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September 17, 2019

NOTICIAS FLASH:

Los últimos de Filipinas. La inutilidad de todas las guerras.

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La película histórica de estas navidades se titula “1898. Los últimos de Filipinas” y recrea aquel famoso hecho histórico bajo la batuta del debutante en el cine pero curtido en la tele Salvador Calvo, con un plantel de veteranos actores como Karra Elejalde, Javier Gutiérrez y Luis Tosar junto a emergentes como Álvaro Cervantes y Patrick Criado. Hablamos con el director.

Tras mucha televisión ¿cómo se enfrenta uno al salto al cine? Para mí es un sueño hecho realidad, pues siempre he querido hacer cine y llevo mucho tiempo intentándolo: hubo una ocasión en 2008 y estuve a punto, pero se cayó a seis días de empezar a rodar. Hoy la ficción en televisión está dando saltos de gigante porque en EEUU se ha producido una revolución en este campo. A la estela de esto se han ido haciendo series más interesantes y arriesgadas. Yo había tocado el género bélico en “Los nuestros”, y “Alakrana” tenía mucha acción, pero una película es más importante. Además, he contado con un reparto espectacular..
¿Cómo ha sido trabajar con consagrados y promesas? Ha estado muy compensado, pues he tenido a los mejores actores del momento: sólo faltaban Antonio de la Torre y Javier Bardem, jeje. Y la nueva generación viene pisando fuerte: Álvaro Cervantes, que es un excelente actor, muy trabajador y mejor persona. Patrick Criado es otro portento. Con lo jóvenes que son, dan siempre en la diana.
¿Y convivían bien las dos generaciones? Sí, al principio me dio miedo eso: a ver cómo un tipo muy serio a priori, como Eduard Fernández, se iba a llevar con éstos, pero se dio una cosa muy chula: los mayores les cogieron como pupilos y veía a Karra rodeado de varios, contándole anécdotas. Se creó muy buen rollo, protegiendo los mayores a los jóvenes y eso molaba mucho
¿Porque habéis rodado lejos de casa, no? Sí, en Gran Canaria, en el centro, rodeado de montañas, con palmeras muy altas, como las de Filipinas: el director de arte encontró ese sitio idóneo. El comienzo de la película, con la llegada del barco, se rodó en Tenerife. Yo quería que la película pareciera realista, sin tanto efecto digital y que respirara verdad y realismo: encontramos un barco prácticamente igual al original, que recorría las islas Canarias y lo llamaban el Correíllo. Y en Guinea Ecuatorial rodamos porque llevar a todo el equipo a Filipinas salía muy caro y sabíamos que allí intentó rodar Coppola “Apocalypse Now” y un tifón se cargó los decorados, por lo que se paró un año la película y acabaron filmando en Santo Domingo. Otra opción fue Colombia y finalmente optamos por Guinea, que está más cerca: cinco horas de avión, y a la vuelta nos pillaba Canarias. Fuimos a localizar y nos encantó: está virgen, sin abrirse aún al turismo, con playas que no encuentras en otro sitio del mundo, como la de Eureka, con siete cascadas que daban al mar. Algo espectacular.
¿Cúanto de fidelidad a la historia original habéis sacrificado a favor de la ficción? Básicamente, con los personajes con nombres reales hemos intentado ser lo más fieles posibles y hemos consultado libros históricos que cuentan parte de lo que ocurrió, pero la parte más íntima de los personajes no aparece allí. El personaje de Álvaro Cervantes lo hemos creado porque nos venía bien para contar la historia: una persona que va con toda la ilusión a la guerra y no le trae nada bueno, y eso le convierte en adulto.
¿Sigue vigente hoy un asunto como el que abordas en tu película? La historia tiene ecos actuales: en 1898 había crisis no sólo política, sino espiritual, con máxima corrupción y muchos paralelismos con la actualidad. Hoy nadie puede defender que las guerras son justas, pues todos pierden. Y siempre detrás hay intereses económicos, aunque nos las vistan de nacionalismos. ¿Para qué todas aquellas muertes? Tristemente seguimos en el mismo punto. No aprendemos de la Historia. Texto de Alfonso Rivera.

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