el nuevo periodismo mostrando un contraste entre las nuevas tecnologías y los reporteros de la vieja escuela. Hablamos con Ramon Fontserè.

Estamos en una época de crisis de la prensa escrita, ¿la prensa en internet ha empeorado las cosas en lo que se refiere a sensacionalismo? Sí, porque ahora todo el mundo puede ser periodista. Es como si fuera una frivolité. Eso sí, internet y las nuevas plataformas de comunicación pueden servir para dar un enfoque más nuevo y más interesante si se utilizan con sentido común… pero también puede ser muy malo como vemos a veces en las redes sociales que adquieren un poder censurador enorme.
¿Esa censura puede venir tanto desde la derecha como desde la izquierda? Sí, puede venir de la derecha, la izquierda o el centro. Nosotros hacíamos una serie que se llamaba “Orden especial” en televisión y yo creo que muchos capítulos hoy en día no nos permitirían emitirlos. Dices cualquier cosa de los gorriones y te salen los defensores de los gorriones a ponerte a parir.
¿Puede existir la imparcialidad? Uno de los encabezamientos del periodismo es explicar el mundo independientemente de lo que uno opina de él y puede llegar a ser posible, pero los poderes son muy fuertes. En nuestro espectáculo explicamos cómo algo que empezó con una pluma se ha convertido con los mass media en un instrumento de poder. Es un momento interesante para comprobar hacia dónde irá la prensa escrita. Si seguiremos atentos a las noticias reales o se enfocará todo a lo que es el entretenimiento puro y duro. Si interesa más un resbalón de Putin al bajar de un avión o su política en Ucrania.
¿Cuál creéis que es el nivel de la prensa en España? ¿Os parece que es más partidista que en otros países? En todas partes cuecen habas. Para hacer este espectáculo he hablado con muchos periodistas y la mayoría me han dicho que sólo les han censurado en contadísimas ocasiones. Pero tenemos por ejemplo a Gregorio Morán en La Vanguardia al que han echado recientemente. Cuando un individuo va en contra de la línea editorial y es reincidente su destino suele ser ese.
La obra se adentra en la redacción de un periódico, ¿habéis visitado alguna? Sí, nos hemos acercado a alguna y sobre todo hemos hablado con periodistas de la vieja escuela que nos decían que era gente que gastaba las suelas de los zapatos, que el alcohol era abundante en la redacción…las cosas han cambiado con el signo de los tiempos. Antes llevaba un tiempo confrontar todas las versiones. Se necesitaba tiempo y dinero, dos cosas que ahora no abundan demasiado. Hoy lo que importa es seguir con la máquina bien engrasada de generar noticias constantemente. Muchas veces lo que se hace es desinformar. Ante este panorama lo que hay que pedir al lector es que esté un poco alerta para separar el grano de la paja en todo ese bombardeo de noticias que le llegan.
Tu personaje es ese reportero de la vieja escuela. Sí, el teatro es conflicto. Por un lado está la directora que sólo busca lanzar noticias sin ton ni son y mi personaje es el que reclama contraponer las versiones, calma, paciencia, investigar…un periodismo con una cierta ética aunque él tampoco es tan ético como parece ser al principio. Tampoco él renuncia a las nuevas tecnologías y tampoco es que el mensaje de la obra sea que cualquier tiempo pasado fue mejor.

“Todo lo que mostramos en ‘Ubú President’ se ha cumplido, de una manera que supera a la pieza teatral”.

Aparte de satirizar el mal periodismo, ¿se atisba cómo se podría hacer bien? Es una reflexión desde el humor y desde la ironía pero nosotros no tenemos la bola de cristal para decir por dónde irán las cosas. No es una historia maniquea donde la prensa sean los malos y el lector sea el bueno.
Habláis de este contraste entre periodismo y entretenimiento pero ¿es posible combinar las dos cosas? El humor supone distanciamiento con los grandes problemas. Lo que está pasando ahora en Cataluña si no tienes un sentido del humor un poco desarrollado es para echarse a llorar. Tiene que haber un equilibrio entre entretenimiento e información.
Joglars satirizó en su día la situación de Cataluña con “Ubú President”, ¿sentís la tentación de tocar la actualidad política catalana en alguna obra futura? A nosotros la situación actual nos parece una barbaridad. Todo lo que Boadella y nosotros mostramos tanto en “Operación Ubú” como en “Ubú President” se ha cumplido, pero de una manera que supera al teatro. Algo tendremos que decir de todo esto, sobre todo porque hay una Cataluña amable, que no ha tenido odio con el resto de España, una Cataluña acogedora, positiva y constructora que ha dado grandes artistas…esa es la Cataluña que a nosotros nos gusta, no la que hay ahora, delirante y fantasiosa.
¿Y cómo juzgas la labor de los medios a la hora de tratar todo este tema? Han sido el altavoz de todo este delirio durante años.
¿Cómo fue asumir la dirección de Joglars tras la marcha de Albert Boadella? Albert es un artista generoso, algo inaúdito hoy en día. La escisión no fue nada traumática, al contrario, me dio consejo y me llevó como en un colchón de plumas.
¿Qué destacas de la obra en sus apartados técnicos? Es una obra típica de nuestro sello. Somos seis actores haciendo varios personajes. La escenografía es funcional. Para nosotros el teatro es juego y esta premisa la llevamos a la práctica de una manera absoluta y de una forma minimalista y sugerente. Texto de Roberto González.

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