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Pablo Carbonell. La vida es un espectáculo.

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El showman y cantante de Los Toreros Muertos combina monólogo y musical en El Mundo de la Tarántula, una pieza inspirada en su libro homónimo que narra con humor su trayectoria desde su infancia hasta sus proyectos más recientes.

Has sido cantante, presentador, actor, director y mil cosas más, ¿te defines de alguna manera?
Bueno, creo que lo mejor que puedo decir es que sigo activo en todo eso que dices. Es que como lo has puesto en pasado parece como si estuviera disfrutando de una jubilación espléndida. Si me tengo que definir diré que soy autónomo y tengo varias hipotecas.
El mundo de la tarántula se basa en tu libro homónimo, ¿fue fácil o difícil de adaptar al escenario? ¿Se parecen o son diferentes ambas obras?
Cuando uno ve una película basada en una novela suele salir del cine diciendo que le gustó más el libro. Yo espero que digan que son diferentes. Hay una parte muy emotiva del libro que no la podía encajar en este función porque es tan intensa, tan descarnada, que merece una función aparte. En ese sentido el libro es mejor. Pero en el libro no suenan las canciones, no hay fotografías, no existe la magia de la convención teatral crea.
Echando la vista atrás ¿dirías que has tenido suerte en general o ha sido una combinación de talento y esfuerzo?
Cuando era más joven era más soberbio y no creía en la suerte. Hoy sí que me doy cuenta de que he nacido con una flor en el culo. He podido hacer cosas que me han salido porque simplemente he tenido puntería o he estado en el sitio adecuado de pura casualidad. Mis amigos, a los que tengo que agradecer que esté aquí, -algunos están, otros se fueron- son la base de El mundo de la tarántula. Sin ellos y sin la suerte de no haberme matado en la  carretera o de una paliza no estaría aquí. He trabajado desde luego, nadie lo sabe mejor que yo. Si alguien quiere saberlo nada más que tiene que intentar ser tan libre como yo soy, sin que me haya tocado la lotería, ni una familia rica y sin ir dando sablazos.
¿Te arrepientes de algo o hay algo que te haya dado vergüenza explicar?
Hay cosas que me cuesta trabajo hacerlas, revivir distintas cosas, pero entiendo que están ahí porque ayudan a normalizar cosas que no deberían de esconderse debajo de una alfombra. Están ahí porque ayudan a liberar a las personas. Asumo el riesgo porque es bueno contarlas. Son relacione sexuales digamos no convencionales, miedos, o pozos de locura y toxicidad que podía haberme ahorrado.
Hablas fundamentalmente de tu vida. ¿Puede esto atraer incluso a los que no sean fans de tu carrera? ¿De lo personal se llega a lo universal?
Buena reflexión. Un día leí que Almodovar decía que cuanto más personal era mas comercial resultaba. Creí que era una boutade pero no, es cierto. He hecho muchas cosas, he llevado muchos disfraces, ahora debía ser yo. Me lo pedía el cuerpo. Es algo que ha hecho Gabino, Concha Velasco, Al Paccino, Mike Tyson, salen, cuentan su historia, es un teatro basado en la verdad. La obra de cada cual es mas o menos interesante pero la vida lo es más. Me gusta cuando la gente me dice que contando mi vida le he contado la suya. Ya me ha pasado dos veces. Es lo mejor que me pueden decir.
En tus inicios colaboraste con Pedro Reyes ¿hay un momento para su recuerdo en el show?
Por supuesto. Pedro está presente en muchos momentos de la obra. Pedro es la primera piedra de mi vida artística. Lo conozco desde los quince años. Su desaparición es incomprensible para mí porque yo lo siento vivo. Es más, está vivo en el espectáculo.
Entiendo que la música tiene un papel importante en el espectáculo. ¿Son versiones de canciones que te han marcado? ¿Interpretas, también, algo de Los Toreros Muertos?
Todos tenemos una identidad construida con las canciones que nos marcaron, las mías están ahí, desde luego. Puedo cantar una canción de Manolo Escobar o de Bob Dylan, pero no tengo interés en imitar a esas personas, lo que quiero es conectar con el momento en que esas canciones sonaron y trastocaron todo.
Tu carrera profesional también ha estado muy ligada a El Gran Wyoming, ¿sigues en contacto con él?
Wyoming y yo somos amigos. Y cuando nos vemos nos reímos mucho y nunca hablamos de política. Él también sale en la obra, claro, también le debo mucho.
El peor programa de la semana duró poco pero algunos lo recordamos como algo realmente original y transgresor ¿qué recuerdas de esa época?
¿Ves?, ese programa no sale, sale el CQC, la Bola de cristal… Aquel momento fue un destello. Yo estaba en otra de mis crisis existenciales y de repente empecé a escribir guiones para el programa, de ahí a actor fijo. Lo mejor de aquello fue que conocí a gente como David Trueba, Alex Angulo, etc, y pude asistir a la irrupción en el mundo artístico,  a través de la amistad que se forjó casi a primera vista, de Santiago Segura.
Con la movida que es la situación política en España se echa en falta un programa como Caiga quien caiga ¿crees que hay herederos de ese estilo de televisión en la actualidad?
En nuestra época había una sensación de bonanza, los políticos acudían a los estrenos de cine y teatro, no tenían miedo a los periodistas. Algunos temían hacer el ridículo pero con unas risas todo arreglado. Ahora mismo la cosa no está para risas. Jordi Évole y El intermedio rellenan ese espacio crítico que nuestro programa ocupaba. Fue un tiempo divertido, pero agotador. Ya pasó. Es un tiempo, una forma de hacer televisión que ya no existe. Hacerlo seria repetirse. No tendría gracia.
Dicen del espectáculo que es divertido pero también muy emotivo, ¿has tenido muchos momentos duros en la vida?
Como todos. La vida es una montaña rusa y el espectáculo también. Yo desconfío de la gente que me dice que ha encontrado la llave de la felicidad. No existe eso a no ser que seas insensible o no quieras mirar a tu alrededor. ¿Cuántas veces se nos congela la risa, o del llanto pasamos a la carcajada? Es lógico que eso pase en el espectáculo.
¿Cómo ha sido la labor con José Troncoso, el director del show?
Tanto a Jesus Cimarro, coproductor conmigo del montaje,  como a Troncoso les llevé el libro y les dije pongámoslo en escena. Una vez leído empezamos a trabajar. Con Troncoso hemos intentado huir de tono conferenciante, queríamos que las cosas sucedieran, que estuvieran vivas, que las sorpresa, los disgustos, las alegrías, las cosas que pasaron en España en esos años, volvieran a pasar. Ese fue el principal esfuerzo.
Texto de Roberto González.
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