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September 23, 2019

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José Pablo García. Desmontando a Joselito.

Joselito

El joven dibujante malagueño aborda en su segundo trabajo largo tras “Órbita 76” una tarea titánica: relatar la trayectoria vital de José Jiménez Fernández, el famoso niño de la voz de oro, al tiempo que realiza un homenaje gráfico a diferentes escuelas de la historieta. Sale más que airoso en el sorprendente «Las aventuras de Joselito: el pequeño ruiseñor», que ya va por la segunda edición.

¿Cómo te interesaste por la vida de José Jiménez Fernández “Joselito”? ¿Conocías bien su biografía antes de embarcarte en este proyecto? Hasta hace unos años sólo sabía cuatro cosas de él. Las suficientes como para plantearme hacer una historieta que sostuviese la teoría de que se trataba de la reencarnación de Arthur Rimbaud. Sorprenden las coincidencias biográficas de ambos personajes: plenitud artística durante la adolescencia, negocios en África, episodios de excesos relacionados con la droga, paso por la cárcel…
Pero tras la lectura de su biografía autorizada y de investigar un poco más sobre los detalles de su peripecia vital, el interés inicial motivado por esa ocurrencia acabó en fascinación. Y así hasta el día de hoy.
¿Ha sido un trabajo muy arduo de documentación? La parte que se desarrolla en Angola, en particular, contiene datos y anécdotas bastante sorprendentes. La documentación, debido a la naturaleza de este proyecto, ha tenido dos vertientes. Por un lado, rastrear su vida y contrastar datos, lo habitual en estos casos; pero, al tratarse también de un homenaje a la historia del tebeo, me he visto obligado a buscar autores, escuelas y estilos que desconocía, con la idea de intentar abarcar el mayor espectro estilístico del que fuese capaz y asignar el más adecuado a cada episodio.
A pesar de haberme complicado un poco la vida, me he divertido bastante. Estaba seguro que no iba a decaer mi interés, ya que tanto su vida como el reto añadido me resultaban muy estimulantes. Hasta la última página no tenía muy claro si la cosa iba a funcionar, y cada pequeño hallazgo ha sido una fiesta.
¿Crees que la historia sorprenderá a más de uno? Sí, su vida me parece totalmente increíble, pero tenía el temor de que pudiera pasar desapercibida una historia como la suya. Es un personaje que provoca de entrada cierto rechazo en mucha gente. El valor añadido de la mutación estilística, de no tratarse de una biografía al uso, pretendía servir de empujón a aquellos lectores más reticentes. Y ya son varios los que me han reconocido su admiración por él después de haber leído el libro.
¿Cómo elegiste los estilos gráficos de cada episodio? Quería contar cada episodio de la mejor forma que pudiese, ajustándome al estilo, género y narrador más adecuado en cada caso. En la mayoría de ellos existe una coincidencia temporal entre el estilo y la época en que sucede la anécdota, pues gran parte de la trama ocurre cuando los tebeos alcanzaron su mayor popularidad.
¿Hubo algún estilo de dibujo que te costara mucho trabajo reproducir? En lo gráfico puede que hayan sido las proporciones faciales del estilo manga, que sin tener el modelo delante me resulta imposible de reproducir; y en lo literario, puede que haya sido el guión del episodio de serie negra, “Prisionero en la ciudad”.
¿El capítulo que sucede en Cuba es el que tiene tu estilo más personal? Sí, porque traté de hacer más evidente la influencia que los autores de la línea clara de los ochenta han ejercido en mí, como Yves Chaland, Daniel Torres o Max.
Tu visión del personaje es neutra y no ocultas sus problemas y defectos pero sobre todo hacia el final pareces mostrar cierta admiración, ¿es inevitable tomarle cariño al realizar una obra como esta? Creo que sería incapaz de trabajar en una obra larga sin sentir cariño por el personaje principal. Pero aquí no podemos hablar de un solo Joselito, pues en cada episodio varía su fisonomía y personalidad.
Inconscientemente he querido hacer una reflexión sobre la imposibilidad de ser objetivos a la hora de recrear un hecho verídico. Un mismo personaje puede resultar atractivo o provocar rechazo dependiendo del tratamiento y la intención del autor.
Me han acusado de ser algo ingenuo y cándido en algunas páginas, pero quería que sirviesen de contraste con el Joselito más macarra, que también está presente. Me hacía gracia hacer de él un héroe en una página y un pobre diablo en la siguiente, en confundir al lector en ese sentido y tratar de ocultar cualquier valoración y sentimiento por mi parte. Pero he fracasado, pues al final parece que queda claro que me cae muy simpático.
En todo el libro (prólogo incluido) se transmite la idea de que España es muy dada a explotar y maltratar a sus artistas, ¿crees que ese es el mensaje del cómic (si lo tuviera)? No pretendía que hubiese mensaje alguno, por eso dudé en incluir ese epílogo en el que el propio Joselito habla. Temía que todas esas valoraciones sobre España, con todo lo pretencioso que pueda resultar, diesen un tono unitario al resto de la obra. Pero luego pensé que, al fin y al cabo es su opinión. Me parecía legítimo incluirla y queda muy bien como cierre.
¿Has tenido algún tipo de feedback por parte del propio Joselito? Durante la realización de la obra no quise, por temor a que no le gustase. No nos conocemos en persona aún, pero hemos hablado acerca del cómic y está encantado. Hemos aparecido juntos ya en un programa matinal de Canal Sur Radio, en un reportaje de los Informativos de TVE y nos whatsappeamos de vez en cuando.
¿Cómo fue la experiencia de asistir a Cine de Barrio? No sé si eres el único dibujante de cómic que ha acudido alguna vez al programa. La grabación la hicimos desde las oficinas de la editorial, no en plató. Mataría por repetir la experiencia, pero sentado en un sofá junto a Concha Velasco y él.
Espero haber abierto la veda, y que el cómic español tenga más presencia en este espacio. Se me viene a la cabeza Furillo y su “Nosotros llegamos primero”, antes de la emisión de “El astronauta”… no sería un disparate. Al tiempo.
A pesar del homenaje “internacional” en los estilos gráficos creo que tus tebeos suelen tener un sabor bastante español, ¿te interesa más esto que otro tipo de historia más fantástica o ubicada en lugares ficticios? Considero que toda recreación del pasado es, en cierto modo, fantasía y evasión. La nostalgia por una época en la que no se ha vivido, como es mi caso, es una forma de huir de la realidad.
Me hace gracia que me lo comentes, pues me han llegado dos propuestas de novela gráfica en el último mes (de alrededor de 200 páginas cada una), que comparten con “Las aventuras de Joselito” esa españolidad y un mensaje similar al del epílogo que hablábamos antes. Me acabo de dar cuenta de esto. Texto de Roberto González.

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