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miércoles, agosto 2, 2017

Eduardo Casanova. ¡Viva la diferencia!

Pieles

“Pieles” es la película española más inclasificable del año gracias al arrojo de su joven director, el actor Eduardo Casanova, que ha contado con Candela Peña, Ana Polvorosa y Jon Kortajarena para convertirse, gracias al maquillaje y las prótesis, en seres de apariencia poco convencional en su ópera prima, que ya ha desfilado por los festivales de Berlín y Málaga.

¿Con qué actitud hay que ir a ver “Pieles”? Es una película que la gente necesita ver. Puede que suene egocéntrico y un poco soberbio: no es mi intención y no quiero ser así. Creo que es un film que te rompe algo, te genera una pregunta, y eso es bueno. Estaría genial que la pusieran en los institutos. Es sobre gente diferente, hecha por gente diferente, para que la vea gente a quien le cuesta ver lo diferente. Porque cuando te cuesta tolerarlo y ves algo que habla de la diferencia, te conviertes en mejor persona y eres más feliz.

Tu película llega en un momento de exaltación del físico. Estamos en un momento muy injusto con el físico. Leí que una mujer se quería poner una nariz de cerdo, pero su cirujano y su psiquiatra no se lo permitían: me parecía perturbador, porque es su propio cuerpo. Me dan ganas de llorar porque no podemos ser nadie. Estamos viviendo un momento injusto con nosotros mismos, con nuestro físico, y nuestro discurso, consciente o inconscientemente, se ve acotado por una conspiración, por una fuerza mayor, por un constructo social que es peligroso; pero “Pieles” sale de despojarme también de todo constructo físico y moral.

También es un canto a la libertad ¿no? Sí, y al respeto. A mí no me han respetado muchas veces, y yo no he respetado, pero cuando te sientes diferente lo pasas como una mierda. Y hay que respetar a la gente, por muy extraña que nos parezca. Hay un chico en la película, que hace un cameo, que está operadísimo. No he oído más comentario sobre él de qué asco, qué horror. Es alguien que quiere ser así. Hay que hacer ese ejercicio de libertad personal, de despojarnos de cómo entendemos las cosas.

La figura de los padres es bastante cañera en tu film… La de la madre, la del padre no, que está feminizado. Es que las madres son un tema… Hay algo que me perturba mucho y que tiene que ver con el horror envuelto en rosa: el exceso de amor, que es también peligroso. Y la competición madre-hijo y lo que hereda el hijo de una madre: no te puedes desprender de ella ni siquiera cuando te desprendes, cuando vas al psicoanalista y vives solo, te haces la comida, y tienes tu dinero… pero tu madre está ahí, está dentro y es Darth Vader.

Como dicen en “Animales nocturnos”: “Ten cuidado, no vayas a convertirte en tu madre”. La madre es un tema complejo, me obsesiona. Es un personaje que justifica cualquier género: una película de terror, un drama, una comedia… Y siempre hay una: a Charles Manson le abandonó la suya, Hitler tenía problemas maternales y Kennedy también. Es un elemento extraño. Yo soy hijo único, una réplica de la mía, igual de obsesivo. Ella salía en “Carmina y amén”, era el personaje de Teresa, con el hijo deficiente.

La madre que nos parió… Es que nos pare: con su propio coño. ¿Cómo no va a ser raro eso?. Texto de Alfonso Rivera.

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