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April 26, 2017

Canco Rodríguez. Nueve hombres (y mujeres) desencantados.

Canco

El popular actor y showman conocido por sus apariciones en “Aída” y “Tu cara me suena” triunfa con un espectáculo dirigido por Andrés Lima en el que un elenco de excepción encarna a un jurado popular que debe deliberar sobre la supuesta culpabilidad de un político corrupto.

Estamos ante una libre adaptación de “Doce hombres sin piedad”. Todo lo que es el esqueleto dramatúrgico de la función está basado en esa obra, aunque no hay ni una palabra idéntica. En la película son doce hombres y aquí somos nueve hombres y mujeres que formamos un jurado popular, que es el número real de personas que forman un jurado popular en España. En la película el tema que se trataba era la pena de muerte que era el que entonces estaba en boca de todos y generaba más polémica social. Hoy en día un debate sobre la pena de muerte en España no tendría mucho sentido porque casi toda la sociedad estaría de acuerdo en que no existiera. Así que nos planteamos la pregunta de a quién juzgaríamos todos como culpable incluso antes de ser juzgado. Y la respuesta que salió fue que se trataría de un político al que se acusa de robo o de cohecho, todo el mundo cree que es culpable.

A pesar de la seriedad del tema tiene toques de humor.La obra, como todo lo que dirige Andrés Lima, tiene una fuerte carga social y política, todo ello bañado de grandes tintes de comedia para que no sea un ladrillo. Parece que una obra para ser considerada buena tiene que ser un tostonazo y que la gente no la entienda muy bien. Esto es una obra para que la gente la entienda, se ría cuando se tenga que reír pero sobre todo que se vaya reflexionando sobre las preguntas que lanzamos porque es una obra en la que no damos respuestas.

Tu personaje es un fanático del fútbol, ¿es un retrato real o exagerado? Porque en la realidad hay casos muy exagerados. Estoy toda la función con el tema del fútbol en la boca. Represento en esta obra a un sector de la sociedad que está desencantado con la política, al que le interesa más si Ronaldo o Messi van a jugar el partido del domingo que si suben el precio de la luz. A él lo que le da la alegría es que su equipo gane, salir del trabajo e irse a tomarse una cerveza con sus amigos y llegar a fin de mes. Para no llevarlo al topicazo de una persona a la que no le importa la política es más bien una persona que está desencantada y que representa a un sector importante de la sociedad como se refleja muchas veces en las elecciones con la poca participación. El director me animaba a retratarlo como un personaje real. Cuantísima gente hay a la que le preguntas por un político del Congreso y no sabe cómo se llama y sin embargo se sabe los nombres de los jugadores de segunda división que están sentados en el banquillo. Es verdad que hay una responsabilidad por parte de la sociedad de informarse pero también hay que ver de dónde procede ese perfume que adormece a ese sector de la población.

La obra apunta a que, en el fondo, todos seríamos corruptos si tuviéramos la oportunidad. Sí, eso es algo que se plantea aunque tampoco se da una respuesta, y es dónde se dibuja la fina línea entre ser o no un corrupto. Por ejemplo, si das trabajo a tu primo o a tu pareja frente a otra persona ¿eres un corrupto por no valorar los currículos de las demás personas que se han presentado? ¿O si te llevas a casa material de la oficina? ¿O corrupción es a partir de doscientos millones? La obra plantea que cada uno decide lo que es o no corrupción según su propio interés.

Es curioso que cuente con un escenario giratorio. La escenografía y la iluminación son muy importantes porque con ellas Andrés hace que respiremos ese cine negro. El movimiento del escenario circular hace que el público se convierta en un operador de cámara. A veces el espectador no está viendo al personaje que está hablando sino al que está escuchando y te lo coloca en primer plano. Es por eso que en esta obra, más que en ninguna otra, todos los actores somos igual de importantes. El escenario también gira a mayor o menor velocidad dependiendo de la intensidad de cada escena y también hay que hacer un trabajo actoral para no vomitar (Risas). Incluso según la perspectiva desde la que veas la función, ya sea patio de butacas o gallinero, puedes ver la obra de manera diferente, lo cual está muy bien porque cualquier asiento es bueno.

¿Estuviste seguro desde el principio de querer participar en “Tu cara me suena”? Al principio lo rechacé porque no sabía en qué lugar me iba a colocar el programa como actor. Porque una serie gustará más o menos pero cuando haces un show eres tú, no hay un personaje detrás y entonces piensas “Hostias, pues a lo mejor no me llama Almodóvar si hago este programa”. Pero en el fondo es una tontería, porque si haces bien tu trabajo de actor se va a ver participes en lo que participes. A mí me ha venido muy bien porque la gente me ha conocido como persona y parece ser que caigo bien, lo cual es muy bueno para que vengan luego a ver mis obras de teatro y como actor he aprendido muchísimo en el programa y he superado límites que yo mismo tenía a la hora de cantar o de bailar, y he salido muy reforzado como persona y como profesional.

¿Te gustaría hacer más drama? Llevo muchos años en la comedia y me encuentro súper cómodo pero siempre estoy peleando porque me den otro tipo de perfil porque los papeles que te ofrecen acaban siendo muy parecidos los unos a los otros. Entonces el actor se aburre porque no puede investigar. Así que siempre estás deseando que te den algo que no has hecho para descubrir nuevos horizontes.

¿Por qué hay que ver “El jurado”? Porque hay muy pocas obras de teatro que puedan mantener a nueve actores en escena. Hay que aprovechar la oportunidad de ver una obra de la manera que antes se hacían. Porque si no, de aquí a un par de años, sólo quedarán monólogos y obras de a dos. Texto de Roberto González. Fotografía de Luis Castilla.

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