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Cristina Castaño. La vida es un Cabaret.

cristina

Volveremos al Kit Kat Klub de la mano de Cristina Castaño, que hace suyo el papel que Liza Minnelli inmortalizó en el cine, en esta gran producción dirigida por Jaime Azpilicueta que arrasó en la 9ª Edición de los Premios del Teatro Musical.

¿Tu primer contacto con “Cabaret” fue la película de Bob Fosse?

En efecto, aunque el musical tiene algunas diferencias con la película. Hay personajes que son los mismos pero también hay otros nuevos, y hay otros que están en la película pero no están en el musical. De la película tenía un vago recuerdo de cuando la vi por primera vez, pero tengo más memorias de cuando la vi por segunda vez que fue precisamente cuando iba a hacer el casting para esta versión. Yo me iba a presentar a las pruebas de la representación que se hizo en Madrid hace trece años. Pasé la primera pero no me pude presentar a la segunda porque tuve que irme de viaje. Así que ya tenía preparadas las canciones desde hacía muchos años. De alguna manera “Cabaret” volvió a mi vida.

Aunque has participado en musicales como “Fama” el público no te conoce tanto por esa faceta. ¿La afición por el canto te viene de antiguo?

Lo raro es que yo sea actriz y no cantante. Yo cantaba desde pequeña. Mucho antes de hacer monólogos o de ser actriz lo que me interesaba era cantar. Pero la vida me ha ido llevando por el terreno de la interpretación que es algo que me llena tanto como el canto. Por suerte puedo compaginar las dos cosas.

¿Con qué te quedas del personaje de Sally Bowles?

Lo que más me gusta es que es tremendamente femenina, coqueta, inocente, pero a la vez tiene una sabiduría innata sobre la vida, a pesar de lo joven que es. Tiene muchas luces y muchas sombras. Como actriz te permite muchos registros: comedia, drama, sensualidad, ingenuidad, picardía…Es un personaje encantador.

¿Hay algún vestido de Sally que te guste sobre los demás?

El vestido rojo de “Cabaret” me gusta mucho. A la gente le gusta mucho todo el vestuario, que está diseñado por Antonio Belart. En ese sentido esta versión de Jaime Azpilicueta es más glamurosa y colorista que las versiones anteriores a las que la gente está más acostumbrada, con la media negra y rota… No tiene nada que ver. Jaime opina que en aquellos tiempos en Berlín la gente iba al Cabaret a olvidarse de las desgracias y que por tanto el vestuario de los artistas debía ser colorido.

Tu número preferido es precisamente el tema de “Cabaret”.

Sí, sin duda. Eso es una maravilla y un lujo. Cantarlo en directo es un auténtico sueño. Me acompañan muy bien la orquesta, la iluminación, el escenario. Yo me entrego cada noche y el público lo disfruta.

“Cabaret” cumple el 50 aniversario de su estreno en Broadway. Además de las canciones, ¿qué crees que ha mantenido la obra en auge durante todo este tiempo?

Habla de un tema absolutamente universal como es el auge del nazismo. Todos conocemos esa parte de la historia que ha sido tan terrible y tan determinante para la humanidad. En ese sentido es un clásico. Está muy bien escrito y nunca pasará de moda. Los personajes tienen entidad y vida propia. Te enamoras y sufres con ellos. También tiene algo muy bonito que es todo el reflejo del mundo del Cabaret, del Kit Kat Klub, donde la gente “deja los problemas afuera”. Tiene un mensaje muy bonito porque dentro del teatro todo es maravilloso, pero lo que está pasando fuera, en el Berlín de los años treinta, es una realidad bastante cruda. Ese contraste es bonito y hace una analogía con el mundo del espectáculo en sí, que de cara a los espectadores aparenta ser algo maravilloso pero lo que pasa dentro son vidas humanas desgraciadas, con desamor y sufrimiento. Evidentemente también importa la banda sonora, que es una obra de arte.

Hablando de “dejar los problemas afuera” ¿eso es lo que experimentara el espectador que vaya a ver la obra?

El público va a encontrarse con el “Cabaret” que ellos conocen, con los personajes que ellos recuerdan y con esa banda sonora mítica pero además se van a adentrar en una historia que quizá desconozcan, con unos personajes interpretados por otros actores. Van a reír pero también van a llorar. La gente sale emocionada. Mucha gente nos ha dicho algo muy bonito, que es que no han visto un musical sino una obra de teatro. Nuestra intención es contarles una historia en la que se canta. En las ciudades en las que yo he estado de gira en todas y cada una de las funciones el público termina de pie. Los temas de las letras no son banales, triviales…Estamos hablando de un musical clásico y de una obra maestra del cine. Pero evidentemente la gente también se lo va a pasar bien.

¿Cómo ha sido el trabajo con Jaime Azpilicueta?

Desde el momento en que fui al casting el director nada más llegar me dijo: no quiero que me cantes, quiero que me interpretes las canciones. Y en ese momento me dije : “El papel es mío”. Porque ese es mi fuerte, interpretar cantando. Por fin he encontrado un director que no me pedía dar la nota perfecta sino que la canción saliera de las entrañas. Él quería que al público se le pusieran los pelos de punta.

Parece que vuelve el género del cabaret clásico. Hemos tenido “Chicago” o “The Hole”, que también cuenta con un maestro de ceremonias…

Creo que es un género que funciona. Al público le gusta ir a un sitio a ver artistas multidisciplinares, con un espectáculo que le entretenga y un maestro de ceremonias que les provoque y les saque de su rutina y de su zona de confort sin forzarlo, pero de una manera agradable. En eso consiste el cabaret.

Tienes muchas ocupaciones, ¿cómo compaginas todo?

Con mucha pasión porque me gusta mucho mi profesión y me llena mucho, así que le entrego también mucho de mí.

¿Cuál es tu agenda de futuro?

Ahora mismo estoy rodando la serie “Al final del camino”, sobre la construcción de la catedral de Santiago de Compostela, que se estrenará en enero. Yo interpreto a Constanza de Borgoña, que era la mujer de Alfonso VI, que en la serie está interpretado por Asier Etxeandia. Sigo con la gira de “Cabaret” y pronto estreno una película llamada “La madriguera”. Texto de Roberto González.

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